La vida dio un giro completo para Georgina Gibert González, una ganadera cubana que lleva una década trabajando en el campo y los últimos cinco años al frente de la vaquería El Jigüey, en Esmeralda, Camagüey, una de las mayores zonas ganaderas en el centro del país.
El cambio para bien llegó a cuenta de un proyecto que, bajo el nombre de Fortalecimiento de la cadena de valor de la leche (Focal), buscó restablecer los eslabones que median desde la producción lechera en fincas y cooperativas, hasta su comercialización, pasando por el acopio, los centros de enfriamiento, las pruebas de calidad y la industria.
"Antes la leche se llevaba hasta el municipio, a más de 20 kilómetros; la acopiaba un carro de la industria y no teníamos control del procedimiento ni de qué sucedía en el camino", relata Gibert González a SEMlac.
"Siempre estábamos disgustados porque después nos decían que la leche no pasaba la prueba de calidad y no la aceptaban. Te enterabas a los dos o tres días, cuando ya no tenías cómo resolver ese problema, ni cómo comprobarlo tampoco. Al final, esas pérdidas las teníamos que pagar de nuestro salario", recuerda.

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