Lunes, 29 Febrero 2016 14:54

Derechos torcidos

Por  José Raúl Acosta Artiles

En la vida de Ania (1) todo parece derecho cuando habla de su trabajo estatal en un centro de investigaciones que alterna con el empleo privado en uno de los conocidos bar-restaurantes del capitalino Vedado. Articular las realizaciones personales y profesionales con una retribución económica que cubre sus necesidades parece la fórmula perfecta para esta joven de 26 años. 
Los cambios económicos que desde 2010 se gestan en la isla hicieron posible su incursión en el sector de la gastronomía y los servicios. Ese viejo deseo vedado por sus padres se hacía realidad. Y aunque su futuro profesional tomó por caminos universitarios, reconoce que hoy posee mayores herramientas y competencias para ejercer la profesión de dependienta frente a otras jóvenes que, como ella, también aspiran a ese lugar. 
El pluriempleo trae ciertos alivios en la vida de esta comunicadora social, solo posibles gracias a la comprensión que recibe por parte de sus alternos. Pero no todo es derecho en caminos que andan torcidos. 

Una ley y dos realidades
El Código del Trabajo de la República de Cuba aprobado en 2014 contempla el sector privado dentro de la legislación. Sin embargo, han transcurrido dos años y quienes trabajan por cuenta propia son más vulnerables frente a la ley. 
Para Ania, quien se desempeña en ambos sectores de la economía, son perceptibles las diferencias una vez que los procesos que tienen que ver con la legislación laboral se encuentran mejor organizados en las instituciones estatales y, por tanto, existe mayor humanización de los derechos.
En el caso del empleo privado: la inexistencia de contratos, períodos de prueba no remunerados, violación en los horarios de descanso y vacaciones, así como una selección estereotipada del personal son algunas de las problemáticas más frecuentes que se presentan. Frente a los empleadores, que en no pocas ocasiones establecen su propio código, las personas contratadas se encuentran en mayor desventaja. 
"Yo puedo escuchar los criterios de todos los demás, pero el derecho al veto es mío. Aquí se hace lo que yo diga, lo que yo quiera y lo que yo establezca y al que no le guste sobra, decía uno de mis jefes en las reuniones de trabajo", comenta como una de las tantas anécdotas que acumula en esa corta trayectoria. 
Según expresa la legislación laboral en el artículo 72, que regula las "Relaciones de trabajo entre personas naturales", en el sector no estatal las relaciones de trabajo entre trabajadores y personas naturales autorizadas a actuar como empleadores se formalizan mediante un contrato de trabajo o documento equivalente, donde se precisan las cláusulas y condiciones acordadas, con copias para las partes. Sin embargo, no siempre es esta la realidad que prima. 
Ania confiesa que nunca ha tenido un contrato por escrito en sus manos. Por acuerdo verbal de ambas partes, quedan establecidas las reglas que no siempre son una ganancia para ella o la persona empleada. Asimismo, reconoce que la jornada laboral constituye otro aspecto vulnerable ante la ley. En muchos casos excede las ocho horas establecidas o las 44 horas semanales que están reguladas. Las vacaciones es el otro talón de Aquiles. 
"Si no es necesario, no las pido, aunque me las puedan otorgar o no. Existen lugares donde he solicitado vacaciones y en los que aparentemente se me han otorgado sin objeción, aunque al regreso me he quedado sin empleo y otras personas con las mismas competencias o habilidades han ocupado mi lugar", destaca. 
Bolsillos llenos, derechos vacíos
Las inequidades de género persisten no solo vinculadas a la desproporción de mujeres con respecto a hombres que se registran como dueños de negocios o el lugar que ellas ocupan en dichos emprendimientos, asociados a roles tradicionales. 
En un reciente cuestionario publicado por uno de los restaurantes habaneros que buscaba personal para trabajar se demandaban, entre otras informaciones, el color de la piel, así como la cantidad de hijos del o la solicitante, segregando por género y raza a las personas entrevistadas.
En otros casos, el cuerpo femenino es utilizado como atractivo para llamar la atención de los clientes. Durante su testimonio, Ania refiere la experiencia de un negocio en el cual era requisito el uso del hilo dental como prenda de vestir para que este luciera a través el uniforme. 
"He tenido experiencias en las que las mujeres deben ponerse vestidos cortos con determinada ropa interior debajo, pero esas son reglas que yo no aceptaría", declara. 
Para ella, ir contra las normas resulta pesimista porque, a su juicio, tampoco resulta efectivo el ejercicio del derecho en el área privada. Donde manda capitán no manda soldado y, con ese refrán, quienes emplean hacen justicia desde lo individual marcando las reglas de su juego. Entrar o salirse es entonces una decisión en la que también pesan los billetes, pues detrás de la puerta otros tantos estarán esperando para ser la chica o el chico sexy del bar. 
El máximo documento que en solo ocho artículos regula las "Relaciones de trabajo especiales" parece insuficiente frente a la sistemática violación que a diario se presenta en uno y otro establecimiento. No solo se debe al insuficiente control por parte de los organismos pertinentes o el personal asignado para ejecutarlo, que en ocasiones solo ve las líneas de la jurisdicción que resultan de mayor "interés". Es el desconocimiento de la ley por parte de los trabajadores y también, por qué no, la falta de educación en derechos o su difusión a través de campañas y medios masivos.
Mujeres y hombres son a diario víctimas de esas leyes que se tuercen. Ellos, cuando se les solicita seductores a la mesa, altos del otro lado de la barra y hasta fuertes o negros a la entrada o en la puerta. Ellas, cuando son convocadas a trabajar con alguna que otra vestimenta; cuando las quieren jóvenes, bonitas y de buena presencia detrás del mostrador; cuando sufren el silencioso acoso o son hostigadas por sus jefes, cuando solo se les permite el calzado a gusto y no el idóneo para ejercer su labor, cuando con el embarazo se interrumpe el tiempo de trabajo sin retribución o cuando con "buena" retribución comienzan a invisibilizar los desvíos de la ley. 
Llevar llenos sus bolsillos es el móvil para que algunas reconozcan, incluso, que son explotadas y otras, como Ania, lo naturalicen y sigan adelante porque sencillamente lo necesitan. 

(1) Se utilizó este nombre a solicitud de la entrevistada

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