Lunes, 19 Diciembre 2016 16:08

Margarita, rompiendo los moldes

Por  Dayneris Mesa Padrón

Margarita es una mujer solitaria, pero siempre está rodeada de personas. Tiene una extensa familia, de esa que se adquiere por el cariño y a veces tiende lazos más fuertes que los de la sangre. Tiene también muchos conocidos, amigas y hasta seguidores.
Margarita es una mujer normal. No es actriz, figura pública, política, maestra... Es una mujer de pueblo, de 60 años de edad.
Sin embargo, su manera de enfrentar la vida, de verla y de vivirla, la convierten en un ser extraordinario. Y como todo lo "diferente" genera siempre criterios a favor y en contra, esta señora ha sido diana de alabanzas y víctima de estereotipos con la misma intensidad.
A Margarita nunca le interesó tener hijos. Ni siquiera es un tema que se reproche o saque de vez en cuando. Crió y educó a su ahijado como propio y canaliza ese "amor maternal" a través de él y de todos los chiquillos y chiquillas que se le pegan por el barrio. Ciertamente, es amorosa, particularmente con los infantes, que la llaman tía, abuela y le suman miembros a esa familia postiza que, una vez adquirida, nunca más se va.
Esa decisión de compartir la vida con muchos seres humanos, desde una postura individualista, reafirma la característica distinta de esta mujer. No es huraña, ni antisocial, todo lo contrario; aun así, paredes hacia dentro prefiere convivir consigo misma.

Según cuenta, no fue víctima de incidentes traumáticos o desafortunadas experiencias familiares como para determinar, en la adultez, no crear un núcleo filial. "Me gusta la gente",? enfatiza. "Y me gusta vivir sola".
Desde pequeña fue muy independiente, decidida y siempre supo lo que quería en el momento exacto. Por eso no le cuesta emprender sus metas laborales o personales sin la vigilia, la guía o el control de otros.
"Decir que no necesito de los demás es mentirme a mí misma, pero no huyo de los emprendimientos y me gusta arriesgarme. No temo al qué dirán o a que me vean débil por ser mujer. Quienes me conocen saben que soy una persona justa, pero recta".
Precisamente, sus opciones de trabajo han generado muchos cuestionamientos y etiquetas sexistas a su alrededor. Mas, como todo ser que extiende sus límites, Margarita afronta sus problemas del hogar, experimentando, inventando...hasta encontrarles una solución entre sus manos.
De estas peripecias han surgido muchos de los "empleos" que engordan su currículum: barbera, asistente de albañil, plomera, reparadora de colchones... y hoy arrendadora de espacios para negocios particulares.
"Reconozco que soy fuerte, pero tampoco voy más allá de lo que mi cuerpo puede soportar. Simplemente creo que hay muchas tareas que podemos hacer todas las personas. Solo hace falta aprenderlas y lanzarse a improvisar.
En estos momentos, la economía no siempre acompaña las necesidades que tenemos en las casas, por eso debemos apostar por la independencia. No creo en eso de que en una casa haga falta un hombre o una mujer para que esté limpia y todo funcione. Las aptitudes y capacidades no estiman el género. Realmente me siento autosuficiente".
En su última incursión como cuentapropista, con la renta de dos espacios para negocios, no son pocos los contratiempos que ha encontrado.
"En esta experiencias he lidiado con hombres y mujeres y ha sido, y es, difícil. Hay personas machistas que siempre buscan la figura masculina para tratar de negocios y menosprecian mis gestiones. Otras, que intentan aprovecharse de mí porque creen que, como vivo sola, estoy desprotegida. Siempre interpongo el respeto, a partir de ahí, se aclaran las cuentas".
Margarita es una mujer de pueblo, que vive sola y no teme a la vida. Está rodeada de amor y tiene una familia extensa, muchos amigos, conocidas y hasta seguidores.

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