HISTORIAS COTIDIANAS (52)

Nuevos mecanismos de distribución, nuevos formatos y un atractivo diseño caracterizan a las publicaciones que emergen en el paquete de la semana, una compilación de series televisivas, telenovelas, películas clásicas y de estreno, animados, clasificados, sitios webs, publicaciones digitales, programas de computación, entre contenidos que completan un terabyte de información comercializada a 50 pesos cubanos, aproximadamente dos dólares. VISTAR, VENUS, GARBOS, PRETEXTO, PRIMAVERA, LA NAVE o LA REVISTA NEGRA se unen a la familia de magacines que nacen de proyectos concebidos fundamentalmente por jóvenes. Dan a luz como resultado de una necesidad: promover o dar a conocer productos, servicios y opciones que están omisos o bien perdieron el colorido en las más conocidas revistas cubanas.
Aunque no todas se articulan con una misma línea temática, sí les unen presupuestos que nuestras más antiguas publicaciones parecen haber dejado al margen a consecuencia de los avatares económicos llegados con la crisis que comenzó en la década del noventa, unido a la falta de creatividad imperante en muchos equipos creativos y consejos editoriales donde la costumbre fue más fuerte que el amor para ajustarse a los nuevos tiempos.

Los empleos que se acogen a las nuevas formas de gestión no estatal deben ser defendidos como sitios en los que las mujeres también tengan posibilidades de superación personal y profesional.

De modernas, las gestiones. Pero las mentalidades parecen seguir por el mismo camino que antaño. Eso pareciera en muchos de los contextos de las nuevas formas de gestión no estatal, en los que las mujeres se ven destinadas a los mismos roles que la historia les ha asignado, mientras los hombres no se preocupan por transgredir límites y se mantienen en su sitio de privilegio y acomodo.
Al menos esa es la realidad constatada por las jóvenes investigadoras del Instituto de Filosofía, Saray Velázquez Quintián y Seida Barrera Rodríguez, quienes se propusieron lanzar una mirada con enfoque de género a la legislación y la realidad de una cooperativa no agropecuaria cubana, en este caso, la Model, destinada a las confecciones.

Rosana Vargas puede que no sea el ejemplo de glamur permanente que estamos acostumbradas a recibir del mundo de la joyería.
Claro, ella no es modelo de joyas, aunque manifiesta su fascinación por ellas, sobre todo cuando ha estado trabajando en la orfebrería por más de 14 años y coordina, desde hace cuatro, su propio taller creativo y de comercialización.
Ella no necesita encarnar, a cada hora del día, esa figura engalanada con pendientes de plata y piedras preciosas, pues llegó al ámbito de la joyería para cambiar patrones y dogmas que, mediante comportamientos repetitivos, marcan un camino en este contexto: hombres proveedores- realizadores- dueños, y mujeres consumidoras- expositoras.
Ante estas condiciones, los intereses de una mujer en cuanto a la fundación, dirección y el éxito de un negocio como este, puede parecer un deseo utópico. Sin embargo, los resultados de Rox 950 patentizan lo contrario.
Este grupo de joyería contemporánea, que basa su creación en el trabajo con la plata, goza de prestigio nacional y fuera de Cuba, gracias a la exquisitez y originalidad de sus piezas.
Al decir de Rosana, el concepto que determina su marca se resume en la originalidad, lo autentico y lo humano.
Pero otros secretos, además del carácter y de la belleza innegables de cada pieza, develan también la calidad de dicho emprendimiento. Asuntos vinculados con la gestión de Vargas como apoderada señalan pautas y erigen paradigmas para otras mujeres emprendedoras.

Los payasos de Cristina son los más hermosos del mundo. No cantan, ni bailan, ni siquiera abren y cierran los ojos, como lo hacen casi todos los juguetes hoy día. No son sofisticados; no llevan etiquetas; ni sus marcas son las de los cientos de manos anónimas que inundan las fábricas, esas fábricas de juguetes.
Los payasos de Cristina son personalizados, llevan en sus rostros la dulzura de esos ojos de abuela de caramelo que los hizo, y despiertan y anochecen acompañando los sueños de los niños y las niñas que se los ganan.
Comenzaron a nacer una mañana, cuando ella, la costurera remendona de un barrio de Pinar del Río, no sabía qué hacer con tantos recortes de tela. Y de su propio contexto salieron las ideas.
En su casa, casi por tradición, se cuida a infantes como una alternativa de trabajo no estatal, aun cuando no estaba legitimado o diversificado como se halla encuentra en estos momentos.
Las carencias de medios para entretener y enseñar, igual que en muchos hogares y círculos infantiles del Estado, le encendieron el bombillo a Cristina.

Lunes, 29 Febrero 2016 14:54

Derechos torcidos

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En la vida de Ania (1) todo parece derecho cuando habla de su trabajo estatal en un centro de investigaciones que alterna con el empleo privado en uno de los conocidos bar-restaurantes del capitalino Vedado. Articular las realizaciones personales y profesionales con una retribución económica que cubre sus necesidades parece la fórmula perfecta para esta joven de 26 años. 
Los cambios económicos que desde 2010 se gestan en la isla hicieron posible su incursión en el sector de la gastronomía y los servicios. Ese viejo deseo vedado por sus padres se hacía realidad. Y aunque su futuro profesional tomó por caminos universitarios, reconoce que hoy posee mayores herramientas y competencias para ejercer la profesión de dependienta frente a otras jóvenes que, como ella, también aspiran a ese lugar. 
El pluriempleo trae ciertos alivios en la vida de esta comunicadora social, solo posibles gracias a la comprensión que recibe por parte de sus alternos. Pero no todo es derecho en caminos que andan torcidos.