Viernes, 02 Agosto 2013 00:00

Feminismo y machismo ¿antónimos?

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Las palabras guardan la esencia de su historia, y no en pocas ocasiones se alejan del significado que desde el sentido común nos parece. Ello ocurre con el feminismo. El hecho de que este haya surgido como forma de lucha contra el orden patriarcal –o lo que pudiéramos definir como “machismo”- no implica una intencionalidad de revertir la relación de poder, sí de modificarla, superarla, pero no supone la inversión de la misma.

Si bien han existido múltiples tendencias del feminismo (de la igualdad, de la diferencia, marxista, radicales, etc.) que se originan a partir de la necesidad de lucha por los derechos de las mujeres –comenzando por el derecho al voto- la radicalidad no es lo que caracteriza, en la actualidad, dichas concepciones aún cuando el nombre esté justificado por la necesidad de resaltar en épocas pasadas la figura de la mujer por la extrema posición de marginación a que estaba relegada en la sociedad.

No obstante tanto desde movimientos sociales feministas, como desde supuestos científicos como es el caso de la perspectiva de género que tanto auge tiene en la actualidad, se aboga por una cultura de equidad, de sostenibilidad, a partir de la igualdad de derechos de todos y todas, con independencia de la raza, la clase, la etnia, y fundamentalmente el género.

De modo diferente, el machismo o patriarcado (en términos más científicos), es una cultura que instaura una hegemonía cuyo protagonismo lo tiene lo masculino asignado fundamentalmente al hombre, es por ello que la palabra “hombre” aparece asociada a toda acción o éxito significativo y de participación en la historia de la humanidad, dueños del funcionamiento social, económico, industrial, religioso, político y únicos facultados para hacer su voluntad a partir del sometimiento de las mujeres.

Decir feminismo no supone la conquista de la relación jerárquica de las mujeres con respecto a los hombres, no incluye en su concepción desigualdad, ni lógicas de poder, sino conciencia de las diferencias socio-culturales que determinan a hombres y mujeres, así como reales discriminaciones a las que han estado sometidas esas últimas, y promoción de nuevas formas de concebir la vida de manera innovadora, original y diferente en la cual todos tengamos iguales derechos y oportunidades. El feminismo entonces es una ideología crítica, construida como opción para enfrentar un sistema cultural que se define por la injusticia de las relaciones de género. 

Si bien la demanda del cambio emerge desde las mujeres -y de ahí el nombre de feminismo- por la posición de inferioridad desde las que han sido concebidas en relación a los hombres, los privilegios que implicarían las propuestas, que como filosofía de vida se vienen desarrollando, no solo les compete a ellas, sino también a los hombres, a la naturaleza, a la organización social, a las instituciones y a la sostenibilidad del mundo. Sería desacertado considerar cambios en las mujeres sin que ello conlleve implicaciones en los hombres. El género es una categoría relacional y las relaciones interpersonales e incluso nuestras identidades personales están dadas por nuestra concepción del mundo y nuestros imaginarios, sobre cómo es una mujer, un hombre, lo femenino, lo masculino, la felicidad, la vida, lo bueno, lo malo; de modo que la modificación de concepciones de género implican un cambio en todo el sistema de vida y de pensamiento de los seres humanos en general.

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