Lunes, 27 Febrero 2017 05:14

Como en sus quince

Por  José Raúl Acosta Artiles
Mayda Amador Hernández, propietaria de Green House Mayda Amador Hernández, propietaria de Green House

A todo prejuicio, estereotipo o imprudente criterio ha sobrevivido la casona verde de la Avenida de los Mártires, en la central provincia de Camagüey. Hasta allí llega todo tipo de quinceañera que quiere congelar su presente en una foto, los padres que añoran conservar la sonrisa de su bebé en el portarretrato de la mesita de noche y hasta los chicos que no se resisten a preservar un recuerdo que, en papel impreso, les regala la eterna juventud.
No es ese sitio el de muchachas coquetas con cuerpos semidesnudos o al descubierto, ni tampoco el de modelos que imitan grandes estrellas. La esquina de Avenida de los Mártires y Julio Sanguily ha procurado salvaguardar la celebración de los 15, imprimiéndole, por supuesto, aires de modernidad.

Green House designa el negocio que hace 12 años fundó Mayda Amador Hernández, sin poder desprenderse de sus conocimientos de inglés, el título que la acredita como licenciada en lenguas extranjeras y la pasión que siente por el estudio del idioma inglés. Al cabo de más de una década, esta cubana se siente exitosa y señala a dos imprescindibles: la profesora de la universidad de la que bien aprendió que las costumbres de los pueblos perduran en el tiempo y la pediatra del hijo menor que en cierta ocasión sugirió preparar la casa para hacer fotografías.
Fueron pies forzados en la historia de esta mujer, conocedora del arte de emprender y decidida a crear ese espacio, pese a los obstáculos que la invadieron: convertir su hogar en sitio de trabajo, perder parte de su privacidad y la de la familia o la resistencia del esposo, quién rechazó inicialmente la idea.

Con pesar, Mayda abandonó las clases de inglés y comenzó en el garaje para llegar hasta lo más alto y convertir la azotea en una especie de jardín donde también organiza fiestas y bodas. A diferencia de otros lugares que prestan ese servicio, su Casa Verde se ha distinguido por la combinación de lo clásico y lo moderno en el vestir, recordando la antigua tradición de presentar en sociedad a las jóvenes que arribaban a sus quince primaveras.

El crecimiento de toda pequeña empresa la llevó al perfeccionamiento y modernización de la actividad; a realizar fotos en exteriores, crear un ambiente confortable y familiar para las personas que visitan el negocio y constituir un equipo que facilitara el cumplimiento de cada uno de los procesos de trabajo, no menos complejos, en el ramo de la fotografía. Vestuaristas, maquillistas, fotógrafos y una secretaria ejecutiva conforman el abanico de competencias que no pueden faltar. La familia también se integra en cada tarea y participa como ente activo en la empresa.
Amador refiere cuán difícil es preparar al personal que integra un negocio y el éxodo al que en ocasiones se tiene que enfrentar como proceso lógico de cualquier labor. Constantemente cambia los espacios interiores y crea ideas que le permitan estar a tono con los nuevos tiempos, sin perder el estilo ecléctico de su casona camagüeyana.
Consciente de los estereotipos y prejuicios que hoy inundan la fotografía de quinces, allí hay cabida para todo tipo de jovencitas. En menor medida asisten muchachos, pues no es ajena a los fundamentos patriarcales que, en ocasiones, impiden a los hombres hacerse ese tipo de fotos. No ha dejado de la mano la labor social y con sus ingresos ha promovido la celebración del festejo en el hogar de amparo filial de Camagüey, del cual obtiene grandes recompensas desde el punto de vista humano.
Cuando por fin logra distanciar su hogar del espacio donde trabaja y mantener el equilibrio entre dos polos en los cuales ha sido mediadora durante años, Mayda piensa en sus futuros proyectos. Un estudio para hombres, sin importar edad u orientación sexual, es el próximo reto que se traza. En su negocio todas y todos tendrán la oportunidad de llevarse recuerdos tangibles y concretos de un momento de la vida que no volverá y allí está la magia de la que hace gala su eslogan promocional.
Es exquisita para cada detalle, revisa al dedillo cada imagen e intenta complacer a la clientela con sus productos y servicios. De lunes a sábado baja y sube escaleras, atiende a los hijos, va a la escuela del nieto, calienta la comida, le toma la presión a la madre hipertensa, sale el domingo en la tarde y carga a cuestas con sus 52 años de edad, pero siempre como en sus 15.

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