Con su trabajo hacen posible la vida de sus familias y propician que otras personas, de otras familias, hagan la suya.
Las empleadas domésticas, con paga y sin ella, siguen teniendo en sus manos la llave de la conciliación familiar y laboral. Limpian, cocinan, friegan, planchan, cuidan, educan, suministran medicamentos y hacen de todo para que la vida en casa no sea un caos y transcurra lo mejor posible, en su devenir cotidiano, para muchas personas.
Sin embargo, el trabajo doméstico, incluso el remunerado, sigue siendo el menos visible y reconocido, todavía hoy, al decir de la doctora en Sociología Magela Romero Almodóvar, autora de varios estudios e indagaciones sobre ese tema y el de cuidados en Cuba.
Con su investigación "El trabajo doméstico remunerado a domicilio en Cuba. Un estudio de caso en Miramar", esta profesora de la Universidad de La Habana defendió a inicios de año su título doctoral, se adentra en una realidad poco estudiada de la actualidad cubana y rescata la historia invisible de un grupo de mujeres que, desde el anonimato, permiten la reproducción de otros grupos humanos.
Es por ello que en diálogo con SEMlac aboga por hacer más visible el valor económico de esa actividad y llama la atención sobre "un trabajo que no existe, aunque existe", asegura, justamente por lo poco que se le reconoce.
Se supone que, con los cambios económicos y las nuevas opciones de empleo, el trabajo doméstico remunerado ha crecido en los últimos años. ¿Es así?

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El trabajo doméstico y de cuidados se sigue abriendo paso en el sector privado en Cuba como oferta laboral remunerada, según se amplía el empleo no estatal y son insuficientes las ofertas estatales de cuidado, constatan sondeos periodísticos y la vida cotidiana.
“Los comportamientos de este tipo de empleo han tenido sus altas y sus bajas, muy asociadas a los movimientos del ciclo económico del país”, asegura a SEMlac la economista Teresa Lara.
El trabajo doméstico y de cuidado remunerado había empezado a reducirse a su mínima expresión en la isla desde la pasada década del sesenta, al calor del triunfo de la Revolución, la incorporación de la mujer al trabajo estatal, la creación de servicios de apoyo al hogar y de legislaciones laborales, sociales y familiares que protegían particularmente a las mujeres.

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En Cuba, el marco legal relacionado con el empleo tiene como base normativa principal la Constitución de la República. A la Ley de leyes le sigue, en jerarquía, el Código del Trabajo y su legislación complementaria, un marco jurídico que fue modificado recientemente a raíz de las transformaciones acontecidas en el mundo del trabajo en el nuevo siglo.
Según refleja el artículo 4 del citado documento, en este se regulan las relaciones de trabajo que se establecen entre empleadores radicados en el territorio nacional y las personas nacionales o extranjeras con residencia permanente en el país, para de ese modo dar cumplimiento a los derechos y deberes recíprocos de las partes (ANPP, 2014: 454). Teniendo en cuenta la centralidad de este documento rector, debe realizarse su lectura profunda, especialmente si se pretende el análisis de desempeños como el doméstico remunerado a domicilio, que ha experimentado un ascenso notable en los últimos años y ha sido poco analizado hasta la fecha.

Empatan un día con el siguiente y un trabajo con el otro, en jornadas consecutivas. Apenas conocen el descanso y al final de agotadoras tareas, sin pago ni vacaciones, siguen diciendo que ellas no trabajan.
Las amas de casa viven, casi siempre, en un laberinto interminable de labores domésticas y rigen sus destinos por una cargada agenda diaria que apenas les deja tiempo para sí mismas. Repartidas entre labores infinitas, complaciendo los gustos, demandas y necesidades de sus hijos, padres y esposos, parecen ser "la última carta de la baraja".
Así se autodefine Vivian Hernández, una habanera de 45 años que estudió, se hizo licenciada en Química, trabajó como universitaria asalariada en un laboratorio y desde hace 15 años, cuando nació su segunda hija, abandonó su puesto de trabajo para convertirse en lo que nunca soñó ser: ama de casa.
"No me quedó otra opción", dice ahora cuando recuerda los días en que, como a muchas cubanas, la crisis económica la llevó a cambiar el mundo laboral por el ámbito doméstico.
"Prácticamente desaparecieron los medios de transporte y me era casi imposible llegar al trabajo. Por si fuera poco, tampoco tenía quien me cuidara la niña. Entonces decidí olvidarme de mi título universitario y quedarme en la casa", explica Hernández.

