Sábado, 29 Julio 2017 20:55

Emprendimiento sobre dos ruedas

Por  Susana Gomes Bugallo

Las muchachas de Vélo Cuba se esmeran en marcar la diferencia. Por eso reparan bicicletas a bajos precios y con elevada sabiduría.

¿Qué iba a hacer Nayvis Díaz con un carro en medio de un contexto económico tan inestable? ¿Y cuándo no hubiera gasolina? ¿Y cuándo todo se hiciera más difícil para mantenerlo en buen estado? ¿Y cómo viviría mientras tanto? Todas esas preguntas se hizo antes de vender su Peugeot para invertir el dinero en un negocio. ¿Cuál sería? Habría que ver.
Luego de un minucioso estudio de mercado, y signada también por un pasado a base de pedales (20 kilómetros diarios la separaban de su casa en el Vedado y su universidad en la CUJAE), Nayvis se decidió por invertir en bicicletas. Como tenía el conocimiento técnico al alcance (su amiga Daylín Carbó era una velocista y mecánica bien ducha), no hubo más que arreglar. Ella y su compañera se lanzaron a la carga.
Así nació Vélo Cuba hace alrededor de tres años: rentando bicicletas propias y reparando las de cualquiera que se llegara por allá. Mientras que en los días iniciales pensaron que podrían entre las dos, unas jornadas después debieron empezar a contratar personal: una muestra evidente de la necesidad del servicio de reparación que tenía la población habanera.
Y no solo en La Habana, sino en todo el país, piensa Nayvis. Por eso marcó en el nombre de su pequeña empresa el ansia por crecer un día hacia todas las provincias. Hoy abarcan dos municipios de la ciudad (Vedado y Habana Vieja), pero ya andan en estudios por algunos territorios más periféricos, como resultados de las propias demandas de la población, que sigue necesitando más de sus especializados servicios. Y esto pudiera crecer si algunas condiciones, ausentes ahora, estuvieran.

Ninguna ciudad en Cuba está preparada para las bicicletas, sentencia Nayvis, y analiza que todo fuera más sencillo sin contáramos al menos con ciclovías que privilegiaran un espacio para que, quienes andan en pedales, no tengan que enfrentarse al tráfico de los vehículos y se disminuya la cantidad de accidentes. Otra condición que falta, apunta, son los cascos para protegerse, pues es muy difícil conseguirlos en alguna tienda y, sin estos, cualquier percance puede ser fatal.
Ni siquiera venden timbres, comenta en su deseo de que andar sobre dos ruedas al aire libre sea más fácil y cotidiano en una isla que es perfecta para este propósito, el cual contribuiría mucho a la salud de las personas y a la sanidad de un entorno muy contaminado por los autos. Haría falta un mercado mayorista en el que adquirir las piezas y utensilios necesarios para cada reparación, precisa.
Pero esta emprendedora a prueba de percances no se cansa de luchar contra las circunstancias. Ella y sus muchachas se esfuerzan por crear conciencia entre la gente de lo importante que resulta el ejercicio físico de los pedales. Por eso, además de andar a toda hora en sus ciclos, tienen su club de ciclistas con los que salen en domingos alternos hacia lugares alejados de la ciudad -incluso han llegado al municipio artemiseño del Mariel- y, aunque no eran más de diez al principio, ya suman 45: de todas las edades y sectores.
Más recientemente, firmaron un convenio con la Universidad de Deportes Manuel Fajardo para que una de sus estudiantes desarrolle en su tesis de Licenciatura una de las iniciativas de Vélo Cuba: el cicloturismo. Y eso es solo el principio de lo que les aguarda este verano.
Para cada fecha especial han previsto y realizado ya actividades comunitarias en las que cada miembro de los barrios se acerque más al mundo de las bicicletas. También se unirán al Ministerio del Transporte para hacer labores de conciencia entre los choferes sobre la importancia de proteger a los ciclistas y los modos que deben asumir en la vía para convivir con estos.
Sin embargo, quizá más importante que estos ánimos temporales o esporádicos, es el día a día de Vélo Cuba. Porque no hay mejor modo de incitar a algo que ponerlo al alcance de las mayorías. Ese ha sido el signo del taller de muchachas mecánicas desde el primer día: defender su enfoque social desde precios asequibles a todo el público.
Incluso, tienen opciones de descuentos del 50 por ciento para menores y representantes de la tercera edad; 30 por ciento para estudiantes y total gratuidad para quienes acuden con sillones de ruedas o para otros utensilios de personas con discapacidades.
Esas cuentas corren a cargo del taller, explica Nayvis y aclara que a sus muchachas se les paga todo el dinero del arreglo que hacen; el descuento sale de las gavetas de la pequeña empresa. Aunque esta no es una suma visible, los cálculos están hechos, dice la "gerente": han sido más de 837.000 pesos desde 2014 hasta hoy en beneficio de las personas, señala.
Y, hablando de pago al personal de trabajo, es importante el propósito de Nayvis: que las mecánicas cobren el ciento por ciento de las reparaciones que hacen; el taller debe sustentarse de conceptos de renta u otros servicios. Hacia ese momento van. Por ahora, 50 por ciento de lo laborado continúa siendo una buena cantidad, teniendo en cuenta que, semanalmente, cada una de ellas puede alcanzar entre 35 y 40 CUC en jornadas de siete horas de lunes a sábados, además de lo que obtengan por los contratos de renta que completen y por preparar las bicicletas para el cicloturismo.
Entonces sí se puede existir con esas tarifas, demuestran las jóvenes cuando se les compara con los exacerbados precios de otros talleres especializados. Por eso la gente cada vez más viene a ellas. Así lo previó Nayvis. Sabe que lo importante es crecer y extenderse a más lugares y no pretender explotar a cada persona necesitada de esos servicios.
Cuando alguien llega a alguno de nuestros talleres y ve que le cobramos cifras módicas en moneda nacional por los mismos arreglos que otros les imponen elevados montos en CUC, y contamos con las mismas herramientas especializadas y los conocimientos elevados de nuestras mecánicas, se deciden por permanecer con nosotras, cuenta la emprendedora, satisfecha de sus filosofías de empresa y de que hoy posean una base de datos con más de 600 clientes, una cantidad que seguirá creciendo, sobre todo porque se llevan a casa su bicicleta y una guía de consejos expertos en sus cuidados.
Nayvis habla sin parar de sus sueños y propósitos. Sabe que están al doblar de la esquina. Llevarán sus esfuerzos, claro está. Pero de 2014 hasta hoy mucho se ha andado. Y se seguirá andando: con alma femenina sobre dos ruedas. Porque ser mecánica, dicen ellas, no lleva gran fuerza física, sino el detalle y la precisión que solo el conocimiento forma. Para alistar a todas las jóvenes que se decidan por este camino están preparadas en Vélo Cuba.

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