Por la redacción

Nuestra región posee las legislaciones más rígidas en cuestiones reproductivas. Cuba es uno de los únicos dos países en los que es legal la interrupción del embarazo, sin excepción alguna.

Ácido en la vagina, una sonda introducida, preparados caseros que alguien oyó de otro alguien, o asistencia forzada de cualquier ser humano que prometa seguridad y solo quiera dinero…. Las más cuidadosas accederán a medicamentos clandestinos en el mercado negro. Pero pueden fallar al usarlos…. Y fallan.

Estas son algunas de las situaciones a las que debe exponerse más del 90 por ciento de las mujeres en Latinoamérica, región geográfica con las leyes reproductivas más severas del planeta.

Solo Cuba, Uruguay y la capital de México ofrecen respaldo legal para el aborto, sin excepción alguna. En Colombia, Brasil, Chile, Ecuador, Paraguay, Venezuela, República Dominicana, Honduras, Bolivia y Perú solo se permite bajo tres causales: violación, deformación del feto o riesgo en la vida de la madre. México la aprueba si se trata de violación. Mas, la realidad evidencia que las trabas burocráticas demoran tanto la aprobación del aborto en cada caso que, cuando ya dan el sí, es demasiado tarde para las mujeres.

Otras tres naciones condenan la interrupción sin excepción alguna: Haití, Nicaragua y El Salvador. En esta última nación se puede condenar hasta con 50 años de cárcel, y existen hasta casos de mujeres privadas de su libertad, a pesar de que alegan que se trata de pérdida involuntaria. Así de impactante.

Por estos días, Argentina pudo haberse convertido en el tercer país latinoamericano donde sería completamente legal practicar un aborto si la mujer decide que no llevará el embarazo hasta su término. Pero fueron 38 votos en contra, 31 a favor y dos abstenciones. Esa fue la suerte final de una lucha legal que se emprende por octava ocasión camino a los tribunales.

Y que vuelve a fallar por disímiles causas. La nación del Papa Francisco es fuertemente católica y considera que el aborto es un homicidio de niños; la política desfavorece el triunfo de este cambio porque el Senado está compuesto de modo conservador y hacia allí siempre deben llegar las propuestas para ser aprobadas. O no. Y, por otra parte, muchas figuras influyentes del poder manifestaron públicamente su desacuerdo.

Fueron cinco meses de debate sobre el proyecto de ley que aprobaba la interrupción voluntaria del embarazo, en una nación donde en 17 de sus 24 provincias la principal causa de muerte materna está relacionada con los más de 500.000 abortos clandestinos anuales.

Por supuestamente salvar una vida, Argentina está perdiendo dos. No por gusto el reclamo callejero se basaba en tres demandas: seguridad, legalidad y gratuidad. Estudios de la Organización Mundial de Salud (OMS) aseveran que la prohibición no ha disminuido estas intervenciones clandestinas, sino que las ha condenado a métodos inseguros y hasta mortales.

Los números de la región evidencian su paridad con África y Medio Oriente en estos campos. Otro informe de 2012 de la OMS demostraba que 97 por ciento de los abortos en África y 95 por ciento en América Latina son considerados inseguros. Solo entre 2010 y el 2014 se practicaron unos 6,5 millones abortos por año en Latinoamérica, mientras de 1990 a 1994 el número había sido de 4,4 millones.

Los derechos reproductivos son tan humanos como el resto. Por eso vale revisar el atraso que caracteriza a la región en esta materia. En Perú se obligó a una joven de 17 años a parir un feto anencefálico (sin cerebro). Y, no conformes aún, se le forzó a lactarlo durante los cuatro días en los que la criatura vivió. ¿Protección o tortura?

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