Ellas cuentan (35)

Janet Moreno Mendinueta es la única árbitro de béisbol de ligas mayores en el mundo. Ella está adaptada a ser la primera en todo lo que emprende

“Cuando empecé había un receptor que, cuando estaba en home, me decía: ‘Mi amor, nunca he tenido una dama detrás de mí’. Y yo le contesté: ‘Usted tiene que mirar para el pitcher; a mi esposo no le gusta que me estén mirando en el terreno de pelota’. Luego vino a batear y siguió: ‘Tu esposo no está aquí, te puedo mirar’. Entonces le tiraron tres lanzamientos al medio y le metí ‘ponchao’. ‘Pensándolo bien, ya no te miro más’, soltó y se alejó del cajón”.
Con esta anécdota resume Janet Moreno Mendinueta la cantidad de hombres “fuera de zona” que se ha encontrado en toda su carrera. Ya no es tan difícil como al principio, pero siempre hay atrevidos que se lanzan a provocarla. El tiempo, el carácter y la educación a los deportistas (¿por qué no?) han consolidado la autoridad de esta mujer que es la única árbitro en el mundo en participar en ligas mayores.
Jamás imaginó que llegaría hasta acá. Siempre la obsesionó el deporte y, de pequeña, debía esconderse de su padre para poder jugar a la pelota con los muchachos de la cuadra. Él siempre la descubría y la regañaba por desafiarlo así. Pero tal vez fue el principal “culpable” de la vida que hoy lleva su hija.
Desde que Janet nació, está en un estadio de pelota, recuerda ella. El right field (jardín derecho) del Latino colindaba con la casa de su papá y, con solo unos meses, él la llevaba para el estadio y hasta le daba su biberón de leche para dormirla entre hits y jonrones. “Así empezó mi pasión por el béisbol”, resume quien lleva ya su decimotercera Serie Nacional como árbitro.

Lunes, 04 Diciembre 2017 16:25

El día en que todo cambió

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Milaidis Herrera Hechavarría cambió el modo de verse a sí misma cuando adquirió herramientas para superar sus problemas de autoestima. A sus 49 años, sabe que "Si no te amas, no puedes dar amor"
Todo comenzó por una primera vez. Cuando Milaidis Herrera Hechavarría llegó a su casa, supo que jamás volvería a hacer las cosas del mismo modo. No importaban sus más de cuatro décadas, ni la forma en la que había vivido hasta entonces. Siempre era un buen momento para cambiar. "Ese día le dije a mi marido que me alcanzara el cubo del agua hasta el baño. Él me miró extrañado porque se había adaptado a que se lo llevara yo a él. Me dijo "¿Y a ti qué te pasó?". Entonces le expliqué y lo convencí de que se había acostumbrado a algo que no iba a ser más", recuerda.

Así cuenta esta mujer el día en que regresó del primer encuentro en el taller de género. Esa misma tarde se dio cuenta de que estaba reproduciendo el modelo patriarcal de su familia, en la que su mamá hacía todo lo que su esposo quería. Hasta que, una vez, él la dejó para siempre y se divorció también de sus cinco hijas. Puede que ese haya sido el inicio de todo lo que Milaidis aprendió a sufrir y callar.

Viernes, 29 Septiembre 2017 14:11

Al timón de su vida

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Muchas son las mujeres que trabajan como conductoras de vehículos en Cuba y aún la sociedad no se acostumbra. Esta es la historia de una de ellas, como pudiera ser la de otra cualquiera

Llevaba a Camila a todo dar. Claro, de un modo soportable, pero más alegre de la cuenta. Cantaba (¡cómo no!) con el estilo adolescente y despreocupado que solo lleva quien está disfrutando la vida. Daba golpecitos al timón y movía la cabeza de vez en cuando, si algún acorde la emocionaba más o llegaba esa frase de la canción que le tocaba el alma. Se notaba que era un variado musical creado por ella. Después venía Celine Dion y la joven seguía tarareando con total fluidez. Sin dudas, lo había preparado para sus jornadas laborales al timón. Quién sabe como antídoto de qué.
Si había pasado los 30, los disimulaba muy bien. Tal vez ayudaban las uñas bien rosadas o esos aretes atrevidos que colgaban de una gorra nada discreta. Amarilla, como el taxi rutero que manejaba, era esa gorra. Y, junto a las gafas oscuras, completaba el atuendo irreverente de esta novel choferesa (¿o debo decirle chofer?) de taxis ruteros, de la cooperativa 2, en la nueva línea que une Mantilla con el Vedado, y que cobra cinco, 10 o 15 pesos de acuerdo al tramo, porque tiene la ventaja también de ser en autos pequeños, de cinco plazas (cuatro, menos quien maneja) y hasta ostentar la marca Hyundai y llevar, de vez en cuando, algo de aire acondicionado. 

Jueves, 24 Agosto 2017 02:23

Dos caras de la misma moneda

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Teresa y Ana son dos mujeres con varias condiciones en común: decididas, emprendedoras, que luchan por alcanzar sus sueños sin levantar los pies de la tierra.
Ellas no se conocen, ni siquiera por terceras personas. Una vive en Matanzas, la otra en Pinar del Río. También tienen edades distintas. Pero la peluquería, las ganas de hacer bien y las circunstancias han hecho que Teresa y Ana figuren juntas en este trabajo, como dos caras de la misma moneda.

Las muchachas de Vélo Cuba se esmeran en marcar la diferencia. Por eso reparan bicicletas a bajos precios y con elevada sabiduría.

¿Qué iba a hacer Nayvis Díaz con un carro en medio de un contexto económico tan inestable? ¿Y cuándo no hubiera gasolina? ¿Y cuándo todo se hiciera más difícil para mantenerlo en buen estado? ¿Y cómo viviría mientras tanto? Todas esas preguntas se hizo antes de vender su Peugeot para invertir el dinero en un negocio. ¿Cuál sería? Habría que ver.
Luego de un minucioso estudio de mercado, y signada también por un pasado a base de pedales (20 kilómetros diarios la separaban de su casa en el Vedado y su universidad en la CUJAE), Nayvis se decidió por invertir en bicicletas. Como tenía el conocimiento técnico al alcance (su amiga Daylín Carbó era una velocista y mecánica bien ducha), no hubo más que arreglar. Ella y su compañera se lanzaron a la carga.
Así nació Vélo Cuba hace alrededor de tres años: rentando bicicletas propias y reparando las de cualquiera que se llegara por allá. Mientras que en los días iniciales pensaron que podrían entre las dos, unas jornadas después debieron empezar a contratar personal: una muestra evidente de la necesidad del servicio de reparación que tenía la población habanera.
Y no solo en La Habana, sino en todo el país, piensa Nayvis. Por eso marcó en el nombre de su pequeña empresa el ansia por crecer un día hacia todas las provincias. Hoy abarcan dos municipios de la ciudad (Vedado y Habana Vieja), pero ya andan en estudios por algunos territorios más periféricos, como resultados de las propias demandas de la población, que sigue necesitando más de sus especializados servicios. Y esto pudiera crecer si algunas condiciones, ausentes ahora, estuvieran.