Viernes, 24 Julio 2015 14:12

María entre todas las mujeres

Por  Claudia Pis Guirola

A esta hora, casi las 10 de la mañana, el Sol no ha podido evaporar por completo el rocío sobre los campos del municipio pinareño San Juan y Martínez. “La meca del tabaco en Cuba”. Así se le llama a esta región occidental, conocida por los altos niveles de calidad del mencionado cultivo.
Nos acompañan casas de tabaco que se empinan desde las laderas con sus formas triangulares, mientras avanzamos sobre una estrecha carretera para encontrar la vivienda de quien se dice es una de las mejores productoras de la zona.
María Luisa Álvarez Alfonso nos recibe en su casa, para luego abrirnos las puertas de aquella construcción donde reposa su tabaco.
Los ojos se demoran un poco en acostumbrarse a la nueva luz. Es un lugar húmedo y oscuro. Mientras, el olfato recibe de pronto un asalto de olores desconocidos. Ella va delante, resuelta, acariciando las hojas ensartadas.
Por momentos se detiene, toma una de estas entre sus manos y la estira. Comprueba que esté bien hidratada y limpia de manchas. Todo parece estar bien.

 Poner los pies en la tierra
La muerte de su padre, a los 13 años, le llevó a aprender los secretos de variedades y estaciones en la zona montañosa de la Cooperativa Hermanos Falcón y le quitó tiempo para soñar con fiestas quinceañeras. Desde entonces, su corazón y manos “pertenecen” a la tierra.
“Cuando me casé, vine a vivir a la cooperativa Jaime Vena, en la comunidad El Cafetal. Junto a mi esposo Isidoro Monterrey continué trabajando en el campo, haciendo todas las labores: sembrar, regar, recoger y atender los semilleros menos guataquear, porque no sé.
“Al fallecer mi esposo, tuve que quedarme al frente de la vega. El murió en junio y yo tuve que entregar sola aquella zafra.
“Terminé y no hallaba qué hacer, no sabía si podría o no. Los vecinos se preguntaban: ¿Qué se va a hacer María ahora con esa vega?
“En septiembre, cuando hubo que preparar los semilleros, me dije: ‘tengo que poner los pies en la tierra’. Empecé, entonces, a obtener buenos resultados y cada día han ido siendo mejores. De eso hace ocho años.
“Lo más difícil fue tener que enfrentarme al campo sin la compañía de mi esposo y tratar con personas a quienes él dirigía, pero hasta el momento me ha ido bien. Todos esos hombres trataron de ayudarme y me son fieles hasta el día de hoy.”
Mujer Habano
Para reconocer los resultados de los productores de tabaco en Cuba, se instauró la condición Hombre Habano. Luego de un riguroso proceso de selección se dan a conocer los nominados por especializaciones.
En 2011, María Luisa recibió una de estas nominaciones, en el apartado de Producción, convirtiéndose en la primera mujer en ser reconocida por las labores directamente relacionadas con la tierra. El hecho llamó la atención, pues tradicionalmente, este trabajo es “cosa de hombres”.
Un promedio anual de rendimiento por cosecha de 400 quintales por caballería y su actitud ante el campo la han hecho merecedora de gran prestigio, dentro y fuera de la cooperativa.
Según María, las claves son preparar bien la tierra, sembrar buenas posturas y darle todos los golpes a tiempo al tabaco, porque de él no te puedes separar nunca. “Cuando tengo mi campo sembrado, a las siete de la mañana ya le estoy dando una vuelta a ver cómo va, y en él me complace sembrar, recolectarlo, todo…”
Hasta el regazo del Sol
“Aunque sea un trabajo muy fuerte, me gusta trabajar en el campo. La mujer debe destacarse en el lugar donde esté situada y según las oportunidades que haya tenido; a mí me tocó esto y aquí estoy.
Así es, contra todo estereotipo, María Luisa Álvarez Alfonso; una que entre todas las mujeres, y como tantas otras, decidió tomar las riendas, abrazar con los brazos la tierra y continuar el camino como las semillas: desde la oscuridad hasta el regazo del Sol.

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