Por Dixie Edith

Un tablero de estadísticas realizado en tiempo record, a partir de la alianza entre la prensa y la academia, ha acaparado la atención informativa en los últimos dos meses en Cuba, tras los primeros casos positivos a la Covid-19.

“Tomado de Covid-19 Cuba Data” o “con datos de Covid-19 Cuba Data”, resultan referencias frecuentes en estos tiempos, lo mismo en la prensa, el boletín noticioso de un centro científico o una información publicada por organizaciones internacionales.

Pero muchas personas quizás no sepan que detrás de todo ese procesamiento estadístico, que actualiza prácticamente en tiempo real las cifras de la pandemia en Cuba, se esconden también los quehaceres de una mujer periodista, apasionada por la ciencia y las posibilidades que brindan las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones.


Iramis Alonso Porro, desde 2007 directora de la revista Juventud Técnica (JT) de la Casa Editora Abril, conversó con SEMlac acerca de este proyecto que, insiste, “está hecho por muchas manos”.

Desde el inicio, una interrogante llamó la atención de no pocos colegas. ¿Por qué tomarse el trabajo de crear una aplicación de estadísticas, si el Ministerio de Salud Pública (Minsap) divulga, diariamente, los datos del avance de la enfermedad?

Para Alonso Porro, el motivo inicial fue básicamente organizativo: “Desde el inicio de la Covid-19, a partir del seguimiento de su evolución en el mundo, en la revista comprendimos que uno de los puntos más complejos para la cobertura periodística serían datos y estadísticas, por el volumen que podría generarse y la capacidad real para seguirlos”, relató.

A juicio de la también profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, el reto no solo estaba en el procesamiento numérico propiamente, sino también en la posibilidad para derivar análisis o previsiones de las cifras.

“No es lo mismo extraer datos de los partes diarios, que tenerlos organizados de manera que te permita filtrarlos y mostrar gráficos interactivos”, precisó a SEMlac la periodista de 51 años.

En ese afán de contar con bases de información para poder hacer un periodismo más interpretativo, Alonso Porro contó con el apoyo de otro colega, Ernesto Guerra, jefe de redacción de JT y con experiencia en el trabajo con el periodismo de datos.

Juntos se acercaron al doctor Yudivián Almeida, de la Facultad de Matemática y Computación de la Universidad de La Habana, quien organizó el proceso y permitió generar lo que él mismo llama un “ecosistema de desarrollo”, que incluye un sitio web, una aplicación para móviles con sistema Android y un bot de Telegram (@Covid19cubadata_bot).

“Así podemos tener, en paralelo, una visión global de la pandemia en el mundo y en Cuba, también a nivel municipal. Los datos desagregados pueden ser útiles a colegas e investigadores. Además, el formato Json en que está construida la base de datos permite compartirla de forma abierta, por lo que puede descargarse y usarse libremente para otros proyectos”, valoró Alonso Porro.

A juicio de esta colega, uno de los valores fundamentales del proyecto es el trabajo en equipo, compartido por programadores, periodistas y estudiantes, que constantemente sugieren nuevos cruces de información, también a partir de sugerencias y de las búsquedas de la ciudadanía.

“Somos alrededor de 17 personas vinculadas a JT, al proyecto infocomunicativo Postdata.club y a la Facultad de Matemática y Computación, de la Universidad de La Habana. Pero también trabaja un muchacho de la Universidad de Oriente y los equipos Cusobu y Daxlab (dos microempresas que desarrollan sistemas informáticos). De ellos, cuatro somos mujeres: tres periodistas y una diseñadora”, precisó Alonso Porro.

“En el proyecto no hay jerarquías. Se trabaja de manera horizontal, aunque Yudivián Almeida funciona como coordinador, por su experiencia como programador y profesor”, agregó.

La rutina es ardua. Periodistas de JT y Postdata alimentan manualmente los datos del sistema cada día, en la mañana, cuando el Minsap libera su parte. Esos datos se comprueban para que no haya errores, algo que al inicio hacían de manera manual, pero poco a poco también se fue automatizando.

Luego le toca el turno a la programación y más tarde se actualizan todos los canales y se comparte el resultado en redes sociales.

“Además, el bot de Telegram incluye mensajes de bien público y otros materiales. La diseñadora, por supuesto, es clave, porque generó toda la propuesta gráfica, la paleta de colores, los banners e ideogramas para los diferentes formatos y sigue generando, día a día, a pedido, según las necesidades del equipo” detalla a Iramis.

¿Han identificado claves, buenas prácticas para la comunicación de una contingencia sanitaria?

