Cubanas jóvenes y mayoritariamente blancas muestran su figura tras un ajustado traje de baño o vestido de noche. Estas imágenes anuncian cafeterías, negocios de lavado de autos, bares y restaurantes que florecen en La Habana.
“Lamentablemente, la mayor parte de la comunicación que he visto con la intención de promover determinados tipos de trabajo por cuenta propia sigue siendo muy sexista”, declara a SEMlac Isabel Moya Richard, doctora en ciencias de la comunicación.
La reforma económica emprendida por el gobierno cubano promueve la creación de negocios privados y algunas cooperativas en el sector de los servicios, principalmente.
Frente a la competencia, los diversos emprendimientos buscan apoyo promocional en varios negocios de impresión y estudios fotográficos, actividades aprobadas para ejercer por particulares. La publicidad en los medios nacionales, de propiedad estatal, es limitada y en el caso de la televisión está prohibida.
Los principales soportes publicitarios para los nuevos negocios privados son carteles, pegatinas, anuncios en páginas web y en el Paquete Semanal, una compilación digital que circula de manera informal e incluye un terabyte de contenidos diversos, entre ellos varias revistas hechas en Cuba y sin registro oficial en el país.

Viernes, 21 Agosto 2015 21:04

La médica de mi policlínica

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Como en todos los campos de la vida, en la Medicina el lenguaje de género también tiene su historia. Recientes, controversiales, establecidos, disputados, luchando aún por hacerse de un lugar, andan vocablos como médica, que casi parecieran una profanación en la boca de quienes se aventuran a decirlos, aunque ahora esta versión de Microsoft Word (sabrá la Informática por qué razón), ni siquiera la señale como incorrecta. Pero preferimos decirle doctora a esa profesional de la salud que nos atiende.
Y hasta los objetos inanimados llegan los prejuicios cuando decidimos decirle policlínico a esa instalación que nos espera en la esquina y que la literatura especializada aprobó hace buen tiempo en su versión femenina.

Como la excusa de los cobardes que prefieren no intentarlo porque solo ven el lado oscuro del asunto, me esgrimen los incrédulos (casi siempre, y curiosamente, hombres) que no se puede llegar a ninguna conquista desde el lenguaje de género.
Como heroínas aferradas a las causas que parecen perdidas, nos defendemos las que apostamos por comenzar a ganar la batalla desde el modo en el que hablamos (casi siempre, curiosamente, arriesgan por ello las mujeres).
Aquellos siguen defendiendo que este pequeño cambio no marcará la diferencia; nosotras, en cambio, decimos que sí, sabemos que sí, y actuamos como que sí; sí pasará porque la historia ha demostrado que la práctica hace a las personas y que el lenguaje debe ir a la par de los tiempos.
Y mientras las estaciones se adecuan mejor dar el primer paso. Ya basta eso de andar esperando por la sociedad y que esté preparada, y que las mentes cambien... Si no se asaltan los inmovilismos no hay cambio posible. Es verdad que con esta victoria no se gana el combate, pero… sin empezar con ella tampoco ocurrirá. La sociedad solo está falta de preparación para lo que no ocurre.