Por Lucía de la C. García Ajete. Especial para Emprendedoras

La pandemia de covid-19, que azota al mundo en estos tiempos, llega para recrudecer las inequidades y brechas de género ya existentes dentro del sistema patriarcal entre mujeres y hombres, sin excluir las expresiones  sexo diversas.  Muertes, pobreza, desempleo y desgaste sucesivo del personal de la salud se relacionan con los efectos negativos de esta pandemia.

Una de las modalidades más utilizadas desde que, en los diferentes países, se decretó el confinamiento y el cierre de los trabajos, durante la pandemia, fue la modalidad de empleo a distancia o teletrabajo; variante ya incorporada en el sector laboral, desde hace más de una década, pero   que en esta etapa resurge con fuerza.

El trabajo a distancia y el teletrabajo demandan nuevos retos de todo el sistema laboral en la solución del empleo, los recursos económicos y las alternativas para garantizar ingresos sostenidos y sustentables a las familias, minimizar la crisis que ocasiona la reducción de los empleos, los servicios, la recreación y otras actividades sociales.

Constituye un reto a los empleadores, el determinar diferentes modalidades de trabajo y ofrecer respuestas a las exigencias laborales en alguna medida, tanto para el empleado como para la institución. Y así solucionar los problemas exponenciales, generados por la pandemia.

Las mujeres, al decir de especialistas y empleadores, reconocen con agrado el trabajo a distancia. En materia de cuidados no se exponen fuera del hogar y se reduce de forma mínima la posibilidad de contagio. Se enfatiza en la prevención, al controlar desde su hogar a las personas a su cuidado, hijos e hijas, las personas adultas mayores u otras vulnerables, con determinadas afecciones susceptibles de contagio. Bondades que, desde el imaginario social, garantizan una adecuada protección económica, social y laboral.

Sin embargo, el trabajo a distancia o teletrabajo desde el hogar agudiza las inequidades ya existentes y la disparidad de género. En algunas instituciones, este trabajo fue pactado por menos ingresos de los que recibe la mujer cuando trabaja a tiempo total.  La carga o volumen de trabajo asignado y los plazos de entrega son cada vez más cortos y con más exigencias de lo común.

En un estudio realizado por el Observatorio de covid-19 se explicita que la pérdida del empleo en la región de América Latina y el Caribe afecta a las mujeres más que a los hombres.  En Colombia, se agudizan las brechas de género en 25vpor ciento con la pérdida del empleo, en comparación con 14 por ciento de los hombres. En México, el 16 por ciento de las mujeres –el doble de los hombres– y en Perú y Chile son de mayor magnitud las pérdidas del empleo, por las mujeres.[i]

Impactos en la vida de las mujeres

Para identificar cómo impacta el teletrabajo en la vida de las mujeres e investigar desde una realidad contemporánea y actual, socializamos un planificador de horario a varias mujeres del sector educativo. En este debían plasmar la organización de su horario en el hogar, desde estas condiciones de confinamiento por la pandemia. Se precisó en las orientaciones la importancia de armonizar las actividades laborales y las comunes, desde la convivencia cotidiana.

La respuesta y la canalización de malestares se evidencia en los resultados del análisis del planificador de horarios.  De manera general, estas mujeres exponen un número mayor de horas dedicadas al trabajo doméstico que al propio trabajo del empleo, considerando como una trampa sutil y de doble filo el trabajo a distancia. Lo que implica una agudización de las brechas de género y la multiplicidad de roles que esta asume, con la permanencia en el hogar.

Desde la mirada de género, en la mujer se refuerzan los estereotipos y el constructo patriarcal que se adorna con un nuevo matiz. Esta vez, en la sutilidad del trabajo laboral remunerado que paga el no remunerado, de las labores en el hogar.

Es decir, seguimos trabajando más, pero por menos, y esta vez autorizado. El tiempo asignado se reduce a las labores del hogar, al acompañamiento de los hijos en el proceso de enseñanza y aprendizaje por el cierre de las escuelas y la visualización de teleclases, para dar continuidad al curso escolar detenido. En casi todos los escenarios, incluyendo otros países afectados por la pandemia, la situación de las mujeres se agudiza, con mayor o menor influencia de impacto.  La exposición a la violencia en sus disímiles manifestaciones, al compartir con el victimario el espacio físico del hogar, ahora convertido en espacio laboral, también refuerza la imposibilidad de apoyo de las autoridades.

¿Qué dijeron las mujeres investigadas?

Ahora trabajo más, casi no me alcanza el tiempo.

Mi familia y mi pareja no se dan cuenta de que, cuando me siento a trabajar, ese es mi espacio.

Estoy sin descansar, porque no duermo para tener mi trabajo listo.

Los jefes se quejan y dicen que trabajamos poco; ¡total, si estamos mejor en la casa!

El trabajo lo quieren casi que para ayer.

Me siento agotada y nerviosa, al no cumplir con las expectativas laborales.

Otra vez fallé en los resultados entregados.

Algunas de estas regularidades, planteadas por las mujeres investigadas, coinciden con los datos aportados por el Observatorio de covid-19[ii], entre cuyos reportes se señala:

La suspensión de las actividades educativas genera la atención en el hogar de hijos e hijas, combinado con el cuidado de otros adultos.

Aumento de las tareas domésticas.

Dificultades en la progresión profesional al futuro.

Pérdidas de empleos que se concentran en sectores femeninos. como comercio, turismo, gastronomía, entre otros; siendo México y Brasil dos de los países con mayores afectaciones

Este análisis convoca a tener una mirada aguda hacía cómo enfrentar las brechas de género que se agudizan con la pandemia y después, pues se avizora un aumento de las inequidades y la desigualdad de género. Entre los retos actuales, desde mi consideración, están:

Empoderamiento de las mujeres, mediante mayor capacitación y redimensión de las políticas públicas que las apoyen.

Fortalecer la salud mental, el autocuidado y la salud sexual, así como otras expresiones de la salud en general.

Fomentar la sororidad de las mujeres.

Ampliar los servicios de apoyo a mujeres.

Continuar con las actividades para potenciar una masculinidad menos hegemónica, que facilite un encuentro de equidad entre hombres y mujeres, así como todas las expresiones de género.

El teletrabajo y el trabajo a distancia favorece el empleo de manera general, pero las mujeres continúan siendo la asignatura pendiente dentro del entramado laboral, sus derechos y las acciones para que se fomente un trabajo decente. La covid 19 –con las diferentes medidas aplicadas a nivel macro, meso y micro social para evitar su contagio, y las alternativas para enfrentar la crisis que genera– vino a reforzar los estereotipos de género, las inequidades y a reproducir con fuerza las desigualdades sociales.

La permanencia de las mujeres en el hogar nos convoca, desde una mirada sorora, a identificar, orientar y apoyar a las mujeres víctimas de violencia y acoso laboral, expresión que, desde esta perspectiva actual, toma otra dimensión y se enmascara en otras formas y variantes; ahora desde el interior del hogar, sin la mirada de los observadores que defienden los derechos.

Empoderar a las mujeres constituye ahora un reto de las feministas y quienes defienden los derechos humanos.

[i] Fuente. Observatorio Laboral COVID 19. División de Mercados Laborales del BID, 2020.blogs.19db.org. BID. Mejorando vidas. Consultado, febrero, 2021

[ii] Fuente. Observatorio Laboral COVID 19. División de Mercados Laborales del BID, 2020.blogs.19db.org. BID. Mejorando vidas. Consultado, febrero, 2021

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