“Lo primero, desde mi experiencia, es comprender que estamos ante un proceso, que vivimos en una circunstancia rodeada de incertidumbre y que eso implica ser muy transparente y riguroso, contrastar la información todo lo que se pueda, sobre todo con fuentes especializadas, científicas, para evitar las noticias falsas.

“Pero también implica dar un margen al error, porque estamos construyendo en la medida en que suceden los hechos y se está generando nuevo conocimiento sobre la enfermedad de manera acelerada. En ese sentido, la honestidad y rectificar cuando proceda son claves para no perder la credibilidad.

“Luego, es importante ser coherente con el perfil editorial y escuchar al público: qué le inquieta, cuáles son los vacíos informativos; no subvalorar ninguna reflexión o pregunta y comprender también que los lectores, agobiados por la propia circunstancia que viven, en algún momento lo estarán por la información constante que se emite.

“Por tanto, nos toca diversificar los formatos en que se presenta la información, las propuestas de contenido y esforzarnos por seguir abordando otras temáticas. Y no olvidarnos de mirar con lupa a los grupos que están en mayor vulnerabilidad: mujeres o personas mayores, entre otros, que suelen pasar inadvertidos ante situaciones de emergencia como esta”.

El desafío del tiempo

Antes de llegar a JT, Alonso Porro fue parte de los equipos de investigación del periódico Juventud Rebelde, en la pasada década de los noventa y, a inicios de los 2000, en la revista Bohemia.

En esas publicaciones se especializó en las coberturas científico técnicas y de desastres, experiencias que llevó a los libros A mal tiempo, Periodismo. Cobertura de huracanes en Cuba (2010), junto a los colegas Bárbara Avendaño y Mario Antonio Pradas, y Mujeres científicas en las Américas. Sus historias inspiradoras (2012), también como parte de un colectivo de autores, entre otras publicaciones.

Con vocación feminista, Alonso Porro también ha trabajado temas de género como la violencia, el acoso y la salud sexual y reproductiva.

Entrenada por las rutinas de una profesión como el periodismo, que no tiene horarios, esta colega reconoce, no obstante, que en tiempos de pandemia la conciliación entre su trabajo y las responsabilidades domésticas “es el verdadero desafío cotidiano, porque han desaparecido los horarios”.

“Aunque parezca increíble, ahora descanso menos que antes y tengo menos tiempo para distraerme. Mi día termina casi siempre sobre las dos de la madrugada”, aseveró a este servicio.

El trabajo en JT implica organizar un equipo para el teletrabajo, teniendo en cuenta que no todas las personas tienen condiciones adecuadas para conectarse y las dificultades para acceder a fuentes de información en una circunstancia tan compleja como la actual, donde muchas personas trabajan en sus casas o dedican mucho tiempo al enfrentamiento a la enfermedad.

“Todo eso hay que hacerlo sin descuidar el perfil de la publicación, tratando de innovar en un contexto donde somos muchos profesionales reportando sobre un mismo asunto, en un periodo de tiempo que se alarga”, detalló la periodista.

Aunque Alonso Porro dirige la revista, a su la labor habitual de planificación y edición has sumado entonces una parte de la gestión de redes sociales. “El ritmo es intenso y a tiempo completo. La mayor parte de mi día la paso detrás de la computadora o con el celular en la mano”, precisó.

Según esta periodista, las labores domésticas “entran” en los intervalos entre la conferencia de prensa y la Mesa Redonda, dos espacios informativos clave que transmite la televisión en estos días de pandemia. Madre dos veces –de un estudiante universitario y una de “pre” (bachillerato)–, explica que las tareas, por suerte, son compartidas con el resto de la familia.

“A cada cual le toca suyo, si bien la cocina es mi reino, pues la disfruto y me relaja”, confiesa.

¿Te consideras una mujer emprendedora?

“Todo el tiempo. No hay un minuto de mi vida que no esté cocinando una idea nueva, casi siempre en la revista, pero también buscando oportunidades para desarrollar otros proyectos relacionados con la gestión inclusiva de riesgos de desastres, un asunto que me apasiona.

“Dentro del periodismo científico especializado, que es lo que más he hecho, transité por diferentes medios de prensa hasta encontrar aquel donde podía concretar la idea que tenía de cómo debía ser una revista afiliada a ese concepto.

“Para hacerlo, he debido tomar algunos riesgos y ser flexible también. Más allá de eso, difícilmente dejo escapar oportunidades para mi crecimiento personal y profesional, sobre todo aquellas que implican un desafío. La vida es un aprendizaje permanente y me gusta experimentar y formar equipo”.

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