Por la redacción

Las mujeres son de las personas que doblemente sufren los efectos de las catástrofes naturales. Ante el tornado que azotó a La Habana hay que llegar a las comunidades con programas de orientación y enfoque hacia la igualdad de género.

Con el paso del tornado que puso en zona de sitio a una buena parte de la capital cubana, muchas son las historias periodísticas que han salido a flote. Crónicas, entrevistas, fotos desgarradoras que no precisan palabras para estrujar al más duro lector.

Sin embargo, hay equilibrio a la hora de hablar de las personas dañadas con el desastre, que no admite las brechas existentes entre sectores de la sociedad que ante panoramas como estos, por supuesto que se acrecientan.

Esta uniformidad no es culpa de periodistas ni de gente que cuenta lo que ve; es responsabilidad de la mirada lineal que le ponemos a los fenómenos, y a la vida misma.
Una mirada falta de igualdad de género, que no hace zoom en las iniciativas económicas, las violencias contras las mujeres y su prevención, la consejería familiar y el apoyo a las mujeres, el autocuidado y el trabajo comunitario.

Todas las personas damnificadas son dolientes. Todas quedan con trauma psicológico. Todas sufren con las pérdidas. Pero, aunque cueste admitirlo, entre el dolor, el sufrimiento y el trauma, hay un punto máximo que  toca a los ancianos, las mujeres y los infantes.

Tornado en La Habana Foto: EFE

Según datos de la Organización de Naciones Unidas las mujeres representan un porcentaje muy elevado de la población pobre, ya que son aproximadamente el 70% de la población que vive por debajo del umbral de la pobreza. Generalmente acceden con más dificultad a recursos y servicios básicos antes y después de una catástrofe natural. Y tienen más posibilidades de morir en una catástrofe que los hombres.

Teniendo Cuba una población envejecida, existen muchos adultos mayores incapacitados de valerse por sí mismos y se mantienen al cuidado de sus familias, llevando el mayor peso de estas acciones las mujeres de la casa.

Si de por sí misma resulta dura la situación, la desolación, la pérdida, ¿cómo afrontar entonces el cuidado de un adulto mayor encamado en medio de la nada?, ¿o de un bebé recién nacido?, ¿o de una embarazada? ¿O simplemente de una adolescente que tiene su primera amenorrea, o su primera relación sexual?

Las mujeres, en medio de todos los contratiempos, deben ingeniárselas para mantener la higiene, para asumir la menstruación, para tener relaciones sexuales protegidas y responsables y para no perder protagonismo en la toma de decisiones que la incumben.

Es una meta muy alta y con pocas luces a su alrededor, que más que convicción propia requiere orientación, conciencia llevada por programas de capacitación hacia la comunidad.

Por eso resulta oportuno en situaciones de desastre realizar un diagnóstico participativo con enfoque de género en la comunidad que permita identificar las capacidades y habilidades ante las iniciativas diversas que puedan afrontar sus pobladores, tanto hombres como mujeres.

Justo como se hiciera en 2016 en Mata-Guandao, Guantánamo, tras el paso del Huracán Matthew con el proyecto “Participa por una comunidad segura. Recuperación de las condiciones básicas de vida de las familias afectadas por el paso del huracán Matthew”, acompañado por Oxfam y el Centro Oscar Arnulfo Romero (OAR).

Entre las acciones solidarias que se realizan por el gobierno, los cuentapropistas y personas individuales para quienes sufren por el tornado, hace falta visibilizar también la necesidad de elementos como las almohadillas sanitarias, los preservativos, los pañales para adultos y bebés.

La propia disposición de roles y responsabilidades determinados por la sociedad ponen en desventaja a las mujeres luego de impactos climáticos como este, pues en condiciones de viviendas precarias o completamente destruidas por el viento quedan ellas, en igual medida desamparadas que los hombres, debiendo mantener su labor como encargada de alimentar a la familia, velar por la limpieza, por la organización y el cuidado de los miembros más vulnerables.

Tornado de La Habana. Foto: All4Women
Tornado de La Habana. Foto: All4Women

Esta segregación la deja, muchas veces, al margen de la situación, de la información, den encuentro con figuras importantes que asisten a la comunidad y de la toma de decisiones.

No obstante, son las mujeres los pilares de las sociedades. Quienes se encuentran en el frente de los efectos desastrosos del cambio climático y pueden determinar la capacidad de las comunidades de adaptarse o recuperarse de una catástrofe.

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