Ellas cuentan (35)

Iraida Ordaz Franco es una mujer que transmite paz, mediante su voz melodiosa, la cadencia suave, su conversación centrada, sus gestos contenidos... Pero, a la vez, es una persona muy fuerte. Lo reafirma su perseverancia ante los sueños y los anhelos, supuestamente imposibles.
Su historia está ligada a una casa, en la calle Amargura de La Habana Vieja, y por muy hermosa que sea la vista del inmueble en estos tiempos, el pasado no fue tan llamativo.
La edificación, a la que Ordaz nombró Mi sueño, data de la segunda mitad siglo XVIII. Cuentan los registros oficiales de La Habana colonial que su propietario, el Álferez D. Francisco del Pico (natural de Galicia), tenía varias deudas con distintos acreedores, por lo cual en 1759 perdió la casa y también un grupo de esclavos.
Después de este suceso pasó a varios dueños, quienes en su mayoría la usaban para alquilar. Esta condición de arrendamiento contribuyó a su deterioro paulatino, hasta que uno de los últimos propietarios, cerca de finales del siglo XVIII, realizó reconstrucciones en algunas de sus áreas y elevó la calidad y los valores de la edificación.
No obstante estas remodelaciones, la casa siguió siendo arrendada a familias diversas hasta 1959, cuando triunfó la Revolución cubana y pasó a ser una ciudadela donde convivían núcleos numerosos.
Por esta fecha comenzaron los lazos entre la edificación y la propietaria.
A mitad de los años noventa del siglo XX, Iraida Ordaz encabezó las diversas solicitudes de los inquilinos a la Oficina de Conservación del Centro Histórico de la Ciudad. Tiempo, paciencia e inversiones llevaron el sitio a un profundo trabajo de intervención y remodelación.

Amalia Gómez Marcheco, Amy, como recalca en su perfil de Facebook, es una emprendedora de la tecnología con enfoque de género.

La joven, graduada de Ciencias de la Computación en la Universidad de La Habana e integrante del proyecto Delta (Show humorístico de ciencia y tecnología), es fundadora de Sigma.
Este es un proyecto diseñado para promover la inclusión de las mujeres en el estudio de las carreras universitarias de ciencia y tecnología, y elevar su participación en iniciativas de esta índole.
Mujeres Emprendedoras conversa con Amalia sobre detalles de Sigma y su visión en cuanto a las mujeres en el desarrollo tecnológico.

¿En qué circunstancias surge Sigma?
El proyecto comienza en agosto de 2016, gracias a que la Facultad de Matemática y Computación de la Universidad de La Habana tiene una larga tradición de proyectos y eventos sobre socialización de la ciencia.
Desde que comencé la universidad, Fernando Rodríguez (profesor de la facultad, director del proyecto Delta) se encargaba de organizar y dirigir gran parte de estas actividades.
Él y un grupo de muchachos ya habían fundado el Proyecto Delta, al que me uní un año después.
Fernando y yo habíamos estado discutiendo sobre cómo mejorar la formación vocacional en los preuniversitarios y entonces le dije que quería hacer algo con un enfoque de género, a raíz del pequeño porcentaje que representan las mujeres en las carreras de ciencia y tecnología.
Estaba en 4to año de Ciencias de la Computación y la presencia femenina en mi año de la carrera era de menos de 20 por ciento. Hay una corriente mundial por la inclusión de chicas en STEM (disciplinas académicas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) muy fuerte y quería que nos sumáramos a ella, pues en Cuba no existía ningún proyecto de este tipo. Creo que aún somos el único.

La joven empresaria dirige tres negocios rentables y completamente diferentes en el panorama económico de la isla.

Marta Deus es ahora mismo una mujer única en el entorno empresarial de la isla. Cuando pareciera que es tendencia en la juventud cubana el deseo de emigrar para adquirir mejores oportunidades económicas, ella regresa de España. Se repatria. Apuesta por Cuba. Invierte. Emprende.
Aun cuando vivió 13 años fuera del país, consideró este tiempo suficiente para adquirir habilidades en dirección empresarial y administración. Y volvió. Con ganas de articular sus conocimientos y de apostar por el sector privado en la nación caribeña.
Por eso, ahora mismo, existen pocas que como ella coordinen o dirijan tres modelos de negocios completamente diversos. A su cargo está el grupo Deus Expertos Contables, Mandao Express (agencia de paquetería interna en La Habana) y la revista económica Negolution.
Para iniciar semejante reto, Deus contó con una capacitación en economía en la Universidad Internacional de Florida (FIU, en sus siglas en inglés). "Y me mantengo actualizada sobre temas de emprendimiento para así alcanzar un mejor resultado", explicó.
Así se lo propone. Y lo logra. Ha tenido, incluso la posibilidad de intercambiar experiencias con centenares de pequeños empresarios e inversionistas en importantes encuentros como Tech Crunch en San Francisco, Estados Unidos, y el Global Entrepeneurship Summit (GES) en la India.

En junio de 2017, la única representante cubana a la Olimpiada de Matemática de Centroamérica y el Caribe, Sofía Albizu- Campos Rodríguez, alcanzó oro absoluto en este certamen.

Sofía Albizu- Campos Rodríguez es una joven cubana como cualquier otra; vive al ritmo de los sueños, degustando cada día, cada nueva experiencia… Sin embargo, esta alumna del Instituto Preuniversitario de Ciencias Exactas (IPVCE) Vladimir Ilich Lenin, de La Habana, tiene un don para la Matemática.
Su apego por los números y su tenacidad para consolidar tales saberes hicieron que, en el pasado mes de junio, participara en la XIX Olimpiada de Matemática de Centroamérica y El Caribe (OMCC) como única representante de la nación cubana.
La cita resultó un momento de verdadero estrés para Sofía, pues todo el peso del encuentro recaía sobre sus conocimientos y habilidades. No obstante la tensión, Albizu- Campos enfrentó de manera perfecta las dos pruebas que exigían resolver tres problemas en cuatro horas.
El interés por esta materia la acompaña desde los primeros años de su vida, cuando apenas empezaba la enseñanza primaria y ya resolvía cuentas complejas. Sofía ha roto el esquema de muchos educadores, ha desmontado estereotipos vinculados con la educación de que las Ciencias son para los varones y las Letras, para las niñas.

Carmen Monteagudo es una mujer con suerte. Con la suerte de poder realizar parte de sus sueños; no solo por el deseo de proyectarlos a tono con la realidad, sino por planificarlos y buscar las herramientas precisas para que fluyan.
Luego de trabajar por muchos años para la cooperación internacional en Cuba e interactuar con temas como el género, el medio ambiente, la agroecología…, esta cubana optó por situar dichos saberes en una plataforma más pública, a modo de emprendimiento privado.
Fue así que en el 2012 creó, junto al experto en jardinería Evelio Pérez, la jardinería integral con prácticas ecológicas y cultura ambiental, Oasis Nelva. Tres años más tarde, en el entrepiso del local arrendado, Carmen abrió las puertas de una extensión de su proyecto inicial: un espacio con ofertas de bebidas, café e infusiones, jugos naturales, ensaladas de frutas y vegetales, entrepanes y crepés.
Tanto la jardinería, como la Crepería, son objeto de atención por el público que transita por la calle Muralla, en el casco histórico de La Habana. El acoplo de sus objetivos, ofertas y las proyecciones del personal, dan fe de un negocio muy bien pensado.

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