Por Dra. Lucía  de la Caridad García Ajete*. Especial para SEMlac Cuba

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La mujer negra, afrodescendiente, se incorporó en Cuba a las luchas emancipadoras y alcanzó niveles de estudios potenciados por los procesos inclusivos de la Revolución cubana, que ha ofrecido igualdad de oportunidades para los grupos en vulnerabilidad. Sin embargo, aún existen procesos de invisibilización de su constructo cultural e identitario y brechas  que vulneran sus derechos.

El cuerpo simbólico de la mujer negra continúa siendo visto como objeto de placer, deseo, energía o fuego que despierta las ansias de sujeción y dominio en la heteronormatividad y el patriarcado. Su ascenso al espacio público pareciera a veces responder al cumplimiento de una norma de representatividad por color de la piel.

Como construcción social, el género abarca las identidades, el deber ser de manera estereotipada y heteronormativa a lo dado como femenino y masculino, por una sociedad determinada, en su construcción binaria. Es por ello que la construcción de las identidades de las mujeres transita por los mandatos oficiales del patriarcado, el cual estipula “el ser y deber ser” de los sujetos.

La construcción de la identidad femenina afrodescendiente es signataria de ese mandato oficial heredado de la esclavitud, donde la mujer negra ha sido relegada a funciones de subordinación y espacios más invisibles que los dados a otras mujeres, en plena exclusión de sus derechos, siendo cosificada y sostenida como objeto o símbolo sexual, de satisfacción. Si bien el actual desarrollo social no expone de manera puntual lo heredado del pasado, se observan nuevas formas de exclusión, discriminación y racismo en el contexto cubano, de manera más solapada e invisibilizada, lo que afecta el desarrollo personal y social de las mujeres afrodescendientes.

El cuerpo, como categoría, sostiene la capacidad de integrar procesos, relaciones sociales, expresiones de la identidad, la sexualidad, la salud…, y   constituye el espacio político de esos vínculos. Categorías como género, sexualidad y salud se viven desde una corporalidad individual y subjetiva, que permite la construcción de las diferentes identidades –femeninas,  masculinas o sexo diversas–, pero dentro de esa construcción, de manera simbólica, sucede la construcción de la identidad femenina de las mujeres afrodescendientes.

Desde las edades más tempranas, se escucha decir a las familias o la sociedad  frases que sostienen la reiteración de un estereotipo cultural, de exclusión, que expone y vulnera los derechos sexuales de las mujeres en la transgresión de sus cuerpos:

  • Arréglate ese pelo, póntelo lacio, para que no se vea la pasa (se refiere al cabello afro).
  • Empina tu fondillo, para que le saques partido.
  • Usa las dotes de tu cuerpo sexi…
  • Las negras son calientes, hasta más no poder (sexualidad).

Estudios realizados por Estela Serret[i] y Loraine Ledón (2013, Cuba), que apuntan al tema del cuerpo y lo simbólico, enfatizan la doble realidad de exclusión que viven las mujeres, por su condición económica, pertenencia a etnias, grupos culturales y otros. Ledón expone las exclusiones que sufren  las mujeres con discapacidades, para lo cual incluyo  el color de  la  piel. Coincidiendo con ambas investigadoras, desde mi opinión conciliadora, refiero que:

Las redes simbólicas de la subjetividad funcionan como referentes y tienen un carácter que, en el imaginario social, presuponen por “natural” lo sexual y erótico  de la mujer negra;  y su “siempre deseo de coito”.

Como también es dado por natural “la siempre participación en actividades culturales, folklóricas, deportivas de rudeza” de las mujeres negras.

Asunción social de una sola identidad de mujer negra y no de las identidades de las mujeres negras.

Género, salud y sexualidad se constituyen en una unidad que amalgama toda la subjetividad femenina, donde la mujer afrodescendiente con frecuencia pospone su autocuidado, salud, derecho al disfrute sano de la sexualidad y de su tiempo real, para la satisfacción de las  necesidades colectivas, de su grupo de pertenencia o de trabajo.

En la exclusión, vulnerabilidad de derechos y el simbolismo del cuerpo de la mujer afrodescendiente juega un  papel decisorio  el mito en la construcción de la  subjetividad de la mujer. Para ello, Serret expresa que “el mito siempre es un relato, que se debe diferenciar de las prácticas y los rituales, aunque unos y otros no pueden pensarse sin él”.

Entre algunos de sus criterios, describe:

Que el mito es un elemento distintivo de la organización simbólica de una sociedad

Distingue, según los criterios de Levi-Strauss, que la estructura del mito en su nivel más primario depende de la interacción entre símbolos binarios, que expresan de maneras complejas y progresivas, por medio de asociaciones y desplazamientos, la oposición, requisito indispensable para la configuración del sujeto y la cultura (lo bueno-malo) (bello-feo).

Para Serret, los mitos deben entenderse como el discurso organizador que, a la vez, expresa y produce el código simbólico, el cual construye un tipo de imaginario colectivo y de prácticas sociales. Por ende, el significado de los mitos referentes a la mujer afrodescendiente durante siglos y en la sociedad patriarcal, tradicional, heteronormativa y excluyente, reproduce la recursividad de las exclusiones; si consideramos las múltiples discriminaciones que sufre la mujer afrodescendiente, unido a la pobreza, el bajo nivel cultural, el número exagerado de hijos (para el canon cultural y económico), entre otros.

¿Qué mitos se tejen alrededor de la mujer afro descendiente?

Son amantes de los hombres blancos y destruyen matrimonios.

Tienen muchas parejas sexuales.

Son trabajadoras; pero brutas y poco inteligentes.

Siempre o casi siempre andan mal vestidas o no presentables.

Muy limpias, pero con poco gusto estético; son chusmas, bulleras, gritonas; amantes de la rumba, lo exótico, lo supuesto popular.

El análisis hasta aquí abordado ofrece recursos para comprender que las mujeres afrodescendientes somos algo más que sexualidad, sexo, erotismo, cuerpo voluptuoso, rumba  y constituimos una cifra decisoria o cuota significativa en los diferentes espacios públicos. Su accionar se lo han ganado a fuerza de desmontar el mito de la “negra caliente”.  Deconstruir una realidad opresora de siglos, que impide un avance sostenible y efectivo de las mujeres afrodescendientes, garantiza la continuidad del cumplimiento de  sus derechos y el reconocimiento a sus verdaderas potencialidades.

*La autora es integrante de la Sociedad Cubana Multidisciplinaria para el Estudio de la Sexualidad, el  Observatorio de Género y la Asociación de Pedagogos de Cuba, Sección Inclusión y Diversidad.

 

Notas

  1. Serret, Estela: El género y lo simbólico. La constitución imaginaria de la identidad femenina. Oaxaca. México. Instituto de la Mujer Oaxaqueña. Ediciones: serie Estudios de Género, 2006.

 

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