Por Dayneris Mesa Padrón

La visión del nuevo campesinado, de los hombres y las mujeres que se ocupen de la tierra, está en plena evolución. Busca un nivel que no solo transita por elevar la productividad, sino el cuidado del medio ambiente y la reconexión de los seres humanos con su planeta.

Éticas y filosofías de vida o trabajo como la permacultura y la agroecología demuestran que es posible regenerar los recursos naturales, sustentar las relaciones entre las especies y mejorar las formas de socializar e integrarse al todo que es este mundo.

Pero, para lograr este paso en la evolución es preciso entenderlo, estudiarlo, investigarlo y transmitirlo de la manera más acertada. En Cuba, son muchas las personas que, de manera aislada o en comunidades, se preocupan y ocupan por este cambio. Yuneidy González Espinosa, graduada de Estudios Socioculturales, es una de las mujeres que en la provincia de Mayabeque realiza una labor de sensibilización y promoción de estos temas.¿Cómo llegas a interesarte por cuestiones ligadas a la tierra, desde un perfil más enfocado a la actividad cultural?

Soy hija de un pequeño agricultor asociado a la Cooperativa de Crédito y Servicio (CCS) Paco Cabrera, del municipio San José de las Lajas, en Mayabeque. Crecí en el campo, en la comunidad de Zaragoza. Apenas con diez 10 empecé a ir a las vegas con mi padre. Tenía una pequeña finca en la cual no vivía y donde trabajaba, principalmente, la ganadería.

Precisamente, desde la licenciatura en Estudios Socioculturales empecé a contribuir con la agricultura. Enseguida quise encaminar mis estudios hacia cuestiones como la cultura agraria, la sociología campesina… por ahí comencé mis acercamientos a la agroecología, la dimensión sociocultural, política y administrativa que esta tiene.

Desde la dimensión sociocultural empecé a investigar cómo promover las prácticas agroecológicas entre el campesinado. Empecé a ver la participación y el protagonismo que tenían los jóvenes y las mujeres en la CCS. Cuando investigué para mi tesis de pregrado, el resultado fue una propuesta de acciones para promover la agroecología.

Enmarqué mi trabajo en la localidad y convoqué a todas las mujeres, no solo a las asociadas a la cooperativa, sino aquellas interesadas en conocer qué era la agroecología. Lo hice pensando que hay muchas que en sus propios patios tienen un conejo, un canterito para plantas medicinales, condimentos… y quería ver de qué forma lo mantenían y si les interesaba aplicar prácticas agroecológicas.

¿Surgieron otras labores a raíz de esta primera investigación?

Sí. También trabajé con alumnos y profesores de un centro escolar mixto de la comunidad. Todo esto fue como parte de la labor extensionista del Instituto de Ciencias y Salud Animal, mi primer centro de trabajo.

Logré una sinergia entre cooperativa, escuela, institución científica y comunidad. Fue muy útil que este centro científico esté enclavado en la propia comunidad, lo cual me facilitó que me vieran como alguien cercano y no como una interventora.

Con el tiempo logré muchas de las acciones ideadas y ya para mi tesis de maestría, sobre trabajo sociocultural universitario, realicé una sistematización de las experiencias.

¿Qué haces en estos momentos para mantener la línea de tus intereses entre la academia y la tierra?

Hace siete meses trabajo en el Instituto Nacional de Ciencias Agrícolas y estoy vinculada al Programa de Innovación agropecuaria local (PIAL). Desde ambos espacios tengo la misión y la responsabilidad social de seguir promocionando prácticas agroecológicas en los campesinos.

¿Y cómo enfocas esta actitud en la familia?

Mi primer trabajo fue sensibilizar a la familia, no solo a mi padre como jefe de núcleo de la finca, sino a las mujeres y a los niños que viven en ella o sacan provecho de sus frutos.

Incentivé el uso de abonos orgánicos. También mi padre se mudó a la finca, que fue un paso de avance para darle el cambio a la diversificación orientada al consumo. Su objeto social con la CCS es la leche y la carne, pero también sembramos cultivos varios, condimentos, plantas medicinales para nuestro consumo.

Mi satisfacción es que hoy mi padre habla de agroecología, de avances de la ciencia, desde sus propios conocimientos y tradiciones, pero con responsabilidad y coherencia ante el cambio. Ya él es un facilitador, un promotor entre los otros campesinos.
Esta es una labor que va más allá del trabajo. Es mi vocación, mi misión en la vida.

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