Por Juventina Soler

Fue en 2015 que la cubana Yuleidys González Estradas (Yula) descubrió que toda su efervescencia interior se podía encausar en un movimiento político: el feminismo. Entonces hacía estancia en el Departamento Ecuménico de Investigaciones de Costa Rica, previo a la defensa de su título como Doctora en Ciencias en Filosofía. 

De entonces acá, la profesora de la Universidad de Granma, a más de 740 kilómetros de La Habana, no ha dejado de crecer junto a cada proyecto en que se involucra. Doctora en Ciencias en la especialidad de Filosofía, crítica e investigadora, Yula coordinadora el proyecto “La otra Lucía”

¿Te propusiste esa representación desde las ciencias y el feminismo o te fuiste integrando paulatinamente a todas estas acciones?

Siempre he sido –o al menos he tratado de ser– de las personas que enfrentan con optimismo los desafíos. Fue en ese proceso del doctorado en el que empecé a relacionarme con personas que trajeron a Latinoamérica y el Caribe entero a mi corazón y con ello, las discusiones sobre las desigualdades de género, el racismo, el pensamiento marxista cubano, la dominación múltiple del imperialismo contra nuestros pueblos y otras temáticas sobre las cuales fui ganando conocimientos, paulatinamente. En ese momento continuaba teniendo las inquietudes revolucionarias que siempre he tenido pero aún no había llegado al feminismo. Esto ocurrió en 2015, durante mi estancia en el Departamento Ecuménico de Investigaciones de Costa Rica. Fue ahí donde descubrí que toda mi efervescencia interior se podía encausar en un movimiento político: el feminismo.

En el libro Mujer-saber-feminismo, de la profesora Teresa Díaz Canals (Ed. Ciencias Sociales, 2018), la investigadora habla de “la resaca feminista” ¿Piensas que el feminismo en Cuba es una postura “rara” entre las mujeres, un estatus satanizado o que existe un movimiento fuerte desde el feminismo (re)adaptado a la realidad cubana? ¿Por qué?

Negar la existencia de un movimiento feminista en Cuba tributa a la invisibilización de esas mujeres que antes del triunfo de la Revolución lograron legalizar el aborto y el divorcio; significa negar a esas organizaciones de mujeres con las que se construyó la Federación de Mujeres Cubanas e implica, además, desconocer a quienes –como tú y yo, como la Red Feminista y de mujeres Bertha Cáceres o la Red feminista de la Universidad de Las Villas– desarrollamos un activismo político-cultural desde nuestros feminismos diversos. Por tanto, sí creo en la existencia de un movimiento feminista cubano el cual, durante los últimos cinco años, ha venido radicalizándose mediante la interacción con los movimientos de América Latina y el Caribe. Ello no significa que no haya desconocimiento en múltiples sectores de la sociedad acerca de las esencias de los feminismos. De ahí que, en el sentido común, también en la academia, muchas veces se sataniza el término por considerar que las feministas queremos sustituir patriarcado por matriarcado, cuando en realidad el tema está en sustituir la lógica de dominación de un género sobre otro, de un grupo etario sobre otro, de unas clases sociales sobre las otras, de unas razas sobre las otras, del ser humano sobre la naturaleza.

Desde tu posición como profesora de Filosofía e Historia, cómo asumes tu militancia feminista frente al alumnado, partiendo de la pluralidad de posiciones que puede haber en un aula.

En primer lugar debo decirte que ser feminista es una actitud ante la vida. Una no se desnuda, no se despoja de ese lugar de enunciación cuando está frente a sus estudiantes y fíjate que digo estudiantes y no alumnas y alumnos porque ese término significa sin luz y yo creo que todas las personas estamos llenas de luces. Yo trato de despojarme del formalismo académico y de la posición de poder en la que me sitúa la visión tradicional; ello implica el reconocimiento de mis estudiantes como personas portadoras de saberes y sujetos de poder. No le temo a los debates, al contrario, le temo más a ese silencio acrítico y hasta sumiso que, a veces, reina en las aulas.

¿En qué consiste “La Cuarta Lucía”, el proyecto que desarrollas en la carrera Gestión Sociocultural para el Desarrollo?

En este momento solo trabajo con muchachas del 4to año de Estudios Socioculturales y 2do de Gestión Sociocultural para el Desarrollo. Inicialmente pretendí que fuera un proyecto de animación sociocultural para la residencia estudiantil, pero al ir madurando y compartiendo espacios juntas, nos percatamos de que debía ser más que eso. Por ello, cuando apenas cumplimos un año, consensuamos en cambiar el nombre a Plataforma Feminista de Promoción Sociocultural “La Cuarta Lucía”. Nuestro objetivo general es contribuir a la descolonización cultural en la ciudad de Bayamo. Para ello nos hemos propuesto: determinar las formas de violencia de género existentes en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, en la Residencia Estudiantil del Campus II y en las comunidades en las que las estudiantes de 4to año realizan sus prácticas laborales. Por otra parte, nos hemos planteado crear espacios de diálogo para sensibilizar sobre la violencia sistémica y sistemática hacia las mujeres y las formas en las que son reproducidas mediante el arte, así como tributar a la visibilización de las personalidades y los proyectos como “Musas Inquietantes” ―el cual lideras―”Acento”, “Pulso” y otros de la provincia, que contribuyen a ese cambio de espíritu al que nos convocara Martí.

