Jueves, 04 Septiembre 2014 16:12

Profesiones también en femenino

Por  la redacción
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Siempre ha existido resistencia por no pocas personas a aceptar nuevas palabras en uso, cuando en verdad la lengua se enriquece cada día por su propia práctica en la voz de quienes la mantienen viva.
También es cierto que puede "sonar raro", al principio, determinado término. Pero la propia vida demuestra que algunas palabras se ganan el espacio por derecho propio. De manera que no es por moda, esnobismo o excentricidad que se llevan al género femenino algunas de ellas, aunque aún no estén formalmente aceptadas. Tal es el caso de las profesiones.
En este punto es importante retomar el parecer de la investigadora cubana de la lengua Nuria Gregori, por su gran utilidad para muchas personas y ser referencia valiosa a la hora de hablar o escribir.

En el modo de marcar el género femenino en los sustantivos que designan profesiones, cargos, títulos o actividades humanas han influido y siguen influyendo cuestiones puramente formales -la etimología, la terminación del masculino, etc.- como condicionamientos de tipo histórico y sociocultural, en especial el hecho de que se trate o no de profesiones o cargos desempeñados tradicionalmente por mujeres, aclara la experta.
En su opinión se pueden establecer las siguientes normas atendiendo únicamente a criterios morfológicos:
a) aquellos cuyas forma masculina acaba en O forman el sustantivo con a: bombero-bombera; médico-médica, ministro-ministra.
Hay excepciones como piloto, modelo y testigo que funcionan como comunes: el/la piloto; el/la testigo; el/la modelo;
b) los que acaban en A funcionan en su inmensa mayoría como comunes, es decir: el/la atleta, el/la cineasta; el/la pediatra; el/la lingüista, el/la periodista. En el caso de poeta, existen dos posibilidades: el/la poeta o el poeta y la poetisa. En Cuba, y en las mayoría de los países hispanohablantes, una gran parte de las mujeres poetas prefieren llamarse y que las llamen poetas y no poetisas, pues sienten en la palabra poetisa un tono peyorativo.
c) Los que acaban en E tienden a funcionar como comunes: el/la conserje, el/la orfebre. Algunos tienen formas femeninas específicas a través de los sufijos ESA, ISA o INA: alcalde-alcaldesa, conde-condesa, héroe-heroína. En unos pocos casos se han generado femeninos en A, como jefe-jefa, sastre-sastra, cacique-cacica.
La profesora Gregori aclara que dentro de este último grupo están precisamente los sustantivos terminados en ANTE y ENTE, procedentes en gran parte de participios de presente latinos, y que funcionan en su gran mayoría como comunes, en consonancia con la forma única de los adjetivos con estas mismas terminaciones (complaciente, inteligente, pedante), por ejemplo: el/la agente, el/la conferenciante, el/la dibujante, el/la estudiante, el/la gerente.
No obstante, agrega la investigadora, ha sufrido variación la presencia de las marcas de género en los sustantivos que denotan algunas profesiones, cargos o actividades que las mujeres han pasado a desempeñar en los últimos años de forma habitual, tales como: presidenta de una organización, de una institución o de un país.
Del mismo modo se han incorporado a la lengua española femeninos como generala, coronela, gobernadora y jueza, entre otros vocablos que antiguamente designaban a la esposa del que ejercía el cargo o una profesión. También abogada, arquitecta, bióloga, candidata, catedrática, diputada, física, ginecóloga, ingeniera, licenciada, torera, pelotera...y continuarán.

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