Ellas cuentan (29)

A Dulce María Torres no le temblaron las piernas cuando decidió echar a andar por el difícil camino de emprender. Con casi seis décadas sobre sus hombros, solo pensaba en qué hacer para mantener los ingresos personales y no quedarse al mando de la cocina o frente al televisor, luego de la jubilación. Las nuevas reformas económicas y ampliación del trabajo por cuenta propia facilitaron la decisión en la que no faltó el consenso familiar.
Con el reto de asumir una jornada, que no sería nada fácil, abrió en 2014 su pequeño negocio. Pensó primero en plasticar, pero fue su hija Hilda quien sugirió buscar un nicho de mercado y diferenciarse de la competencia; amplia en ese entorno.
Apostar por la encuadernación de documentos fue entonces la manera de distinguirse. Junto a su esposo Félix anduvo por el más recóndito lugar, desde un Photoservice hasta otros emprendimientos que tenían la misma finalidad. Había que estudiar el mercado, los precios y, sobre todo, ver la calidad con qué otros realizaban el mismo trabajo, cuenta ahora. 

El arte de creación grupal es un hecho entre las mujeres cubanas. Así lo demuestran Yailyn y Amarilys González, las integrantes de Plastic Guajiras, un proyecto que tiene mucho para decir y hacer fuera de los códigos convencionales

Cuando se indaga un poco por las artes plásticas protagonizadas por mujeres en Cuba, bien se sabe que no hay muchos nombres para conformar una lista. Razones aparte y clasificaciones fuera, lo cierto es que, con excepción de algunas que se han colado entre la élite por sus incomparables cualidades artísticas, resulta difícil hallar mujeres en un mundo que no tiene razones para ser mayoritariamente masculino.
Por esa particularidad de minoría, y porque entre las jóvenes resulta más complicado aún imponerse, la historia de Plastic Guajiras resulta tan interesante. Nacidas del Grupo 609 --presente en cualquier estudio de todo lo innovador que se hizo en las academias y con sello femenino--, Yailyn y Amarilys González continúan creando. Y así seguirán, porque esa es su esencia.
Aunque combinan a diario sus caracteres, en la actualidad Yailyn no reside permanentemente en Cuba. Pero eso no le impide contestar algunas preguntas sobre su devenir artístico y el destino de las mujeres cubanas en el mundo de las artes plásticas. Mientras, Amarilys se prepara para una nueva expo.

Ya sé que hay prisa y que las urgencias suelen consumir el tiempo. No hay experimentos posibles ni ganas de indagar cuando la premura ataca. Pero tómese un momento y déjese involucrar en la pesquisa simple que le propongo.
Descúbralo usted por cuenta propia para que no parezca que vengo a imponer verdades. Dedique cinco minutos a navegar por cualquier página web cubana de ofertas de empleo y aparte los anuncios que ofrecen puestos en cafeterías o negocios privados. Fíjese entonces si hay alguno que no tenga estas dos exigencias para quienes aspirarán por los puestos:" Muchacha, joven y de buena apariencia". ¿Consiguió alguno?
Si no es suficiente con esta prueba en línea y conoce o es una persona mayor de 40 años, con un cuerpo lejano del patrón de belleza establecido y el escaparate poco provisto de modelos del último grito de la moda… lléguese a algún sitio no estatal de los que ofrecen plazas para atender al público.

Viernes, 22 Julio 2016 15:44

Estampas en tres tiempos

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Son un triunvirato de generaciones haciendo arte utilitario. El poder está en ellas y su talento es el responsable de su éxito. Pero también el carácter y la pasión. Porque en la vida nada camina si no se encuentra el modo de hacerlo andar y no se le estimula con el amor y hasta la obsesión. Así lo evidencian estas cuatro mujeres.
"Sueño, me levanto y paso el día pensando en telas. Soy de las que piensa que con tela se puede hacer de todo. He hecho tantas cosas con tela que no te puedes imaginar", me suelta Lucy Amador, la mayor de las de Estampas, la abuela de Alejandra Fernández, la madre de Ania y Katia Reyna. Sin ella no hubiera iniciado nada. Sin ella, este proyecto textil no iría ya por dos décadas de historia. Sin embargo, siguen creando como el primer día. Casi en todos los sentidos.
Y se piensa en que mantienen su condición de principiantes, sobre todo, por el amor que dedican a sus piezas. Está claro que esta comparación con los inicios no tiene nada que ver con la inexperiencia o la falta de perfección; esas no son cosas que se vean por aquellos lares tan estilizados y permeados de buen gusto. Pero, a pesar del tiempo y los constantes resultados entre especialistas y consumidores de las obras de Estampas, estas mujeres siguen creando desde su hogar y con estrategias de subsistencia y obtención de sus productos que nada tienen que envidiar a las travesías de quienes comienzan. Ese es el saldo de vivir en un país con limitado acceso al mercado internacional. De todo eso da cuenta la inventiva de estas artistas.

Miércoles, 29 Junio 2016 02:12

Para ganar, hay que arriesgar

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Las acciones creativas, por lo general, suman y restan.
Suman placer, realización profesional, crecimiento espiritual... Y restan ahí, donde las normas se estiran o contraen, según las circunstancias.
Escribir --ya no como acto, sino como forma de vida-- resulta una profesión compleja, más allá de los recursos expresivos y lingüísticos.
Se trata de un hecho que, con su consumación (aun cuando concluya en una obra relevante), no garantiza un premio monetario. O sí, pero una remuneración no constante, variable.
Exige, además, horas fuera de lo que identificamos como horario laboral, un rincón de paz para dar rienda suelta a las musas y otros elementos que las ayuden, según las "manías" de quien se da a la creación.
Para una mujer joven, cubana, la escritura puede simbolizar su proyección presente y futura de ser y expresarse ante el mundo; sin embargo, detrás del éxito, las lecturas y la fantasía que los públicos tejan alrededor de sus páginas, existe un entramado bien complejo de equilibrio de varias índoles.
Elaine Vilar Madruga, destacada representante de la joven literatura nacional, refiere sus estrategias para sustentar este oficio.