Martes, 31 Julio 2018 17:28

De París a Caimito

Anabel Cantarero es una joven nicaragüense que decidió mudarse a los campos cubanos. ¿Por qué y para qué? La tierra tiene las respuestas

Trabaja en el campo cada día y dice que venía de un medio rudo: las cocinas en Francia. Allí tenía que hacerse un lugar como mujer, en un mundo de chefs liderado por hombres. En Cuba debe luchar ese espacio con los campesinos. Pero confiesa que es más fácil. "Si te ven hombro a hombro con ellos, te dicen que te has ganado un lugar en su corazón. Eso nunca lo escuché de un colega en París", reconoce.
Porque la historia de Anabel Cantarero es la de una joven nicaragüense que llegó a Cuba por amor. A una persona y al planeta. En mayo de 2014 conoció el poblado de Caimito, en la provincia cubana Artemisa, con el propósito de unirse a sus suegros y esposo, y emprender el proyecto de una finca familiar orgánica. Francia le mostró la importancia de preparar los platos con alimentos que provinieran directamente de los productores.
Así nació Tungasuka, nombre que rinde honor a uno de los primeros poblados peruanos de resistencia ante los españoles y que responde a la procedencia de su esposo Alfredo, quien es de Perú y proviene del lejano mundo de la Informática.
Esa es la finca familiar en la que todos han participado y aportado desde los saberes y sueños personales, pero cada uno dejándose la vida en todos los esfuerzos cotidianos.
"Mis suegros viven en Cuba hace 20 años. Ella siempre se interesó en la medicina natural y nos ha hecho sembrar muchas plantas medicinales. Mi esposo se motiva por la siembra de frutales, y adora hablar con los vecinos y guajiros que colaboran con nosotros y le comentan sobre la desaparición de algunos frutos. Por eso nos hemos dedicado a sembrarlos", cuenta.

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Jueves, 24 Agosto 2017 02:20

Las luces de Gretel y Vintage Bazar

Creatividad y reciclaje parecen ser las palabras de orden en Vintage Bazar, un breve espacio abierto a la imaginación y al mercado de las luminarias en la capital cubana, en medio del reciente panorama de la iniciativa privada que crece en la isla caribeña. Su creadora es Gretel Serrano Abascal, una joven actriz que hace unos años permutó la escena teatral por la terraza de céntrico apartamento, donde hizo germinar su proyecto: una tienda de lámparas que se distingue por la exclusividad.
Allí las piezas son únicas: nacen de la transformación de cualquier objeto cotidiano, del encargo de algún cliente o de la imaginación del equipo creativo que da vida a las lámparas e intenta complacer cada pedido desde que Vintage Bazar abrió sus puertas, en febrero de 2015, en la céntrica avenida 23, entre 8 y 10, en el Vedado.
"Pensé en una tienda porque era algo que, dentro del marco legal, se podía hacer", cuenta Gretel mientras recuerda los inicios que la llevaron a buscar y reformar, con los recursos del patrimonio familiar, un local donde ubicar la venta.
El proyecto había surgido en comunión con un amigo que se dedica a hacer lámparas; pero él, finalmente, no pudo quedarse. Entonces muchas de las ideas de Gretel empezaron a crecer.
"Yo pensaba dedicarme a las relaciones públicas, me veía cotizando y vendiendo, no tanto como creadora. Pero siempre tuve un gran fanatismo por la luz y ahí empecé a crear mis propios diseños".
No niega que algunas veces dudó o la invadió el temor a fracasar. Era la primera vez que asumía un proyecto de este tipo, completamente nuevo para ella, lo que significaba también lanzarse a lo desconocido arriesgando las finanzas de la familia.

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Lunes, 19 Diciembre 2016 16:08

Margarita, rompiendo los moldes

Margarita es una mujer solitaria, pero siempre está rodeada de personas. Tiene una extensa familia, de esa que se adquiere por el cariño y a veces tiende lazos más fuertes que los de la sangre. Tiene también muchos conocidos, amigas y hasta seguidores.
Margarita es una mujer normal. No es actriz, figura pública, política, maestra... Es una mujer de pueblo, de 60 años de edad.
Sin embargo, su manera de enfrentar la vida, de verla y de vivirla, la convierten en un ser extraordinario. Y como todo lo "diferente" genera siempre criterios a favor y en contra, esta señora ha sido diana de alabanzas y víctima de estereotipos con la misma intensidad.
A Margarita nunca le interesó tener hijos. Ni siquiera es un tema que se reproche o saque de vez en cuando. Crió y educó a su ahijado como propio y canaliza ese "amor maternal" a través de él y de todos los chiquillos y chiquillas que se le pegan por el barrio. Ciertamente, es amorosa, particularmente con los infantes, que la llaman tía, abuela y le suman miembros a esa familia postiza que, una vez adquirida, nunca más se va.
Esa decisión de compartir la vida con muchos seres humanos, desde una postura individualista, reafirma la característica distinta de esta mujer. No es huraña, ni antisocial, todo lo contrario; aun así, paredes hacia dentro prefiere convivir consigo misma.

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Miércoles, 29 Junio 2016 02:12

Eneyda, una mujer exitosa en su propio negocio

Eneyda Díaz Díaz es la dueña del salón infantil Jardín del Edén, en el municipio Cárdenas, en la occidental provincia de Matanzas. Como muchas otras cubanas, esta licenciada en Filosofía e Historia apostó por un negocio particular “cuando apareció la necesidad económica”, asegura.
“Todos mis problemas económicos estaban resueltos hasta que llegó el divorcio y el fin de un matrimonio de 30 años. Él es gastronómico desde hace más de 40 años y teníamos una vida holgada. Cuando me vi sola, con un salario de 500 pesos (poco menos de 20 dólares estadounidenses), me pregunté: ¿cómo pago la corriente con 3 aires acondicionados? ¿Cómo explicarles a mis dos hijos que ya no será igual?”, recuerda Díaz.
Como maestra, su experiencia en el sector educativo le dejó siempre deseos de hacer más, pero nunca pensó que la aprobación de nuevas licencias para el trabajo por cuenta propia le abriría la puerta a uno de sus sueños: la educación y el cuidado de infantes.
“A raíz de la separación, estuve casi un año en cama con una crisis depresiva exógena muy fuerte. Pero gracias a Dios y a todas las cosas aprendidas, percibí que había llegado el momento de poner en práctica mis conocimientos para darles a mis hijos una vida digna. Apareció la idea de enseñar, pero de una manera diferente”, afirma Díaz a SEMlac.

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