Por Lirians Gordillo Piña

La violencia machista encarna en maltratos, vidas aniquiladas, silencios y miedos que se enquistan en la sociedad. En el oriente cubano, diversos actores sociales reconocen y trabajan para frenar este problema social.

“Aquí hay que tener cuidado cuando vas por la calle con tu marido, porque se pone como fiera si saludas a otro hombre. Te acusan de que estás sateando (coqueteando) y sin ná viene el puñetazo. Imagínate que aquí en mi empresa no podemos usar licras, ropa ajustada, porque los hombres nos acosan”, declara a SEMlac una residente del municipio Río Cauto en la provincia Granma, a 661 kilómetros de La Habana.

Ella prefiere no dar su nombre, pero es de las tantas personas que reconocen la violencia machista que existe en el territorio. En ese municipio costero, autoridades, personas en locales de comercio, adolescentes y docentes reconocen sin tapujos que la violencia hacia las mujeres es un problema en la localidad.Río Cauto es el segundo municipio de la provincia Granma con mayores índices de violencia de género, según un estudio de la Clínica forense en Bayamo, municipio cabecera. La investigación indagó sobre la violencia hacia la mujer en las relaciones de pareja y ubicó en primer lugar a Bayamo, seguido por los municipios Rio Cauto, Guisa y Buey Arriba.

“Comenzamos investigando la violencia intrafamiliar y los factores victimógenos de la violencia conyugal, porque era el mayor número que asistía a la consulta de lesiones de Medicina legal”, declara la médica Mariyoleidis Romincha Hernández.

La también asesora de la Casa de Atención a la Mujer y la Familia en Bayamo presentó algunos resultados de la investigación en el panel “Violencias de género hacia las mujeres. Realidades, investigaciones y propuestas”, realizado el 7 de diciembre como parte de la Jornada Cubana por la no Violencia hacia las mujeres en Granma.

“En 2015 hubo un total de 2.452 casos atendidos en la Clínica forense, más del 50 por ciento fueron de violencia conyugal y el total de delitos sexuales en este año fueron 37, un poco mayor que en 2014, cuando hubo 31”, expuso Romincha Hernández.

Daysi Zayas Estrada puede ponerle rostro a una parte de esos números. Como secretaria municipal de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) está al frente de la Casa de la Mujer y la Familia en Río Cauto y coordina las acciones que desde la organización se realizan para acompañar a las víctimas y prevenir la violencia de género en las comunidades de mayor incidencia.

A partir de los vínculos con la fiscalía municipal y la Policía han desarrollado talleres con el personal que recoge las denuncias y policías en la comunidad. Luego que la víctima hace la denuncia, las entrevistas y demás diligencias se realizan en la Casa de Orientación a la Mujer y la Familia y no en la delegación de la policía, con el objetivo de protegerla y para “que el pueblo y el victimario no sepan qué está haciendo”, agrega.

“En casos que requieren acompañamiento psicológico, hemos acordado con el psiquiatra que colabora en nuestra Casa que venga sin la bata que lo identifica como médico, porque así las personas se sienten con mayor confianza de abrirse y contar sus problemas en busca de una solución”, explica Zayas Estrada a SEMlac.

Sobrevivir al silencio y el miedo

“Con cuchillos y cigarros él grabó su nombre en el cuerpo que aseguraba era suyo y, aunque ella salió del ciclo de la violencia, las marcas trascienden su cuerpo de 26 años. Dormía con una soga amarrada a su cintura porque su marido temía que se fuera de la casa”.

Estos son algunos de los testimonios compartidos en paneles científicos, conversatorios y encuentros comunitarios en Granma. Son testimonios y relatos durísimos sobre violencia machista y feminicidios ocurridos, principalmente, a mujeres entre 25 y 45 años de edad, en zonas suburbanas y rurales.

