HISTORIAS COTIDIANAS (61)

Los empleos que se acogen a las nuevas formas de gestión no estatal deben ser defendidos como sitios en los que las mujeres también tengan posibilidades de superación personal y profesional.

De modernas, las gestiones. Pero las mentalidades parecen seguir por el mismo camino que antaño. Eso pareciera en muchos de los contextos de las nuevas formas de gestión no estatal, en los que las mujeres se ven destinadas a los mismos roles que la historia les ha asignado, mientras los hombres no se preocupan por transgredir límites y se mantienen en su sitio de privilegio y acomodo.
Al menos esa es la realidad constatada por las jóvenes investigadoras del Instituto de Filosofía, Saray Velázquez Quintián y Seida Barrera Rodríguez, quienes se propusieron lanzar una mirada con enfoque de género a la legislación y la realidad de una cooperativa no agropecuaria cubana, en este caso, la Model, destinada a las confecciones.

Rosana Vargas puede que no sea el ejemplo de glamur permanente que estamos acostumbradas a recibir del mundo de la joyería.
Claro, ella no es modelo de joyas, aunque manifiesta su fascinación por ellas, sobre todo cuando ha estado trabajando en la orfebrería por más de 14 años y coordina, desde hace cuatro, su propio taller creativo y de comercialización.
Ella no necesita encarnar, a cada hora del día, esa figura engalanada con pendientes de plata y piedras preciosas, pues llegó al ámbito de la joyería para cambiar patrones y dogmas que, mediante comportamientos repetitivos, marcan un camino en este contexto: hombres proveedores- realizadores- dueños, y mujeres consumidoras- expositoras.
Ante estas condiciones, los intereses de una mujer en cuanto a la fundación, dirección y el éxito de un negocio como este, puede parecer un deseo utópico. Sin embargo, los resultados de Rox 950 patentizan lo contrario.
Este grupo de joyería contemporánea, que basa su creación en el trabajo con la plata, goza de prestigio nacional y fuera de Cuba, gracias a la exquisitez y originalidad de sus piezas.
Al decir de Rosana, el concepto que determina su marca se resume en la originalidad, lo autentico y lo humano.
Pero otros secretos, además del carácter y de la belleza innegables de cada pieza, develan también la calidad de dicho emprendimiento. Asuntos vinculados con la gestión de Vargas como apoderada señalan pautas y erigen paradigmas para otras mujeres emprendedoras.

Los payasos de Cristina son los más hermosos del mundo. No cantan, ni bailan, ni siquiera abren y cierran los ojos, como lo hacen casi todos los juguetes hoy día. No son sofisticados; no llevan etiquetas; ni sus marcas son las de los cientos de manos anónimas que inundan las fábricas, esas fábricas de juguetes.
Los payasos de Cristina son personalizados, llevan en sus rostros la dulzura de esos ojos de abuela de caramelo que los hizo, y despiertan y anochecen acompañando los sueños de los niños y las niñas que se los ganan.
Comenzaron a nacer una mañana, cuando ella, la costurera remendona de un barrio de Pinar del Río, no sabía qué hacer con tantos recortes de tela. Y de su propio contexto salieron las ideas.
En su casa, casi por tradición, se cuida a infantes como una alternativa de trabajo no estatal, aun cuando no estaba legitimado o diversificado como se halla encuentra en estos momentos.
Las carencias de medios para entretener y enseñar, igual que en muchos hogares y círculos infantiles del Estado, le encendieron el bombillo a Cristina.

Lunes, 29 Febrero 2016 14:54

Derechos torcidos

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En la vida de Ania (1) todo parece derecho cuando habla de su trabajo estatal en un centro de investigaciones que alterna con el empleo privado en uno de los conocidos bar-restaurantes del capitalino Vedado. Articular las realizaciones personales y profesionales con una retribución económica que cubre sus necesidades parece la fórmula perfecta para esta joven de 26 años. 
Los cambios económicos que desde 2010 se gestan en la isla hicieron posible su incursión en el sector de la gastronomía y los servicios. Ese viejo deseo vedado por sus padres se hacía realidad. Y aunque su futuro profesional tomó por caminos universitarios, reconoce que hoy posee mayores herramientas y competencias para ejercer la profesión de dependienta frente a otras jóvenes que, como ella, también aspiran a ese lugar. 
El pluriempleo trae ciertos alivios en la vida de esta comunicadora social, solo posibles gracias a la comprensión que recibe por parte de sus alternos. Pero no todo es derecho en caminos que andan torcidos. 

Ketty fue una niña pintora. De esas que no desecha una obra aunque no tenga relevancia.
Aún conserva sus dibujos de la infancia clasificados en carpetas que guarda con extremo cuidado.

No era hija de artistas reconocidos, pero siempre vio en su padre al mejor de los dibujantes. Cuenta que en una pequeña barbacoa que tenían en la casa le veía, día tras a día, dibujando, pintando y recortando muñecos para cunas.
Por eso ese lugar se tornaba tan especial para ella y fue donde encontró la motivación para realizarse como artista.
"Aquella barbacoa me parecía el sitio más alucinante del mundo -cuenta-, los envases de vidrio donde guardaba las pinturas, las brochas, la luz tenue que se filtraba por una puerta desvencijada"…
"Luego, mi mamá me estimuló para matricular en escuelas de arte, como el Centro Experimental de Artes Visuales José Antonio Díaz Peláez, la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro y el Instituto Superior de Arte, donde ahora estudio el 4to año.
"Mi madre y mi padre me han apoyado muchísimo en esta labor; incluyendo, por supuesto, la perspectiva económica (que ha sido difícil, en muchas ocasiones incluyen el pago a profesores particulares, los materiales para trabajar, etc.)".