Lunes, 04 Diciembre 2017 16:25

El día en que todo cambió

Por  Susana Gomes Bugallo

Milaidis Herrera Hechavarría cambió el modo de verse a sí misma cuando adquirió herramientas para superar sus problemas de autoestima. A sus 49 años, sabe que "Si no te amas, no puedes dar amor"
Todo comenzó por una primera vez. Cuando Milaidis Herrera Hechavarría llegó a su casa, supo que jamás volvería a hacer las cosas del mismo modo. No importaban sus más de cuatro décadas, ni la forma en la que había vivido hasta entonces. Siempre era un buen momento para cambiar. "Ese día le dije a mi marido que me alcanzara el cubo del agua hasta el baño. Él me miró extrañado porque se había adaptado a que se lo llevara yo a él. Me dijo "¿Y a ti qué te pasó?". Entonces le expliqué y lo convencí de que se había acostumbrado a algo que no iba a ser más", recuerda.

Así cuenta esta mujer el día en que regresó del primer encuentro en el taller de género. Esa misma tarde se dio cuenta de que estaba reproduciendo el modelo patriarcal de su familia, en la que su mamá hacía todo lo que su esposo quería. Hasta que, una vez, él la dejó para siempre y se divorció también de sus cinco hijas. Puede que ese haya sido el inicio de todo lo que Milaidis aprendió a sufrir y callar.

"Con frecuencia mi papá decía que no servíamos para nada porque él quería hijos varones y todas fuimos mujeres. Yo me sentía mal porque él se había ido y porque dijo que nosotras solo estábamos para parir y obedecer a los hombres", rememora. Pero nunca es tarde para cambiar el modo de ver la vida. En una buena ocasión, esta guantanamera que hoy ronda los 50 años descubrió el Programa de Género de su localidad. Y ya nada volvió a ser igual que antes. Cambió para mejor, que no es el único sentido en el que pueden modificarse las circunstancias.
"Lo que más ha variado en mi vida es el amor por mí misma, el poder recuperar mi autoestima y verme con una mirada diferente. Si tienes un concepto equivocado de la autoestima (demasiado alto o bajo), tu vida es un fastidio. Y si no te amas, no puedes dar amor", comparte después de la debacle.
Su madre fue su todo, aunque ella se le intentó ir de las manos cuando declaró que estudiaría en la universidad, algo impensable dentro de aquel núcleo tan necesitado económicamente. Con su licenciatura de Geografía, su maestría en Ciencias de la Educación y el curso del seminario de su iglesia puede que haya iniciado el camino de su liberación. Aunque debió pasar el tiempo para que ella se percatara.
Su fe religiosa comenzó cuando se hizo profesora de Geografía porque le quedaban muchas preguntas sin respuestas sobre el origen del mundo. Cree que Jesús llegó a su vida cuando su hijo pequeño estaba insomne y huía de la cama, alterado, sin estar quieto. Su esposo, que sí visitaba la iglesia, le propuso bautizarlo. Y esa misma noche unió su vida a Cristo. Su hijo pudo dormir.

CUANDO CRECE LA FE
Milaidis ya es más libre que antes. Pero su existencia ha dejado efectos en sus maneras. Habla despacio, como sufriendo cada sílaba, o dejándola ir con un poco de vergüenza. Mas con esa misma ternura trata a las niñas y niños a los que da clases. Ellos la adoran. Y lo sabe por esa vez en que la pequeña hija de una alcohólica la llamó mentirosa por no ir a verla aquel fin de semana. "No puede dejar de venir. Si usted no llega, no tenemos sol", le dijo la infanta.
Aunque reconoce que hasta el programa de género su vida estuvo bautizada por la amargura, debido a todo lo que sufrió y al modo en que se asumía, ahora se siente útil. Pero se liberó primero con Jesús y luego con sus conocimientos sobre género. "Cuando no sabes sobre estos temas, crees que eres una mujer desechable, a la que pueden dejar en el camino. Pero después comprendes que eres original y única", alecciona y hace memoria de los inicios.
"Comenzamos en los talleres reconociendo nuestros problemas de autoestima. Ese fue un cambio importantísimo en mi vida, que revolucionó mi matrimonio y mi familia. Desde el programa nos preocupamos por mujeres que viven en municipios ganaderos y están solas criando a sus hijos adolescentes porque sus maridos las dejaron. Que te llamen para hablar con ellas y ayudarlas es tremendo. También nos convoca la Federación de Mujeres Cubanas para cualquier actividad", describe.
Entre sus iniciativas, ellas aprovechan las herramientas que les ha dado el programa de género para convocar a mujeres que no trabajan a que se sumen a talleres de artesanía y así ganarse la vida honradamente.
Junto a las cinco protagonistas femeninas que la acompañan en el proyecto, está el pastor Yoennis, un muchacho de San Antonio del Sur que quedó impactado al conocer esa iniciativa y descubrir que no se trata de que las mujeres se empoderen para enfrentar a los hombres, sino de que lo hacen por conocimientos para trabajar en la comunidad y educar a los hijos.
"Todas las actividades del proyecto son importantes. Pero el taller más reciente fue en San Antonio del Sur, en la iglesia del Pan de Azúcar. Todo el mundo pasa por allí, tira fotos y se va. Pero nadie había visualizado los problemas de ese lugar, más aún después del ciclón Matthew, porque se concentraron en el resto de los municipios dañados. Esa comunidad tiene problemas con el agua potable y el río se mete dentro y acaba con todo. Cuando llegamos allí, una muchacha lloraba porque la crecida le había llevado todo lo que tenía su hogar. Otra caminaba desesperada de un lado a otro.
"Cuando la pastora habló, dio las gracias a Dios porque llevaban 14 años orando y ahora el ciclón las hacía visibles. Por eso llevamos el taller hasta allí. Todo fue maravilloso. Ellas expusieron sus experiencias muy fuertes, pero respaldaron todo con el amor a Dios. Cuando llegas a esos lugares devastados y encuentras esas historias, crece tu fe", asegura esta profesora de Geografía que solo sabe a ciencia cierta que su planeta es Dios. Y que, por ser mujer, puede alcanzar todo lo que se proponga en ese universo.

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