HISTORIAS COTIDIANAS (63)

¿Qué hace una mujer cubana para ganarse la vida en la calle? ¿Cuándo empieza y acaba la jornada laboral si las fuerzas son el límite? Ellas cuentan lo que viven…
En cualquier esquina la voz de mujer llama. Da igual para lo que sea, ellas siempre tienen algo que ofrecer con tal de "hacer el día". No tienen oficinas o puestos fijos. Se mueven en dependencia de lo que haga falta. Son estas luchadoras cotidianas que inventan cualquier negocio humilde y sacrificado con tal de ganarse el pan.
Y no descansan nunca. Su límite es conseguir la comida de la noche. O un par de zapatos para el hijo en casa, o la ayuda para la mochila de la nieta. Siempre hay algo que resolver cuando la batalla constante está en la calle.

Nuevamente el premio del concurso de fotografía feminista convocado por Circuito Líquido queda desierto.

En esta segunda edición del evento fotográfico, el jurado decidió entregar una mención única y dos áccesit.
Nuevamente el premio del concurso queda desierto, pues aunque las obras han crecido en comparación en la primera iniciativa, no están a la altura de las precisiones del jurado y de quienes organizan el evento.
En esta segunda versión las personas reconocidas son: Martha Iris Pérez (mención única), Argelio Pompa y Alejandra Villar (accésit).
El jurado de la cita estuvo compuesto por: Grethel Morell (experta en fotografía), Ibis Hernández (investigadora, curadora y co-curadora de la Bienal de La Habana), Magela Romero (experta en temáticas de género) y Ada Azor (gestora artística de Circuito Líquido).

El peligro de reproducir y recibir estereotipos sexistas está en todas partes. Pero hay espacios donde los sujetos son más vulnerables a estos constructos culturales. Se trata del contexto educativo y el hogareño. Y teniendo en cuenta esta mixtura, existen además edades donde las personas somos más sensibles a captar los prejuicios que, "sin querer", nos enseñan. Son las edades tempranas.
Las personas hasta los 6 años de edad aprenden básicamente por imitación de los adultos, y repetición de saberes inculcados. Por eso los familiares y cuidadores poseen un 99% de responsabilidad en lo que muestran chicos y chicas preescolares.
En estos momentos la alerta no solo da voces desde el punto reconocido de la educación estatal; sino que las nuevas alternativas de cuidado particular desatan otras preocupaciones.
Es cierto, siempre podemos sucumbir a la interpretación de lo masculino y lo femenino que tienen las educadoras de los círculos y jardines del estado. Estas figuras bien pueden estar sujetas a las asignaciones que la cultura, en su posición hegemónica, ha pautado.

Lunes, 26 Febrero 2018 16:13

La médica prohibida

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Insumisa será el próximo filme del director cubano Fernando Pérez. Como suele hacer, cuenta otra historia de alguien adelantado a su tiempo y todas las consecuencias que tiene actuar a contracorriente. Desde julio pasado se filma y este 2018 ya trae la fase de postproducción. ¿Cuándo llegará a las salas oscuras del séptimo arte?
Enrique Faber es un médico suizo que llega a Baracoa, Guantánamo, en 1820, a ejercer su profesión. Se casa con la cubana Juana de León. Y, tiempo después, es deportado a Nueva Orleans. ¿Cuál es la razón? No se trata de Enrique, sino de una Enriqueta disfrazada de hombre para poder desarrollarse en la Medicina. Y ser mujer y profesional en la época no es algo bien visto ni permitido.
Este será otro de los filmes biográficos que realizará el director de clásicos como Clandestinos, Suite Habana, Madrigal, Últimos días en La Habana y José Martí, el ojo del canario. Y, como en el caso de esta última cinta, está basado en una historia real.

Glenda Tapia Noajed va por La Habana dejando las huellas de su alma por donde pasa. Así es ella: vive y sueña a la misma vez

Hace solos unos meses, ella no hubiera sabido qué hacer con su vida. Le gustaba dibujar, pero la disciplina de la academia no tenía mucho que ver con su carácter a prueba de rutinas. Ya había pasado años vagando entre mil ocurrencias, todas combinadas con el trabajo “verdadero”, ese que la sociedad exige para no ser visto como una paria o una inadaptada a los caminos de la normalidad. Ella, definitivamente, no era una vaga. Pero tampoco era feliz. Y eso, para algunos, no es permisible.

Por eso siguió buscando qué le sacudiera el alma. Hasta que chocó con un pomo de tinta y unos pinceles gastados. La noche también hizo lo suyo y el placer de la complicidad habanera la hechizó un poco más de la cuenta. Cuando vino a percatarse, ya Glenda Tapia Noajed era una grafitera.

De niña había pintado mucho. Su abuela, que es lo más grande que tiene (como le gusta resaltar cada vez que puede), había estudiado en la Academia San Alejandro. Y Glenda quiso seguir sus pasos, pero sin tener que pasar por la escuela. ¿El resultado? Al borde de sus 30 años, cada una de sus madrugadas está dedicada a transformar lo feo de las paredes derruidas en obras de arte que aún la sociedad no sabe agradecer..

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