Uno de los testimonios compartidos fue el de Yumisleidys. Ella mira al suelo mientras relata que no es la primera vez que ocurre el maltrato. Primero fueron las humillaciones, las infidelidades y, cuando decidió recoger sus cosas, él destrozó el televisor y el refrigerador que ella había comprado con un crédito bancario.

Junto a relatos dolorosos, las especialistas explican que persisten los bajos índices de denuncia; aunque han aumentado los casos procesados por violencia hacia las mujeres en el territorio.

“En un monitoreo de los hechos violentos contra las mujeres en 2017 y 2018, evaluábamos una tendencia al crecimiento con un incrementos de 30 hechos. Las figuras delictivas más frecuentes, que tienen como objetivo principal la violencia contra las mujeres, son los delitos de asesinato, lesiones, homicidio y violación”, expuso en el panel Ada de la Caridad Marín Melo.

La jefa del Departamento de Protección de la familia en la Fiscalía provincial precisó que los hechos monitoreados clasifican como violencia de género, pues “son hechos en los que se ha determinado que el objetivo principal ha sido victimizar a la mujer a partir de la forma en la que se han materializado y en la que han ocurrido”.

Por su parte, Rosmery Santiesteban Lao, secretaria general de la FMC en la provincia, se preocupa por las estadísticas y se pregunta si “será por el efecto boomerang que las personas están denunciando más”, pues desde hace tres años se encuentra realizando talleres de sensibilización y acciones en los barrios.

Según fuentes consultadas por SEMlac, la violencia física es la más denunciada en la provincia, pero todavía existe mucho tabú, presión familiar y social para que las mujeres callen. La mayoría de las víctimas retiran la denuncia, aunque en Cuba los delitos de lesiones y violación se investigan de oficio. Eso implica que los órganos investigativos están obligados a continuar el proceso de instrucción, aunque la víctima retire la denuncia.

“Entre las limitantes que tenemos están que las sanciones que se imponen a veces no tienen el rigor que merecen y que nos enfrentamos a una investigación donde las personas generalmente no quieren colaborar”, explicó la fiscal.

“Cuando no pueden retirar la denuncia, por la presión de la familia del victimario o si existen hijos de por medio, las víctimas comienzan a distorsionar los hechos y atenuarlos”, amplió.

El miedo a las represalias, la dependencia económica y afectiva, las presiones sociales y la ausencia de redes de apoyo influyen en el silencio y comportamiento de las víctimas en el territorio.

“Las víctimas a veces no denuncian por las ataduras al victimario, pero en otras ocasiones ni siquiera reconocen sus derechos. Por eso debemos apostar a la cultura jurídica de las mujeres para que puedan reconocer cuándo son vulnerados sus derechos y las formas de exigirlos”, argumenta Airela Pérez Carmona, psicóloga y profesora de la Filial de Ciencias Médicas Bayamo.

Trabajar con las mujeres y hombres de las comunidades, desmontar los mitos que naturalizan la violencia son acciones necesarias, según las especialistas. Visibilizar las causas de la violencia las lleva también a identificar el machismo enraizado en Granma, una provincia del oriente del país con una economía agrícola y comunidades en la costa, el llano y en zonas montañosas.

“Hay un machismo muy fuerte y arraigado, que ha pasado de una generación a otra. Los hombres se creen dueños y protectores de las mujeres, aunque ha habido un cambio en el empoderamiento de estas”, expresa la funcionaria de la FMC Zayas Estrada.

No faltan retos en el empeño de disminuir los índices de violencia. La formación y capacitación de personas que no siempre se mantienen en los puestos decisivos, el trabajo articulado y la sistematicidad fueron algunos de los desafíos compartidos en el encuentro.

“En Granma hay una red de articulaciones sociales que están trabajando la violencia y eso es una fortaleza. Sin embargo, falta la interrelación de los sectores que deben implicarse en el abordaje de esta problemática. No es casual que invitáramos a este panel a importantes decisores de la provincia que han dado su apoyo para esta Jornada, pero que hoy no han podido acompañarnos”, expuso la psicóloga Airela Pérez Carmona durante el panel.

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