Viernes, 29 Noviembre 2013 17:12

Cuba: Puntada a puntada, Raquel construye un sueño

Por  la redacción

La Habana, noviembre (Especial de SEMlac).- Vestidos de noche de distintos estilos atrapan la vista de transeúntes; días antes, un intenso color malva detenía a las personas. En el populoso Boulevard de San Rafael, céntrica arteria comercial de la capital cubana, ha instalado su nuevo negocio Raquel Expósito Carrelero: la tienda "Modas Raquel".

Semana tras semana, su vidriera renueva diseños, mientras gana admiradores y clientes de todas las edades. En las perchas se exhiben y venden solo prendas y accesorios para mujeres de distintas edades, gustos y físicos.

Lo que antes fuera una antigua tienda en desuso y casi en ruinas, hoy brinda colorido a una de las calles más visitadas de la capital cubana.

"Aquí expongo lo más popular, pues lo más clásico y tradicional cubano lo presento en algunos hoteles y en eventos como FIART (Feria Internacional de Artesanía de La Habana) y la Feria de Iberoarte", comenta Raquel a SEMlac.

Las nuevas disposiciones gubernamentales que estimulan el trabajo por cuenta propia -entre las que se encuentra el arrendamiento de locales estatales para negocios privados- la llevaron a emprender un negocio por sí misma, segura de su energía y capacidad de trabajo.

"Para diseñar esta tienda y lo que iba a ofrecer, tuve que hacer un estudio de mercado. Esta es una zona donde la mayoría de las personas que transitan son nacionales o personas de provincia y muchas de ellas no tienen acceso a boutiques caras. Aquí pueden encontrar prendas de buen gusto y calidad a precios más accesibles, aunque también tenemos piezas más caras e incluso confeccionamos para clientas específicas, de la tercera edad o personas con sobrepeso", detalla.

El proyecto no era nuevo, lo había pensado y preparado desde 1994, cuando intentó hacer algo similar en la ciudad de Holguín, en el oriente de la isla.

"Lo que tenemos aquí es más que una tienda", explica. En un solo local se reúne todo el proceso productivo, desde el taller con la confección de las prendas, hasta la tienda y una cafetería.

Raquel pretende, además, impartir talleres y preparar a jóvenes de la comunidad en el oficio de modistería y sastrería, algo que se ha perdido con el paso del tiempo. También auspicia un proyecto de psicoballet para niñas y niños, coordinado por el consejo de cultura municipal, y colabora con algunos programas de televisión e instituciones.

Entre los trabajos más difíciles para ella estuvo la restauración del espacio. "Con mucho sacrificio y trabajo pude reunir el presupuesto y las energías suficientes para asumir semejante empresa", relata.

El local había estado cerrado por más de tres años y había plagas de todo tipo. Primero hubo que higienizarlo para que pudieran entrar los constructores. Fue necesario hacer una nueva instalación sanitaria en el edificio, incluyendo todo el sistema hidráulico y sanitario de ocho apartamentos que se encuentran en los pisos superiores.

"Fue trabajoso, pero no imposible, y fundó las bases de una relación magnífica entre vecinos. Ellos velan por mí y yo por ellos", ratifica Raquel.

Esta emprendedora se apoya en un equipo que considera "magnífico". "La mayoría son mujeres que estaban en sus casas y sabiendo hacer cosas maravillosas con sus manos no tenían a nadie que las motivara, las agrupara", asegura.

La costura no es un accidente en la vida de Raquel, quien de pequeña aprendió mucho del oficio al lado de su abuela, "la costurera del barrio", quien le enseñó a confeccionarse sus propias ropas.

"Luego, cuando cursaba la universidad, hacía algunas cosas y las vendía. Cuando me gradué de Licenciada en Español y Literatura, trabajé por mucho tiempo para el Estado, hasta hace unos 18 años, cuando decidí emprender en la costura como artesana", explica.

En 2007 emigró con su familia hacia la capital y comenzó a trabajar por su cuenta, como integrante del Fondo de Bienes Culturales. Ha colaborado también con varias agrupaciones de las artes escénicas y diversos proyectos.

El trabajo, no obstante, le consume mucho tiempo. "Debo estar atenta, constantemente. Tengo deseos de dormir un día entero y no lo he podido hacer nunca más. Hace poco viajé y pude dejar durante 12 días a una persona a cargo del taller y la tienda. Creo que también hay un poco de egoísmo de mi parte. Pero es que la preocupación y esas ganas constantes de hacer no me permiten estar tranquila", confiesa.

Aunque estuvo hasta hace poco tiempo sentada, cosiendo en una máquina, Raquel comprendió que debía crear un equipo, "porque sola no se puede", dice. Su experiencia como líder barrial de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y su trabajo como comercial en una empresa, le dieron habilidades en la comunicación y la dirección, asegura.

"La contabilidad la llevo a mi manera: se trata de tener todo muy claro y no tener pérdidas a fin de mes. No tengo a nadie capacitado para hacer ese trabajo, tan solo me ayuda una sobrina que es graduada en Técnico Medio en Gastronomía y Servicios", detalla.

Aclara que muchas de las personas que directamente atienden a la clientela no cuentan con un título y nunca antes habían trabajado en el ramo. "Pero yo siempre les digo que tienen que amar su trabajo como se quiere a la familia, a la pareja".

Se ve a sí misma como una mujer fuerte y, a veces, muy dura, pero que se disculpa cuando se equivoca. También se reconoce exigente: "ante los errores, llamo la atención y converso; pero al tercer error esa persona ya no trabaja más conmigo", señala.

"Soy muy arriesgada; lo que me gano, lo invierto en materiales, maquinaria. Porque soy de la opinión de que si no inviertes, no ganas", sostiene.

"También pregunto mucho, aprendo de experiencias similares que veo en otros países. A veces no es tanto la profesión, sino el amor y el interés que una le ponga a las cosas. Se trata de tener la convicción de que puedes lograr lo que te propongas. Si otros pudieron, ¿por qué yo no? ", asegura a SEMlac.

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