Por Susana Gomes Bugallo

“La directora de la escuela examinó las heridas de Carla. Estaba muy molesta con aquel grupo de niños cobardes que esperaba en su despacho. ‘¿Se puede saber por qué le pegaron a Carla?’. Tardaron en responder. Se miraron inquietos. Por fin alguien dijo: ‘Porque no es como las otras’”.

Con esta adaptación del cuento Carlos y el fútbol comienza el texto Educar para la igualdad. Propuesta para la prevención y atención educativa de la violencia de género en el contexto escolar, del colectivo de autores Yoanka Rodney Rodríguez, Kenia Lorenzo Chávez, Yuliet Cruz Martínez y Jesús E. Muñoz Machín.

Dicho texto mereció el Premio Innovación Tecnológica 2018. Y no es para menos. Sobre todo, si se tiene en cuenta que el contexto escolar es fuente de dolores y felicidades, cuando de la infancia se trata. ¿Qué mejor etapa para formar lo bueno y darle otro camino a lo malo?

Así lo enuncia el volumen desde sus comienzos, cuando afirma que “promover desde edades tempranas modelos equitativos en las relaciones es, quizás, la mejor manera de avanzar hacia una convivencia pacífica, colaboradora y plena, donde no haya espacio para los estereotipos y la violencia, fundamentalmente la que se ejerce por razones de género. Se trata entonces de que cada niña, niño y adolescente se sienta libre de explorar y expresar todo su potencial, sin que ello implique dañar a otra persona”.

Es por eso que sus autores reconocen que su texto —poseedor de los resultados de un profundo proceso de investigación y sistematización de estudios sobre la violencia de género en Cuba— permitirá disponer de una base teórica propia para continuar tratando este flagelo social en el país.

Esta herramienta puede servir para el trabajo en la educación y elevar el conocimiento del profesorado sobre los temas de género y violencia, además de resultar útil a los medios de comunicación, han afirmado en las diferentes presentaciones del volumen.

Educar para la igualdad… tiene 81 páginas y está dividido en cinco capítulos: “Brújula hacia la no violencia”; “Violencia en las escuelas: rutas conceptuales”; “Tiempo para (des)aprender: género, estereotipos y sexismo”; “Ponlo en práctica: herramientas para la prevención”; y “De interés”.

A través de estos cinco momentos, se lleva a quienes harán uso del libro a que encuentren el mejor modo de aplicar los conocimientos científicos a los contextos reales y todas sus características.

Se les brinda una introducción que ayuda a entender mejor las diferentes formas ocultas de la violencia y a desenmascararlas. Luego es importantes saber qué hacer cuando se detectan y, en el caso de quienes educan, aprender el mejor modo de llevar los conocimientos a quienes están comenzando su formación en la vida. Es por eso que el libro ofrece herramientas para transformar las conductas y actitudes en las diversas situaciones, e insiste en la sensibilización para la necesidad de educar en el respeto a la diversidad y el estímulo al desarrollo de conductas hacia la igualdad.

Hay que ver la escuela como un espacio de potencialidades para aprender y no como el contexto en el que se impongan los estereotipos familiares y sociales heredados, pues entonces continuaríamos con los casos de bullyng que ya la prensa se ha encargado de reflejar en diferentes ocasiones y cada familia enfrenta a su modo. En esto enfatiza el libro del que hablamos.

Otros de los propósitos de dicho estudio es ofrecer pistas para el tratamiento y la prevención de la violencia desde la escuela, así como reconocer los elementos esenciales que caracterizan y hacen de la violencia un fenómeno social y complejo, que impacta en dichos espacios.

Además, sus autores explican que se han adentrado en las peculiaridades de la violencia de género en el contexto escolar, para conseguir abordar los mitos, realidades e indicadores que visualizan e instan a superar el sexismo, así como divulgar diversos estudios sobre la temática en el contexto cubano. El texto funciona, igualmente, como un llamado de atención a las autoridades educativas para prevenir la violencia de género.

Todo parte de dos secciones que sus investigadores describen como guía para poner a funcionar el libro: Nota para la igualdad (se encarga de brindar mensajes al profesorado desde una perspectiva co-educativa) y El pizarrón (propone pistas metodológicas que contribuyen a la educación para la igualdad). Estas iniciativas contribuyen a que se trate de un texto claro, ameno y cercano para aquellas personas que lo usarán más.

Pero, amén de sus valores investigativos y profesionales, el libro multiplica su importancia por el mero hecho de que viene a llenar un espacio no ocupado por ninguna materia en el ámbito escolar cubano, que hasta ahora lo más cercano que posee relacionado con el género es una Resolución Ministerial de 2011 que solamente enuncia la importancia de educar en derechos sexuales e igualdad de género.

Un punto fuerte que ha destacado Yoanka Rodney en entrevistas recientes es el plus que le confiere al manual el hecho de que cada uno de los resultados y experiencias son fruto del trabajo fuerte de otros profesionales del área y están basados en el contexto cubano.

Con todos estos vientos a su favor, no hay dudas de que Educar para la igualdad… es un libro que no debe faltar en ninguna escuela cubana. De quienes educan, diseñan los programas de estudio y están al frente de las aulas depende que se emplee con toda la intensidad que merece. Así se estará a un paso más de conseguir escuelas no solo libres de homofobia y transfobia, sino también de estereotipos de género que desembocan en discriminaciones y violencias.

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