Por la redacción

Una sentencia dictaminó la posibilidad de que exista un tercer género en las inscripciones de nacimiento

Todo paso adelante que parte de una inmovilidad puede ser definido como un avance. Pero cuando se trata de distancias que debieron ser recorridas sin detenerse a evaluar cualquier movimiento, resulta un poco contradictorio celebrar triunfos donde solo debió existir normalidad.

La noticia es buena. No podríamos decir otra cosa. El hecho de que Alemania apruebe la inclusión de un tercer género en las inscripciones de nacimiento, sin necesidad de escoger entre masculino o femenino, sino optando por la variante de diverso, coloca a la nación a la par de otras como Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Canadá, India o Bangladesh, que ya reconocían la existencia legal de personas intersexuales.

Anteriormente, en 2013, el Parlamento alemán solo había certificado la opción de que madres o padres de bebés recién nacidos les otorgaran la posibilidad de ofrecerles toda una vida de libertad de orientación sexual para que tiempo y realidades de expresión y sentir decidieran. Pero el avance resguardaba, a ciencia cierta, únicamente a aquellos recién nacidos que tuvieran una condición física evidente de intersexualidad o ambigüedad genital.

Con la nueva decisión, que debe entrar en vigencia para inicios del año próximo, los más de 80 mil intersexuales de ese país (menos del uno por ciento de la población total) podrán cambiar sus documentos de identidad, cuando antes su única opción era dejar el registro en blanco.

La sentencia del Tribunal Constitucional establece que, «de acuerdo al derecho constitucional a la protección de la personalidad, las personas que no son ni hombres ni mujeres tienen derecho a inscribir su identidad de género de forma «positiva» en el registro de nacimiento».

Los grupos de defensa de los derechos de la comunidad LGTBI señalan que la decisión resguarda la situación formal y legal de personas con identidades diversas. Sin embargo, no los defiende de la clasificación binaria de masculino y femenino para otros momentos de la cotidianidad, marcada aún por un bando u otro en lo que se refiere a toda la institucionalidad de un país.
Mucho hay por hacer, sobre todo en naciones de la zona geográfica latinoamericana. El paso de Alemania la pone a la vanguardia del continente europeo y la suma a la lista de naciones tan tradicionales y machistas como India y Estados Unidos, en un escenario mundial donde mucha gente sigue negada a aceptar la diversidad humana y sexual.

Para existir, la diversidad no tiene que ser reconocida por ley. Pero sin duda ese resulta un importante primer paso, no solo de avance social, sino también de reconocimiento público y necesario en el camino a la garantía de derechos. Resta entonces el contagio universal y el respeto a lo pactado con los tribunales especializados de la nación comandada por la mandataria Angela Merkel, quien, por cierto, lideró el Consejo de Ministros que hizo efectiva la sanción en noviembre pasado, y que la emite ahora en el octavo mes del año.

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