Lunes, 27 Marzo 2017 06:31

¿Exageraciones feministas?

Por  Susana Gomes Bugallo
¿Exageraciones feministas? Fotograma de la serie Rompiendo el Silencio.

Valdría la pena invertir más dinero en campañas efectivas que hagan conciencia sobre las faltas de la sociedad en materia de equidad y respeto de género y sexualidad. La serie Rompiendo el silencio fue un buen ejemplo del alcance y la intencionalidad que deben guiar estas acciones.

Cuando por estos días la serie televisiva Rompiendo el silencio provocaba el debate público y en los hogares sobre sus polémicos capítulos, muchas personas confirmábamos la certeza de la falta de conciencia que aún existe en Cuba respecto a los problemas que tenemos en cuestiones de género y sexualidad.
¿Existen en nuestro país discriminaciones y violencia por incomprensiones en torno a estos derechos humanos? Pues no pareciera secreto que así es. Pero un programa de alcance nacional como la aludida serie (producto del ingenio de personas emprendedoras) fue suficiente para demostrar que aún falta su reconocimiento por gran parte de la sociedad y, peor aún, que estos sectores conservadores se escandalizan cuando se habla al respecto a camisa quitada y sin tapujos.

Exageraciones feministas nombran todavía a ciertos empeños que desarrollan el país y las organizaciones líderes en estos temas con el propósito de evidenciar tales carencias. No son pocos los que opinan que es sobredimensionada la atención a estas dificultades -tan preocupantes y síntomas de otros retrasos y estereotipos que lastran el día a día en la Isla-, cuando existen otras carencias materiales a las que habría que dedicárselo todo.
Cuando los problemas tocan a la puerta de la programación televisiva y se insertan en los hogares sin pedir más permiso que el de encender la televisión, entonces las costuras mentales se notan. Porque enseguida salta alguien cuestionándose si es tan vivo el fenómeno como para ponerlo en la programación. Y esa discusión vale al menos para reflexionar en torno al dilema.
Entonces hay que propiciar más estas ocasiones masivas de llamados al pensamiento común. Para que se sepa que sí, que existen estas violaciones a los derechos humanos y que no son solo asunto de campañas de personas vistas como excéntricas, que se lanzan a la calle o dan charlas en espacios públicos porque parezca moda atractiva o entretenimiento de quien no tiene nada que hacer. La violencia de género y el irrespeto a la sexualidad de cada quien son un problema para Cuba y no una exageración feminista.
¿Cómo puede ser posible que aún hoy se desconozcan los efectos que el machismo y la homofobia causan en la población más vulnerada? Así está ocurriendo cada vez que alguien niega la verosimilitud de casos como los expuestos en la serie porque piensa que tales historias solo sirven para escandalizar y merodear en torno a fantasmas que son producto de obsesiones y melindres.
Hubo quien creyó -ante la historia de la pareja de lesbianas que era tan repudiada en su pueblo, al punto de que una de ellas fuese asesinada- que esos casos son extravagantes, raros y escasos, y no resultan sino producto de la invención de un guion ficticio que pretende únicamente escandalizar. Quienes han estudiado el entorno, saben que nada de esto es fortuito o aislado.
Aunque las cifras no sean completamente públicas, Cuba también forma parte de las estadísticas de Latinoamérica en cuanto a violencia de género y agresiones sexuales y por cuestiones homofóbicas. Y cada uno de nosotros debe haber escuchado al menos una historia con este trasfondo, aun cuando muchos no sepan decodificarlas bien y terminen atribuyéndolas a crímenes pasionales o a provocaciones que desatan las víctimas. Nada más alejado de la realidad. Nada más dañino para la sociedad que justificar cualquier tipo de agresión.
Una de las encuestas aplicadas por el Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociales (CIPS) en 2006, evidenció que en la sociedad cubana está presente la violencia contra la mujer en todas sus manifestaciones, desde la más sutil hasta la muerte. La mayoría de las agresiones ocurren en la propia familia y en ese mismo escenario se producen los crímenes.
El 29,4 por ciento de quienes respondieron la encuesta reconoció que en su relación de pareja actual se discute con expresiones de violencia psicológica: gritos y evasión (uno de los dos abandona la discusión). Mientras, el nueve por ciento confirma que han existido golpes. El 64 por ciento de los hombres piensa que las mujeres son las culpables. Solo 57 por ciento de las mujeres plantea desacuerdo con esta afirmación. Impresionante que no sean más, ¿verdad? ¿Harían falta más razonamientos para justificar la importancia de construir sobre estos temas?
Pero a donde íbamos: ¿son efectivos todos los intentos que se hacen en el país para sensibilizar a la población en estos asuntos? Sabemos que no. Por eso el llamado de atención para multiplicar programas generalizadores y bien tratados como Rompiendo el silencio, sin las medias tintas mentales que suelen acompañar a propuestas de este corte y con toda la maquinaria comercial que requiere sacudir al país con tal de movilizarlo para dialogar sobre un gran problema que no debe ser visto como cuestión de segundo orden.
El presupuesto del país y sus instituciones no debería escatimar ni un centavo en darle forma atractiva a programas sobre los conflictos que inundan el día a día, con tal de llegar mejor y más lejos y, sobre todo, de hacer entender que estos son verdaderos dilemas y disfunciones que Cuba siente y que no le gusta exhibir, pero está obligada a hacerlo si quiere crear toda la conciencia necesaria para que no vaya nadie por ahí diciendo que se trata de exageraciones feministas.

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