Viernes, 27 Enero 2017 14:35

El corazón de las mujeres, ¿es diferente?

Por  Dayneris Mesa Padrón

La introducción de los temas de género en el ambiente médico cubano suele asociarse con los asuntos de la sexualidad y la reproducción. Esta proyección, sin lugar a dudas, representa un avance en la transversalización del enfoque de género en las distintas áreas de las ciencias; sin embargo, refuerza los criterios y la mirada reduccionista a las diferencias biológicas y sociales de las mujeres, tomando como referencia solo un aspecto de la salud.
La doctora Damaris Hernández Veliz, subdirectora de asistencia médica del Instituto Nacional de Cardiología, en La Habana, desarma estas tendencias, mientras encabeza una investigación que propone el estudio de las diferencias entre hombres y mujeres, pero esta vez en la cardiopatía isquémica y el síndrome coronario agudo.
Este proyecto patentiza una de las líneas de investigación sobre los padecimientos cardiovasculares existentes en la institución médica, e incluye dos tesis de pregrado realizadas, una de maestría en discusión, y un futuro trabajo de doctorado.
Dado que la aterosclerosis es una de las principales causas de muerte en los países occidentales, y que en Cuba cada vez se registran más mujeres menores de cincuenta años de edad con enfermedades asociadas a este mal, resulta vital una indagación como la que propone la doctora Hernández Veliz.
La profesional de las ciencias médicas resalta que se trata de un trabajo arduo, largo y de equipo, que puede arrojar muchas luces en cuanto al diagnóstico, tratamiento y prevención de estas afecciones, sobre todo en la población femenina. A propósito, resalta el hecho de que en otras partes del mundo muchos estudios obvian la pesquisa en sujetos femeninos.

La mayoría de los estudios, explica la doctora, se ha centrado siempre en poblaciones de hombres, para luego extrapolar los resultados a los casos femeninos. Cuando se habla de un comportamiento estándar, de la mayoría, no se repara en que estamos trabajando a partir de datos de grupos de hombres. Entonces se asume un tratamiento aplicable para esa mayoría. Recientemente algunas investigaciones han incorporado a las mujeres, pero estas continúan siendo una parte minoritaria, mucho menos del cincuenta por ciento".
¿Cuáles son las principales diferencias que ha arrojado el estudio?

Desde el punto de vista biológico no hay grandes diferencias entre hombres y mujeres. ¿Por qué? Pues porque todos tenemos corazón, arterias, somos humanos y todos podemos padecer ateroesclerosis... A pesar de que esta se manifiesta de disímiles maneras, en ocasiones las lesiones son similares.
Igual, no podemos perder de vista que el corazón de la mujer no pesa lo mismo que el del hombre. También hay medicamentos que funcionan y está probado en estudios científicos que pueden hacer efecto de forma general, pero cuando las mujeres padecen de otras enfermedades --como la hipertensión, la diabetes--, entonces aparece el dilema de los riesgos y los beneficios y los especialistas deben estar preparados para afrontar estas disyuntivas.
Ahora, a pesar de tener un corazón, el abordaje es diferente. A veces las mujeres, incluso teniendo dolores típicos como los que expresan los hombres, tienen otros síntomas evidenciados de forma atípica. Por eso los médicos pudieran demorar el diagnóstico. Este retraso en la fase aguda del infarto cuesta vidas. Y cuesta que el pronóstico se modifique. Por eso generalmente las mujeres se complican más ante tales eventos.
Las formas más típicas del infarto se presentan en los hombres, aunque en algunas mujeres puede aparecer de esta misma manera. Mas hay más expresiones atípicas en ellas. Es ahí donde entra a jugar la piedra angular y el papel certero de los especialistas, quienes deben lidiar con estas manifestaciones conjugando, en un tiempo brevísimo, el interrogatorio, el examen físico y el pensamiento.
El estudio enfatiza en la diferencia de síntomas, para que el personal competente estime que una mujer padece de otra dolencia cualquiera, y la deje ir, solo cuando ya haya descartado una cardiopatía isquémica".
¿Qué otros elementos, no biológicos, marcan la diferencia en el diagnóstico y tratamiento de estas afecciones?
Por ejemplo, los umbrales del dolor. Las manifestaciones y las formas de expresar el dolor son variadas según las personas, pero los hombres, por lo general, no están acostumbrados a él.
Muchas mujeres, en cambio, conocen el dolor del parto, el de ovarios... y otros que está acostumbrada a tolerar. Por eso, en cuanto a un hombre le duele el pecho piensa que tiene un infarto. No obstante, las mujeres suelen concatenarlo con trastornos digestivos, con problemas de columna y otros malestares.
Con respecto al tratamiento, y esto se asocia con elementos sociales, también hay diferencias.
La elección de una u otra salida médica está condicionada por el estado en que llega el paciente a la consulta. Con frecuencia las mujeres llegan más tarde y los médicos demoran más en el diagnóstico; sobre todo cuando la paciente expone síntomas atípicos.
Esto también tiene que ver con las prioridades y con los roles que asumimos socialmente. Las mujeres cubanas pretendemos ser superwoman, que tenemos que darlo todo en todos los espacios. Entonces, nos duele el pecho, pero no le damos importancia hasta que dejamos a los niños listos para la escuela, la casa limpia, después de atender a los demás...
Ah!, a los hombres les duele el pecho y van corriendo para el médico, y toda la familia se pone en función de ellos.
Sin lugar a dudas, este punto determina un giro importante en la evolución y en el diagnóstico de la enfermedad.
El estudio que lidera la doctora Veliz posee un especial interés en ampliar la mirada de los entendidos, a la hora de diagnosticar a las mujeres, a partir de los síntomas diferentes con que pueden presentar un mal cardiovascular. Además, intenta promover (con intervención de otras esferas) campañas para la prevención del tabaquismo, la obesidad y otras tendencias que derivan en padecimientos de este tipo y que están condicionando que, en los últimos años, cada vez más, mujeres jóvenes padezcan de aterosclerosis.

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