Por Rachel Alfonso Olivera

La ISO lo ha asumido de este modo:

«Género es la categoría que reconoce las diferencias e inequidades existentes entre mujeres y hombres por las condiciones educacionales y culturales en las que nos hemos formado, en las cuales ellas han resultado históricamente menos reconocidas».

¿Qué opina usted?

¿Pensamos igual mujeres y hombres? ¿Sentimos igual? ¿Significa lo mismo para mujeres y hombres la realidad que nos rodea? ¿Nos comportamos igual en las empresas? ¿Dirigimos igual mujeres y hombres?

Implementar los procesos empresariales desde un enfoque de género, implica comprender que el personal se compone de mujeres y hombres, por lo cual es necesario promover la equidad instrumentando las dinámicas de trabajo, los derechos y las oportunidades, teniendo en cuenta sus diferencias.

Experiencias del personal empresarial, fundamentalmente mujeres, denuncian:

– Las dificultades para conciliar la vida personal y profesional.
– La contraposición de habilidades y competencias que deben desarrollar en el ámbito familiar y laboral.
– Los esfuerzos para alcanzar el reconocimiento por sus capacidades y no por sus atributos sexuales.
– La asunción de estilos de dirección autoritarios y no coherentes con el condicionamiento social desde el que fueron educadas, como única vía para alcanzar el éxito en este sector que privilegia dicho estilo.
– Los horarios laborales extendidos, que obstaculizan la asunción de responsabilidades en el espacio familiar y personal.
– La doble y hasta triple jornada laboral a la que se ven exigidas.
– La victimización por la supuesta “protección” cuando se les libera de responsabilidades laborales que son parte de su superación profesional por tener una familia e hijos/as.

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