¿Tuviste algún apoyo para iniciar este proyecto o decidiste emprenderlo sola con tus seguidoras y seguidores?

Hace tiempo concienticé que “La Cuarta Lucía” es hija de madre soltera. Eso me ha servido para no esperar por más apoyo que el que podamos ir gestionando entre nosotras y con las amigas y amigos que siempre hay alrededor de las madres que luchan solas para sacar adelante el fruto de sus entrañas. Fue cuando llegué al departamento de Gestión Sociocultural para el Desarrollo y me dieron la tarea de ser Profesora Principal de Año Académico del 3er año de Estudios Socioculturales, que se abrió ante mí la oportunidad de crear un proyecto extensionista.

En esos días llegó a mis manos―no recuerdo por qué razón―la película Lucía, de Humberto Solás. Al ver en ella a la niña de la última escena comprendí que representaba la nueva generación de cubanas. Entonces decidí que “La Cuarta Lucía” sería el nombre que daría a un proyecto encaminado a la descolonización cultural.

Si has tenido algún o algunos obstáculos, ¿cómo lograste o logras vencerlos?

Los obstáculos están siempre y, en mi caso, debo confesar que uno ha sido mi deseo de querer que mis estudiantes alcancen madurez política feminista a una velocidad que, a veces, excede sus posibilidades. Otra barrera es la falta de recursos para desarrollar las capacitaciones, los diagnósticos y los espacios que tenemos concebidos, pero ese también lo vamos venciendo.

¿Cuáles beneficios le atribuyes a tu proyecto y cómo visualizas en un futuro más lejano?

Lo más importante de este proyecto es que nos permite construir alternativas de re-existencias en estos tiempos, en que las relaciones patriarcales parecen aplastarnos. Nos da la oportunidad de reconfigurarnos como personas y continuar la batalla contra las dominaciones múltiples en el terreno más complejo: nuestras propias subjetividades.

Cuando pienso el futuro de “La Cuarta Lucía”, imagino un proyecto que logra articularse con otros proyectos de la provincia, del país y del mundo en la lucha contra el patriarcado, pero ―sobre todo― a favor de la solidaridad y la plena emancipación de las mujeres y los hombres.

¿Has cumplido con los objetivos iniciales o te faltan cosas por hacer?

Poco a poco vamos sobre nuestro objetivo, pero estos son procesos lentos que requieren de muchas lecturas y de intercambios con otras experiencias feministas. Tenemos prevista la realización de un programa para la radiobase de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, la estabilización del espacio fijo que hemos empezado a desarrollar en la residencia estudiantil con la finalidad de formar espectadoras/es avezados y avisados de cómo en el patrimonio cultural se reproducen las múltiples formas de violencia. También tenemos previsto realizar una peña en el centro cultural “Ventana”, al que hemos denominado “Las Lucías dicen” a partir del mes de septiembre.

“La Cuarta Lucía”, ¿de qué manera te ha cambiado la vida?

De muchas maneras. Coordinar un proyecto de este tipo implica una gran responsabilidad, sobre todo cuando una no lo hace para brillar, sino para transformar una realidad. Esa responsabilidad para mí ha implicado enfrentarme a mi adultocentrismo y velar siempre por mantener la coherencia entre mi discurso y mi práctica cotidiana. Además, me ha dado la oportunidad de confirmar mi tesis de que el límite es la imaginación.

Eres joven y aún no tienes hijos, pero cuando los tengas ¿qué quisieras para ellos en su desarrollo como seres humanos?

Para las hijas e hijos que nazcan de mi vientre y para las que “La Cuarta Lucía” me ha regalado, solo una cosa quiero: que sean mejores personas que yo porque eso significará que he cumplido con mi misión en la Tierra.

¿Qué les recomendarías a otras mujeres para su desarrollo personal y profesional en la Cuba actual?

Desde mi sentido de pensar como feminista indisciplinada o cimarrona que soy ―como pudiera decir mi hermana Maidy Estrada―, quiero conminarlas a no dejarse robar esa parte exclusivamente suya que es la imaginación. Las invito a tejer redes, a conocernos y acuerparnos. Pero, sobre todo, les pido que sean felices porque la alegría es nuestra mejor arma contra todas las opresiones.

 

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