Con su trabajo hacen posible la vida de sus familias y propician que otras personas, de otras familias, hagan la suya.
Las empleadas domésticas, con paga y sin ella, siguen teniendo en sus manos la llave de la conciliación familiar y laboral. Limpian, cocinan, friegan, planchan, cuidan, educan, suministran medicamentos y hacen de todo para que la vida en casa no sea un caos y transcurra lo mejor posible, en su devenir cotidiano, para muchas personas.
Sin embargo, el trabajo doméstico, incluso el remunerado, sigue siendo el menos visible y reconocido, todavía hoy, al decir de la doctora en Sociología Magela Romero Almodóvar, autora de varios estudios e indagaciones sobre ese tema y el de cuidados en Cuba.
Con su investigación "El trabajo doméstico remunerado a domicilio en Cuba. Un estudio de caso en Miramar", esta profesora de la Universidad de La Habana defendió a inicios de año su título doctoral, se adentra en una realidad poco estudiada de la actualidad cubana y rescata la historia invisible de un grupo de mujeres que, desde el anonimato, permiten la reproducción de otros grupos humanos.
Es por ello que en diálogo con SEMlac aboga por hacer más visible el valor económico de esa actividad y llama la atención sobre "un trabajo que no existe, aunque existe", asegura, justamente por lo poco que se le reconoce.
Se supone que, con los cambios económicos y las nuevas opciones de empleo, el trabajo doméstico remunerado ha crecido en los últimos años. ¿Es así?

Publicado en CULTURA DE GÉNERO
Lunes, 19 Diciembre 2016 16:08

Margarita, rompiendo los moldes

Margarita es una mujer solitaria, pero siempre está rodeada de personas. Tiene una extensa familia, de esa que se adquiere por el cariño y a veces tiende lazos más fuertes que los de la sangre. Tiene también muchos conocidos, amigas y hasta seguidores.
Margarita es una mujer normal. No es actriz, figura pública, política, maestra... Es una mujer de pueblo, de 60 años de edad.
Sin embargo, su manera de enfrentar la vida, de verla y de vivirla, la convierten en un ser extraordinario. Y como todo lo "diferente" genera siempre criterios a favor y en contra, esta señora ha sido diana de alabanzas y víctima de estereotipos con la misma intensidad.
A Margarita nunca le interesó tener hijos. Ni siquiera es un tema que se reproche o saque de vez en cuando. Crió y educó a su ahijado como propio y canaliza ese "amor maternal" a través de él y de todos los chiquillos y chiquillas que se le pegan por el barrio. Ciertamente, es amorosa, particularmente con los infantes, que la llaman tía, abuela y le suman miembros a esa familia postiza que, una vez adquirida, nunca más se va.
Esa decisión de compartir la vida con muchos seres humanos, desde una postura individualista, reafirma la característica distinta de esta mujer. No es huraña, ni antisocial, todo lo contrario; aun así, paredes hacia dentro prefiere convivir consigo misma.

Publicado en HISTORIAS COTIDIANAS
Viernes, 22 Julio 2016 15:44

Cuidado también va en masculino

Cuando Ricardo asumió la mayor parte del cuidado de su padre y su madre, no hubo quien, en los alrededores, se callara una opinión.
Todo el mundo tenía que hablar. Pero más que eso, tenían (como quien obedece a una fuerza sobrenatural) que sentenciar, cuestionar y criticar. Primero la emprendieron contra las hermanas, luego contra él.
Y entre vueltas y más vueltas alrededor de los patrones machistas (de los cuales a veces las mujeres son fieles portadoras), las personas perdieron el punto de interés de la historia.
Para ellas, lo importante no era el bienestar de la familia, el cuidado de la ancianidad o mantener los ingresos económicos, que tanta falta hacen en situaciones como esa. No, los giros de la trama siempre coincidían en el mismo conflicto: por qué las mujeres de la familia no dejaban sus trabajos para cuidar de su padre y su madre, y debía el hermano afrontar dicha labor.
A nadie se le ocurrió analizar que el horario de trabajo del hombre era nocturno, cada dos días, y que, evidentemente, había un consenso grupal en torno a la dinámica de la atención a los adultos mayores del hogar.

Publicado en HISTORIAS COTIDIANAS
Viernes, 22 Julio 2016 15:44

Estampas en tres tiempos

Son un triunvirato de generaciones haciendo arte utilitario. El poder está en ellas y su talento es el responsable de su éxito. Pero también el carácter y la pasión. Porque en la vida nada camina si no se encuentra el modo de hacerlo andar y no se le estimula con el amor y hasta la obsesión. Así lo evidencian estas cuatro mujeres.
"Sueño, me levanto y paso el día pensando en telas. Soy de las que piensa que con tela se puede hacer de todo. He hecho tantas cosas con tela que no te puedes imaginar", me suelta Lucy Amador, la mayor de las de Estampas, la abuela de Alejandra Fernández, la madre de Ania y Katia Reyna. Sin ella no hubiera iniciado nada. Sin ella, este proyecto textil no iría ya por dos décadas de historia. Sin embargo, siguen creando como el primer día. Casi en todos los sentidos.
Y se piensa en que mantienen su condición de principiantes, sobre todo, por el amor que dedican a sus piezas. Está claro que esta comparación con los inicios no tiene nada que ver con la inexperiencia o la falta de perfección; esas no son cosas que se vean por aquellos lares tan estilizados y permeados de buen gusto. Pero, a pesar del tiempo y los constantes resultados entre especialistas y consumidores de las obras de Estampas, estas mujeres siguen creando desde su hogar y con estrategias de subsistencia y obtención de sus productos que nada tienen que envidiar a las travesías de quienes comienzan. Ese es el saldo de vivir en un país con limitado acceso al mercado internacional. De todo eso da cuenta la inventiva de estas artistas.

Publicado en Ellas cuentan
Viernes, 22 Mayo 2015 15:23

Mujeres de Banco

La casa verde, la del jardín con flores amarillas, es la de Amada; aunque su nombre no figure en la propiedad junto al de su compañero de los años ? y las batallas? ni la haya construido con sus propias manos. !Pero hay tanto de Amada en ella!, que aun cuando no esté, la casa verde de las flores amarillas seguirá siendo suya. Como también lo son las hijas, los nietos, las nietas, el esposo..., y la dirección del hogar.
¿De dónde sacó la audacia para organizar ingresos, gastos, necesidades y lujos de una familia numerosa? Nadie lo sabe. Quizás responda a su organización del trabajo; a la distribución meticulosa que hace de las labores (domésticas también) y deberes de cada quien; o a la experiencia que obtuvo trabajando en el Banco (1).
Sí, Amada y sus hijas son mujeres de Banco. Ella, la señora que peina canas y se deshace entre caricias de los nietos y las nietas, no conoció otro centro de trabajo en su vida. Allí comenzó su camino laboral a los cuarenta años y se jubiló como empleada de limpieza.
Allí están hoy sus dos hijas: una secretaria de la dirección; la otra como comercial. Tal vez sea cierto eso de que a fuerza de escuchar, manosear, escribir créditos, cuentas de ahorro, intereses y descuentos, Amada y sus hijas aprendieron los vericuetos que encierra ese inevitable ámbito de la economía doméstica.

Publicado en HISTORIAS COTIDIANAS