Ellas cuentan (33)

Circuito Líquido es un espacio de gestión cultural. Lo es desde la concepción de sus creadoras, desde sus objetivos y con cada acción que promueve. Su principal propósito es generar oportunidades educativas para aquellas personas interesadas en crear, con énfasis en la comunidad universitaria y la artística. Para materializarlo realizan pasantías de gestión cultural, webinars, cursos online, coachings, talleres, seminarios enfocados en los campos de la gestión cultural, las artes visuales, el audiovisual y la mediación artística.
La equidad de género resulta un tema que atraviesa todos los contenidos promovidos por Circuito Líquido, de ahí que muchas de las acciones que convocan posean un fuerte sustento en este sentido, como el reciente concurso de Fotografía Feminista, en el cual el premio quedó desierto; pero obtuvo una mención la obra Selfsupporting, de Wanda Canals.

Conversar con Mariela Brito es adentrarse en el universo de muchos personajes que representan la cubanidad y las esencias de esta isla. No señala ninguno en particular porque se siente parte de todos o porque también ellos la poseen en una especie de diálogo que solo la actriz puede descifrar. Eslabón inseparable del grupo teatral El ciervo encantado, que dirige Nelda Castillo, llegó a la actuación por accidente. Fue la especialidad de teatrología el camino más cercano para alcanzar ese anhelo, pues en su natal Matanzas la convocatoria de actuación no abrió en 1986.
Seis años después, su carrera se uniría al talento de Nelda para incursionar como observadora en los talleres que la maestra impartía en el Instituto Superior de Arte; un período que en 1996 la hizo fundadora de la compañía y la guió hasta la actualidad para hacer del teatro el hogar en el que crece esa profesión que le apasiona.
Apostando por una estética que defiende el performance dentro de las artes escénicas, Mariela ha sido protagonista de un sinnúmero de historias que intentan problematizar sobre la Cuba de estos tiempos. Poner el centro de atención en los procesos sociales que emergen, como parte de la aplicación de nuevas reformas económicas, es la línea que defiende desde hace algunos años.

Lunes, 27 Febrero 2017 05:14

Como en sus quince

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A todo prejuicio, estereotipo o imprudente criterio ha sobrevivido la casona verde de la Avenida de los Mártires, en la central provincia de Camagüey. Hasta allí llega todo tipo de quinceañera que quiere congelar su presente en una foto, los padres que añoran conservar la sonrisa de su bebé en el portarretrato de la mesita de noche y hasta los chicos que no se resisten a preservar un recuerdo que, en papel impreso, les regala la eterna juventud.
No es ese sitio el de muchachas coquetas con cuerpos semidesnudos o al descubierto, ni tampoco el de modelos que imitan grandes estrellas. La esquina de Avenida de los Mártires y Julio Sanguily ha procurado salvaguardar la celebración de los 15, imprimiéndole, por supuesto, aires de modernidad.

Grether Rosado González no es pitonisa ni cartomántica, pero se siente segura de su futuro e incluso lo avizora con optimismo. Sabe que la combinación perfecta para echar a andar cualquier emprendimiento en Cuba es la mezcla de paciencia, resistencia, persistencia e insistencia. Y se ríe cuando lo enuncia porque el sacrificio, los intentos fallidos, las horas sin dormir o los tragos amargos son recuerdos que hoy cambia por el éxito y crecimiento de su pequeño negocio.
En el nuevo boulevard de la calle 25, entre M y N, promueve un ejercicio aeróbico y de piernas poco conocido en la Isla. La gota gorda da nombre al spinning que hace gala de la conocida expresión cubana "a sudar la gota gorda".

A Dulce María Torres no le temblaron las piernas cuando decidió echar a andar por el difícil camino de emprender. Con casi seis décadas sobre sus hombros, solo pensaba en qué hacer para mantener los ingresos personales y no quedarse al mando de la cocina o frente al televisor, luego de la jubilación. Las nuevas reformas económicas y ampliación del trabajo por cuenta propia facilitaron la decisión en la que no faltó el consenso familiar.
Con el reto de asumir una jornada, que no sería nada fácil, abrió en 2014 su pequeño negocio. Pensó primero en plasticar, pero fue su hija Hilda quien sugirió buscar un nicho de mercado y diferenciarse de la competencia; amplia en ese entorno.
Apostar por la encuadernación de documentos fue entonces la manera de distinguirse. Junto a su esposo Félix anduvo por el más recóndito lugar, desde un Photoservice hasta otros emprendimientos que tenían la misma finalidad. Había que estudiar el mercado, los precios y, sobre todo, ver la calidad con qué otros realizaban el mismo trabajo, cuenta ahora.