HISTORIAS COTIDIANAS (63)

La inserción creciente de las mujeres al espacio público, mediante el trabajo remunerado, constituye un hecho cada vez más global. En Cuba, impulsada esta realidad a partir del triunfo revolucionario, aparece igualmente como un hecho naturalizado, obvio: las mujeres trabajan también fuera de casa, tienen sentido de vida laboral, hacen carrera profesional, aportan a la economía familiar y en no pocos casos son sus principales sostenes; ocupan puestos de responsabilidad.

La Habana, abril (Especial de SEMlac).- Conciliar trabajo público y privado, en particular el tiempo que les dedican a las responsabilidades familiares frente a las laborales, es una de las barreras que deben sortear con frecuencia las mujeres que asumen cargos directivos.
Han pasado ya 15 años, pero en la memoria de María Antonia Tardío López ha quedado grabada la escena del día en que, en medio de su habitual y complicada jornada como directora general de una empresa, le avisaron que su niña tenía fiebre.

Las mujeres dirigentes encierran en sí mismas una de las contradicciones más fuertes de la modernidad. Ellas, al ocupar una posición de poder que es valorizada socialmente, representan la transgresión al poder.
Esto da cuenta de las posibilidades reales de las mujeres deconstruyendo los mitos sobre su supuesta inferioridad.
Si nos guiamos por nuestro calendario y podemos contar ya 21 siglos, debe recordarse que las mujeres ocupan puestos directivos apenas desde el siglo pasado.

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