HISTORIAS COTIDIANAS (52)

Llega el primer piropo y la joven recién contratada se sonroja. En el fondo no le ha gustado, pero sabe que estaría mal si regaña con la mirada a su superior. Es mejor soportarlo, no sea que se malentienda como un rechazo y la mirada seria inicial se convierta en mal presagio para su futuro profesional. Luego llega el segundo intento del jefe que se dispone a continuar. Y ella debatiéndose entre el deber y el querer. Sometida a soportar un rol que no desea, pero que resulta complejo denunciar. Después de todo, ¿quién es el que manda?
Así comienza el primer capítulo de esa novela de mil conflictos que viven muchas mujeres subordinadas en el mundo. La historia sin fin que sujeta encantos femeninos a éxitos, y ascensos a complacencias. Una práctica con la que, incluso quienes alardeamos de feministas y liberales, podemos tropezarnos sin la menor preparación. Y hasta caer, por qué no, en el frecuente error de confundir buen trato con sumisión, al punto de deformar una relación profesional por "cercanías peligrosas".

Martes, 27 Enero 2015 17:44

Voces apagadas

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Trabajos para mujeres y trabajos para hombres. Así hemos calificado durante años aquellas profesiones u oficios que exigen cuotas adicionales de delicadeza o de fuerza. Para ellas, lo emocional, lo servil. Para ellos, lo rudo, lo difícil.
Estas construcciones culturales permanecen arraigadas a las sociedades contemporáneas como al inicio de los tiempos. Así se apegan a las rutinas y hasta las naturalizamos.
Es cierto que en determinadas especialidades constan avances en el desmontaje de estos universos laborales femeninos y masculinos. Sin embargo, solapadamente se deslizan otras manifestaciones discriminatorias que no se avienen a tales constructos.
En la mayoría de los países se considera a los hombres como eruditos en los deportes. Ellos predicen, acotan y se equivocan sin mayores consecuencias. Por eso también son los varones quienes, en este ámbito, dicen la primera y la última palabra.
Si bien muchas mujeres han asumido el periodismo enfocado en esos temas, con la ética y las competencias que requieren, siguen quedando al margen de determinadas acciones. Las hay camarógrafas, fotógrafas, editoras, directoras, reporteras y presentadoras de eventos deportivos; pero, ¿cuándo las hemos escuchado narrando?

Con frecuencia llegan las mujeres a la edad de jubilación y, si bien muchas deciden continuar laborando en sus puestos de trabajo, otras se retiran hacia sus hogares para el "descanso". Sin embargo, detrás de esa aparente tregua que toman cuando llegan a la tercera edad, comienza la distensión del trabajo no remunerado y sus existencias se convierten en la continuidad de las tareas del hogar que venían realizando toda su vida.
Las que llegan al completamiento de la edad laboral en empleos no domésticos tienen la posibilidad de ampliar sus roles, más allá de los que tradicionalmente han ejercido por su "condición femenina". No obstante, especialistas aseguran que, luego del retiro o la jubilación, ellas continúan estando más ocupadas que los hombres en las obligaciones domésticas y familiares, sobre todo si están casadas.
La acción productiva no cesa, sino que se prolonga o cambia de tipo de actividad. En ocasiones, las decisiones, planificación y ajustes en el momento de la jubilación están permeadas por los roles que ellas tradicionalmente asumen en la sociedad.

En el sistema patriarcal las mujeres tienen mandatos específicos: ser madres, esposas y amas de casa. Al cumplir con estas exigencias se posicionan especialmente como seres de y para otros, encargadas del cuidado y la reproducción de la vida. Es esta una condición de género que comparten las mujeres en el patriarcado. Se les exige lo mismo a todas, y se les evalúa en función del cumplimiento que realicen de tales mandatos.
No obstante, cada mujer, dada su situación específica de vida (psicológica, nacional, familiar, profesional y sus relaciones interpersonales) vive y responde a esos mandatos de manera diferente.
Su situación de género es la manera en que singularmente vive su ser mujer, así como también las formas de discriminación a las que se enfrenta.
En aparente contradicción con los mandatos enunciados existe otro muy significativo: el de ser objetos eróticos, cuerpos de placer y deseo, siempre para otros. Si digo que se trata solo de una aparente contradicción es porque, en ambos casos, se trata de un mecanismo para mantener a las mujeres como seres subalternos, supeditados, subsumidos a la vida de otros.

Para Midialis Durán Rodríguez, cubana, empresaria y nacida en el extremo más oriental de la isla, la clave para lograr éxito en cualquier emprendimiento está en buscar salidas y "no creer nunca que los caminos se han cerrado".
"En mi familia aprendí que siempre había que buscar maneras de salir adelante. La mejor ayuda es la que una misma puede darse; no se consigue nada esperando que otras personas vengan a solucionar los problemas", aseveró a SEMlac.
Directora desde 2005 de la Unidad Empresarial de Base (UEB), de las Industrias Locales de Baracoa, en la provincia de Guantánamo, a más de 900 kilómetros al este de La Habana, Durán tiene experiencias múltiples que respaldan esa certeza.
"Uno de los problemas que más hemos tenido en la empresa es la falta de materias primas. Nunca se me olvida, en mis primeros años de trabajo, que una vez llegó un camión de cactus y uno de salvia, y no quedaba otro remedio que hacer algo con eso. Lo único que teníamos, además, era detergente y tanques de líquidos limpiadores", rememoró la empresaria.