Miércoles, 28 Agosto 2013 00:00

Comunicar de otra manera

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Cuando se habla de comunicar con enfoque de género, a menudo pensamos, en primer lugar, en el lenguaje que se emplea en los diversos productos comunicativos.

Y es lógico. Mediante el lenguaje se materializan y transmiten los pensamientos, costumbres, tradiciones; se ayuda a construir imaginarios; se crean juicios de valor; se perpetúan pensamientos o se subvierten modelos establecidos. Y todo ello se potencia con los modos y referencias que se instalan desde el lenguaje, los medios de comunicación y la fuerza de sus mensajes.

Lunes, 29 Julio 2013 00:00

Nombrar sin exclusiones

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Tal y como afirman quienes se han dedicado a estudiar el género en el lenguaje, si tenemos en cuenta que mujeres y hombres tenemos el mismo derecho a ser y a existir, el hecho de no nombrarles a ambos significa no respetar uno de los derechos fundamentales: el de la existencia y la representación de esa existencia en el lenguaje.

Eliminar el sexismo en el lenguaje no es un asunto de vocales, de colocar la A o la O al final de cada sustantivo para referirse a lo femenino o lo masculino, indistintamente. Tampoco se trata de convertir los textos en reiterativos y monótonos parlamentos equitativos, pero realmente imposibles de leer hasta el final. Es por ello que, por encima de las discusiones en boga o la intención de reducir el sexismo en el lenguaje a un asunto puramente gramatical, hace falta despojar a las palabras de la carga peyorativa y discriminatoria que las acompaña.

No olvidemos que al usar palabras en femenino y masculino luchamos contra el propio poder de las palabras y ayudamos a salir del orden simbólico que este poder define.

La diferencia sexual existe; no la crea el lenguaje. Pero a la lengua le corresponde nombrarla, puesto que es parte de nuestra vida, de todo lo que mencionamos y nombramos. Si, además, se parte del precepto de que lo que no se nombra no existe, hay más razones para hacer visible lo invisible, lo hasta ahora innombrado.

Aquí iremos recomendando varias aplicaciones prácticas y recomendaciones que pueden enriquecerse creativamente para nombrar con equidad lo femenino y lo masculino, sin caer en reiteraciones vacías.

Un principio rector será partir del criterio de que el genérico masculino no incluye, necesariamente, a las mujeres. Si ellas están presentes, no deje de nombrarlas; de lo contrario, siempre quedaría la duda de su existencia. Cuando omite el femenino, en estos casos, el mensaje no remite a pensar en ellas, aunque la intención sea incluirlas. No es una repetición nombrar en masculino y femenino cuando se representa a grupos mixtos.

…dime cómo hablas y te diré cómo piensas…


El lenguaje instituye las subjetividades. Cuando especialistas en temas de género defendemos esta idea queremos decir que a partir de lo que se nombra a través del lenguaje se crean los símbolos que representan la realidad, la cotidianidad y, por supuesto, a las personas. Si bien la gramática defiende el uso de genéricos en el lenguaje al tratarse de mayorías --como incluir bajo la nominación hombres las referencias a grupos de mujeres y hombres--, es cierto que, al pasar de los años, tales genéricos gramaticales se han convertido en pieza clave del poder patriarcal.