Lunes, 18 Agosto 2014 14:57

Palabras en entredicho

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Por la fuerza del uso y la práctica acrítica, solemos emplear, repetir y acuñar palabras sin detenernos a pensar en su carga discriminatoria y peyorativa.
Eso sucede, frecuentemente, con algunas asociadas a las niñas y las mujeres; es decir, la población femenina del mundo.
Lo peor es que, de tan repetidas y empleadas, se convierten en palabras comunes y naturales en el lenguaje cotidiano.
Sucede, por ejemplo, con el término hembra. Que dicho así, directamente, alude al significado sexual y posesivo del hombre hacia la mujer. Pero que también se refiere a los ejemplares animales de sexo femenino. Sin embargo, sigue siendo común que expresión tan específica y de mal gusto para referirse a mujeres y niñas se siga empleando cuando preguntamos, con total inocencia, qué tuvo la esposa del vecino: “¿varón o hembra?”

Las formas en que se perpetúan y naturalizan, desde la práctica cotidiana, todas las manifestaciones de la violencia, particularmente contra la mujer, sigue estando en las agendas de discusión de quienes trabajan por cambiar la mirada y la imagen sobre roles tradicionales y estereotipos de género.
Una alerta noticiosa en algún buscador de Internet, con la palabra “mujer”, devuelve en segundos un amplio listado de informaciones de todo tipo, y una buena parte de ellas aluden a rostros, fotos y titulares de mujeres maltratadas, violentadas o asesinadas.
El primer paso para prevenir la violencia de género es visibilizarla, coinciden especialistas de diversas latitudes y formaciones. Y es necesario hacerlo con las palabras, las imágenes y las representaciones adecuadas.
Aunque se ha registrado algún avance en el terreno de la visibilización del tema, la comunicación en torno a la violencia aún no cumple los objetivos deseados.

El lenguaje no sexista no se impone por decreto. Solo se puede ir modificando el lenguaje hacia una variante más democrática y no discriminatoria en la medida en que se vaya modificando el pensamiento que a través suyo se expresa. Una vez que esto ocurra, será difícil volver al lugar común de los plurales masculinos per se o la invisibilidad de los sujetos detrás de las palabras en uso.
Hay quien acude a fórmulas y alternativas como si fuesen reglas matemáticas que, finalmente, terminan empobreciendo el discurso. Con esa reiteración continuada se pierde muchas veces interés en la lectura, que se torna aburrida por repetitiva, formal y poco creativa.