HISTORIAS COTIDIANAS (63)

Nilda es una mujer que resume el concepto de altruismo, desinterés y amor por los demás.
Es de esas personas inquietas, que no para de hacer, o al menos de pensar en hacer cosas nuevas. Y porque no conoce de egoísmo cada proyecto suyo va acompañado de una estrategia para el bien de la comunidad. Precisamente en servicio de esta pone todo lo que cosecha y prepara en su casa.
Su empeño se encamina porque hombres y mujeres de su entorno reciban y den lo mismo; así vivirán en un mundo mejor.
Parte de esta manera de pensar y de proyectarse, Nilda la ha adquirido en el Centro Lavastida de Santiago de Cuba, donde el programa enfocado en los temas de género cobra especial significación.
¿Cuánto ha determinado esta cercanía con el Centro en tu forma de intercambiar con los demás?
"Soy miembro del centro Lavastida desde el año 2003 como facilitadora en un curso de conservación de alimentos. Siempre digo que en mi vida este acercamiento a la institución ha significado un antes y después.
"El centro nos ha capacitado en muchas cosas, pero el más fuerte es el tema de género, que lo han insertado como un eje transversal en la política y en todas las temáticas. Nos ha abierto ese diapasón, porque en este país el machismo está arraigado y nosotras lo tenemos que hacer todo en la casa.
"Al principio fue difícil para mi esposo y para mí desarraigarnos de todos esos tabúes, pues procedo de una familia tradicional, de corte católico y españoles emigrantes.
"Empecé como facilitadora de conservación y luego me inserté en la sensibilización de permacultura. Además, soy profesora de Matemáticas de la Universidad de Oriente, colaboro con los especialistas en monitoreo a proyectos y diagnósticos a proyectos".

Cada día, muchas profesionales cubanas se someten a dobles y triples jornadas de trabajo. Al estrés desmedido que impone ser buena en una carrera; superarse hasta lograr un grado científico; representar idealmente los roles de ama de casa, pareja, hija, madre…; encontrar y ejercer otras actividades económicas que le permitan independencia financiera. Y, sobre todo, no desprenderse de ninguna de estas partes, porque mientras una provee el bolsillo lleno, otra garantiza el crecimiento personal.
Estas mujeres somos tú, yo, nuestra madre, hermana, la vecina del frente. Y cargamos con la responsabilidad de desdoblarnos en dos, tres o cuatro mujeres a la vez. En aprehender y desaprehender, en un instante, nuevas técnicas, registros y formas de ser la misma.
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Podría decirse, según demuestra la práctica y afirma buena parte de los juristas del país en cada evento científico, que no existiría justicia para la familia cubana de hoy si no fuera por la jurisprudencia.
Entiéndase mejor: los tribunales y los profesionales del Derecho de esta rama (que es la que ocupa estas líneas) están actuando acorde a la realidad y sus necesidades, allí donde las leyes y códigos solo tienen capítulos sin escribir o fórmulas desactualizadas que poca justicia pueden ofrecer a la luz de estos tiempos.
Vayamos más allá. Con un Código de la Familia que data de 1980 y una actualidad que tiene fecha de vencimiento para mañana, poca letra escrita queda viva para acompañar las decisiones judiciales ante los conflictos de familia en Cuba. El Congreso Internacional Abogacía 2017, acontecido recientemente en la capital del archipiélago, dio varias pruebas de ello.
Una de estas situaciones a las que urge poner en sintonía con la Cuba de hoy es la de los menores de edad y un abogado que se especialice en ellos. La abogada Idania González Hidalgo-Gato fundamenta con total veracidad y un montón de argumentos insuperables la necesidad del país de formar profesionales que se dediquen exclusivamente a proteger a niñas y niños (hasta los 18 años de edad, como recoge la Convención Internacional que agrupa sus derechos y de la que Cuba es signataria).

Viernes, 29 Septiembre 2017 14:11

Las mujeres después del ciclón

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Desde que tengo uso de razón, a mi madre le aterran los ciclones. Y una se pregunta: ¿a quién no? Pero su miedo, además de la cuota normal que nos toca por vivir en un archipiélago del Caribe expuesto durante varios meses del año a estos eventos, es más como odio.
Y creo que nuca antes he sentido ese vil sentimiento de mi madre hacia algo, como le sucede con los ciclones.
Muchos recuerdos, emociones, demasiadas pérdidas han dejado estos fenómenos de la naturaleza en su memoria, como para no destilar tal repugnancia.
Empecemos cronológicamente, cuando apenas tenía 10 años y la primera casita donde jugó, comió, durmió, fue acribillada por los fuertes vientos y la crecida del río, que era su vecino más cercano.
Me cuenta que entonces fueron rescatistas en lanchas a sacar a toda la familia. Familia concentrada en cuatro casas de madera y guano que componía todo el barrio.

Jueves, 24 Agosto 2017 02:18

Lento, ¿pero aplastante?

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Aunque todo comienzo lleva su pausa para mirar un poco a lo que se ha hecho, es peligroso cuando el detenimiento lleva consigo algún retroceso, al menos aparente, y quién sabe si formal. ¿Cuál es el problema ahora?, se preguntan las personas cuando se les detiene, en medio de su diario bregar, y se les dice "Hasta aquí", "Ahora no puede ser", "Estamos revisando lo que haces"… y ya no hay más razones para entender a qué se debe tal parada. Entonces la revisión tiene sus consecuencias.
Y más si se trata de un asunto novedoso, en el que aún no parecen estar todas las cartas sobre la mesa, como es el caso del cuentapropismo y el cooperativismo no agropecuario en Cuba. Queda mucho por definir, y eso se sabe. Por eso preocupa tanto esta pausa que no tiene fecha fija de volver a andar y que aún no se sabe en qué puerto detendrá nuevamente sus andanzas.