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La Habana, diciembre (SEMlac).- La necesidad de valorizar el trabajo doméstico no remunerado fue señalada por especialistas y participantes en el 9no. Taller Internacional Mujeres en el Siglo XXI, promovido por la Cátedra de la Mujer de la Universidad de La Habana del 25 al 28 de noviembre.

"No se puede ver solo la fuerza de trabajo cuando se están aportando valores desde la mirada de la economía convencional", señaló la economista Teresa Lara al intervenir en la comisión sobre género y cambios económicos, el 27 de noviembre.

Lara llamó la atención sobre el valor del trabajo no remunerado que se realiza en los hogares y gracias al cual existe fuerza de trabajo, desarrollo y productividad. Entre el 80 y 90 por ciento de ese trabajo lo realizan las mujeres, puntualizó.

La Habana, octubre (Especial de SEMlac).- El trabajo que se produce en los hogares sigue subvalorado social y económicamente, no se le llama trabajo, pocas veces se paga, abarca muchas facetas imprescindibles de la vida y sigue recayendo, sobre todo, en las mujeres.

"Si yo tuviera que pagarle a una persona por lavar y planchar, a otra por limpiar y a una tercera por hacer la comida, los dos salarios que entran a esta casa no alcanzarían para pagarles lo que ahora yo hago, sin cobrar un centavo", asegura Carmen Suárez, residente en la capital cubana.
Suárez está consciente de que contratar esos servicios es un lujo que su familia no puede darse, aunque ella y su esposo trabajan como profesionales. "Pero igual hay que alimentarse, vestirse y tener salud para vivir", señala.

Miércoles, 21 Agosto 2013 00:00

Tiempo: una medida para la inequidad

Las mujeres cubanas dedican más de la mitad de su tiempo a trabajar y lo hacen más intensamente que los hombres, evidencian estudios.

Indagaciones realizadas a fines del pasado siglo por la Oficina Nacional de Estadísticas revelaron que, en todos los grupos de edades, las mujeres triplicaban el tiempo dedicado al trabajo doméstico en relación con los hombres, excepto entre mayores de 60 años, segmento en el cual lo duplicaban.

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La Habana, agosto (Especial de SEMlac).- No aparece en las cuentas nacionales ni consta como sector de empleo en las estadísticas. Sin embargo, el trabajo doméstico se hace a diario dentro del hogar, aunque no se paga y pocas personas reparan en él.
Por si fuera poco, quienes lo realizan son, en abrumadora mayoría, las mujeres, y pocas veces se consideran a sí mismas trabajadoras, porque no reciben paga ni vacaciones.

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Lunes, 24 Junio 2013 18:51

Las mujeres y el trabajo

Estudios e investigaciones afirman que la participación de las cubanas en la economía no se ha correspondido con el aumento de sus conocimientos. Sin embargo, la inserción laboral enmarcada en las relaciones asalariadas no es, necesariamente, la única forma de producir bienes y servicios que ellas tienen en Cuba.

La gran mayoría de las mujeres realizan el trabajo doméstico y de cuidado de sus hogares sin remuneración y, a su vez, contribuyen de forma invisible al desarrollo humano. No existe desarrollo de las fuerzas productivas ni incremento de la productividad sin alimentación, salud y educación, principales necesidades básicas que reciben las personas por el cuidado de sus familiares en los hogares.