Viernes, 29 Septiembre 2017 14:11

Las mujeres después del ciclón

Desde que tengo uso de razón, a mi madre le aterran los ciclones. Y una se pregunta: ¿a quién no? Pero su miedo, además de la cuota normal que nos toca por vivir en un archipiélago del Caribe expuesto durante varios meses del año a estos eventos, es más como odio.
Y creo que nuca antes he sentido ese vil sentimiento de mi madre hacia algo, como le sucede con los ciclones.
Muchos recuerdos, emociones, demasiadas pérdidas han dejado estos fenómenos de la naturaleza en su memoria, como para no destilar tal repugnancia.
Empecemos cronológicamente, cuando apenas tenía 10 años y la primera casita donde jugó, comió, durmió, fue acribillada por los fuertes vientos y la crecida del río, que era su vecino más cercano.
Me cuenta que entonces fueron rescatistas en lanchas a sacar a toda la familia. Familia concentrada en cuatro casas de madera y guano que componía todo el barrio.

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Los empleos que se acogen a las nuevas formas de gestión no estatal deben ser defendidos como sitios en los que las mujeres también tengan posibilidades de superación personal y profesional.

De modernas, las gestiones. Pero las mentalidades parecen seguir por el mismo camino que antaño. Eso pareciera en muchos de los contextos de las nuevas formas de gestión no estatal, en los que las mujeres se ven destinadas a los mismos roles que la historia les ha asignado, mientras los hombres no se preocupan por transgredir límites y se mantienen en su sitio de privilegio y acomodo.
Al menos esa es la realidad constatada por las jóvenes investigadoras del Instituto de Filosofía, Saray Velázquez Quintián y Seida Barrera Rodríguez, quienes se propusieron lanzar una mirada con enfoque de género a la legislación y la realidad de una cooperativa no agropecuaria cubana, en este caso, la Model, destinada a las confecciones.

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