Personas que cosen y regalan nasobucos; otras que, generosamente, acercan comida a quienes no tienen sostén ni familia cercana que les auxilie y negocios que ofrecen alimentos a las personas más necesitadas del barrio.

Estos son solo algunos de los gestos solidarios que se ponen en práctica hoy en Cuba, cuando la vida y la salud se ven amenazadas por el avance de la COVID-19 en todo el planeta.

Las situaciones límites sacan a flote los instintos humanos y no son pocas las iniciativas que, afortunadamente, lo hacen para el bien colectivo, sin obtener más a cambio que la satisfacción de ayudar.

Uno de los peligros que se corren en situaciones de este tipo, cuando se pide recluirse y protegerse el mayor tiempo posible en el hogar, es el incremento de los actos de violencia contra las mujeres, cuando muchas de ellas se ven obligadas a permanecer en los hogares junto a su agresor.

Es por eso que la plataforma YoSíTeCreo en Cuba anuncia una consejería telefónica +53 55818918, facilita un correo (yositecreoCuba@gmail.com) y también recibe mensajes en su página de Facebook para brindar orientación, consejería psicológica, asesoramiento legal y acompañamiento a mujeres que viven situaciones de violencia.

“Pues sí, MUY NECESARIO SIEMPRE, pero ahora con esta convivencia hogareña forzada y con la escasa cultura de convivencia y paz que ejercemos, PELIGRO, es más que necesario”, reconocía en un comentario bajo el anuncio Eva González, usuaria de las redes.

Y también se ha activado en la modalidad no presencial la Consejería legal y psicológica sobre violencia del Centro Oscar Arnulfo Romero (OAR), a la cual puede accederse por mensajería mientras dure la cuarentena (consejeriaoar@gmail.com / ivon.et@oar.co.cu son sus correos)

En tanto, el Café Crystal, en el Cotorro, no reparó en pérdidas ni ganancias cuando optó por la variante más justa y humana: favorecer gratuitamente, con alimentos, a las personas necesitadas del barrio.

Tras anunciar el cierre, el restaurante se mantuvo trabajando desde el 24 de marzo para ofrecerles comida a personas ancianas de la comunidad, sin nada a cambio, hasta que se terminaran los insumos.

“Si alguien quiere ayudarnos con productos para garantizar la continuidad de estas comidas, durante esta problemática, será muy bienvenido, aceptado y sobre todo agradecido”, precisaba Giraldo Castillo en su perfil de Facebook.

Las redes virtuales y las reales se van tejiendo a la par y las plataformas digitales se convierten en espacios efectivos para socializar y canalizar apoyos diversos.

No son pocas las personas que se asocian en nuevas redes o activan las ya existentes ante la contingencia de la COVID-12.

El proyecto comunitario AfroAtenas, en Matanzas, ciudad a unos 100 kilómetros de la capital cubana, también va haciendo lo suyo en la comunidad, donde ha repartido módulos de limpieza, nasobucos y otros medios para personas en situación de vulnerabilidad.

Igualmente, se han volcado a satisfacer necesidades de la gente cercana y vulnerable el Consejo de Iglesias de Cuba, la Iglesia de la Comunidad Metropolitana de Cuba o el proyecto Akokan, en el barrio habanero de Los Pocitos, entre otras propuestas.

Hay jóvenes movilizando fuerzas desde Instagram y WhatsApp, en una red para acompañar a personas ancianas que viven solas y más apoyo necesitan. Y la Sección de Orientación Psicológica de la Sociedad Cubana de Psicología brinda apoyo profesional mediante grupos de WhatsApp.

Hay iniciativas diversas desde numerosos espacios. Algunas se conocen más, otras transcurren en el anonimato.

En la vocación humanista y solidaria que guía a tantas personas por el bien de otras en esta hora difícil, destacan también profesionales de la salud que han marchado de casa para asistir y curar personas dolientes en otros países donde la pandemia, ahora mismo, también golpea: España, Italia, Venezuela, Argentina, Dominica, San Vicente y las Granadinas y Antigua y Barbuda…y la lista crece.

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