Por Susana Gomes Bugallo

Claudia Monteagudo estudió Comunicación Social y Actuación y se dedica a la fotografía. ¿Cómo fluye el universo creativo de quien se deja guiar por el universo? Ella bien lo sabe

Si algo queda muy claro después de esta entrevista, es que la vida siempre trae más de lo que le pedimos. Da igual que nos empecinemos en un camino u otro, lo que llega siempre es mejor y es solo cuestión de saber escuchar al universo. Eso bien lo sabe la entrevistada.

Claudia Monteagudo se formó como instructora de arte. Su propósito era entrar a la universidad y graduarse como actriz. Pero en ese año no fue posible porque el país así no lo quiso. Ella pensó bien en una carrera que pudiera ser afín a sus propósitos. Y la encontró. La Comunicación Social le daría la misma interacción con el público que necesitaba, las herramientas de marketing, la gracia para llegar al otro lado con los mejores modos.
Cuatro años después, a punto de graduarse de esa especialidad, el Instituto Superior de Arte abrió sus puertas para que los graduados como instructores de arte culminaran sus objetivos de ser profesionales en la rama. Daba igual que hubiese que empezar de nuevo. Daba igual que en ese momento las normas no reconocieran la posibilidad de llevar dos carreras universitarias a la vez. Claudia se graduó como comunicadora y comenzó a formarse como actriz.

Solo cinco años más tarde fue que creyó su formación terminada. Hizo varios trabajos como actriz. Teleplays, teatro y algo de cine fueron su estreno. Hasta que un día un amigo del mismo mundo le pidió que le tomara las fotografías para renovar su book como actor. Sin pensar en más nada, Claudia tomó la cámara de su esposo (artista visual) y se lanzó a la aventura.

Las palabras de su compañero serían definitivas. «Tienes talento para la fotografía. Deberías probar», le dijo sin más. Después de pensarlo mucho por la inversión que llevaba emprender este camino, ella lo tomó muy en serio. Coincidentemente, quedó embarazada en ese momento. Ya había tenido a su primera pequeña. Y la segunda que venía en camino le dio ganas de hacer fotografías de embarazadas y bebés. Así comenzó a ofrecer su trabajo, a llamar amistades con las que experimentar y continuar aprendiendo, y un amplio curso que se descargó de internet le proporcionó el resto de lo que necesitaba saber para dar esos primeros pasos.

Antes había fotografiado un poco, pero sobre todo algunas edificaciones; retrato solamente había practicado en momentos familiares. Pero de esos días iniciales hasta hoy —aunque solo han pasado casi dos años— el trabajo en su estudio de la casa no le ha faltado. No son pocas las futuras madres que llegan a ella para registrar en imágenes la importante etapa de su vida, y a su puerta tocan también modelos, bailarinas y otras personas del mundo del espectáculo que requieren sus servicios.

Unos meses atrás cruzó otra de sus barreras y experimentó la fotografía periodística haciendo coberturas de eventos para la revista Garbos. Luego saltó a las instantáneas de estudio para los artistas entrevistados que se sometían a la sesión de casi un día de creaciones para el mismo magazine. Y ahí se mantiene también.

Así no ha dejado de probar siempre. ¿Por qué no?, es su pregunta preferida antes de lanzarse a cualquier nueva empresa. Por eso es que disfruta tanto el modo en el que la revista le ha servido como escuela, y la manera en la que sus días se han transformado y ya no pueden pasar sin que ella necesite saltar de una cosa a la otra; si no, se aburre.

Muy pocas veces queda contenta con el resultado de las fotos, porque siempre cree que hubiera podido estar mejor. «Me gusta estar aprendiendo; acepto las críticas y me he dado muchos golpes, pero todo me ha servido mucho», reconoce.

Claudia no se aparta de la actuación. Hace tres años actúa como Petra Azucarada en el programa infantil Sopa de Palabras, y recientemente trabajó en Cuatro estaciones en La Habana, la primera serie cubana en la cadena norteamericana Netflix. A veces la llaman para algún que otro videoclip, y así va ampliando su trayectoria en el arte de transformarse en alguien más.

Aún trabaja en encontrar su estilo fotográfico. Una parte importante de este es que le gusta captar a las personas en su estado natural. Por eso juega y se revuelca por el piso si se trata de pequeños, y hace chistes y conversa mucho si se trata de adultos. «Lo importante es captar la verdad de cada quien; quiero que la persona real sea quien esté en la imagen, y que al final la gente me diga que la pasó bien», confiesa ella.

No quiere quedarse en un solo camino; piensa seguir probándolo todo. Pero desea encontrar algo que la identifique, un extra que haga saber que una fotografía fue hecha por ella.

¿Qué es lo que más ha aprendido de esta combinación imparable de pasiones y trabajos? Que siempre se puede un poco más. «A veces me han coincidido varias cosas: las niñas enfermas, algún trabajo de actriz, una sesión de fotografía ya programada… y todo sale. Cuando una se organiza y se planifica, se puede», cuenta.

«Siempre encuentro un rato para leer de actuación, seguir preparándome. No quiero dejar de actuar. Seguiré con la fotografía, pero no voy a apartarme de todo lo que me traiga este mundo», advierte.

Ambos ambientes tienen sus puntos en común y Claudia lo sabe y lo agradece. Encontrar a cada ser humano delante del lente es como interpretar varias veces a un mismo personaje en una obra de teatro: cada vez la experiencia —aunque parecida— resulta completamente diferente.

Los dos universos le permiten sentirse realizada porque se expande y conoce nuevos procederes. Todo le permite apartarse un poco del personaje diario que cada quien se monta para sobrevivir. Y cada guion que se le presenta es una aventura por emprender. Con ese mismo entusiasmo la lleva la fotografía, que la hace desear siempre algún estreno en campos desconocidos.

Entre las obsesiones que ahora mismo le dan vueltas en la cabeza, está la idea de reunir a amistades del mundo de la actuación y hacerlos representar a algún personaje que amen. Con esas sesiones de fotos, Claudia sueña conseguir su primera exposición. Y el propósito que la guía de que sus fotografías sean más arte que un retrato.

Pero para mañana, como comentaba al inicio de estas líneas, no hay un sueño que rija todo. «Cuando me convertí en madre, me cambió la perspectiva y el modo de pensar. No variaron mis objetivos en la vida, pero sí la manera de ver las cosas y el camino para llegar a ellas. Sabemos lo que está pasando ahora, pero no lo que viene mañana. Y a veces tratamos de controlar lo que nos ocurrirá y la vida cambia completamente con cosas más ricas de las que uno tenía en mente.

«Nunca pensé que sería fotógrafa. Todo lo que deseaba era ser una gran actriz. Y de repente la vida se volvió más práctica. Ahora estoy haciendo fotografía y también quiero trascender en eso. A veces me da miedo porque pienso en si me está gustando más que la actuación. Pero lo que estoy haciendo es tener planes a corto plazo y atendiendo a lo que la vida me está dando y explotándolo al máximo. Estoy siendo más consciente de lo que tengo a mi alrededor», alecciona esta joven que apenas ronda las tres décadas de vida y ya tiene tanto para contar y amar.

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