Jueves, 03 Noviembre 2016 05:30

Mujeres y jóvenes menos beneficiados con cambios económicos

Por  Sara Mas Farías

Viejas y nuevas brechas de desigualdad impiden que las mujeres, la población joven y de piel negra y mestiza aproveche mejor las nuevas oportunidades de empleo que generan los cambios económicos en Cuba, señalaron especialistas durante un debate en la capital cubana.
Asistentes a un foro sobre Empleo y Juventud realizado en la sede del no gubernamental Centro Oscar Arnulfo Romero (OAR), el pasado 22 de septiembre, expresaron que las políticas de equidad deben enfocarse más en esos grupos poblacionales.
Aun cuando el modelo cubano tiene como meta la justicia y la equidad social, y ese enfoque se tiene en cuenta en su plan de desarrollo económico y social, urgen políticas y programas que tengan en cuenta las desigualdades sociales, por color de la piel, de género y generacionales, alertaron asistentes a un foro sobre Empleo y Juventud realizado en la sede del no gubernamental Centro Oscar Arnulfo Romero (OAR).
La socióloga Dayma Echevarría León, investigadora del Centro de Estudios de la Economía Cubana, explicó que las cubanas, con una alta esperanza de vida de más de 80 años, son mayoría entre los graduados universitarios, los trabajadores de la ciencia y en los puestos técnicos y administrativos del sector estatal.
Sin embargo, han experimentado una salida sostenida del empleo, son minoría en el sector por cuenta propia y entre los usufructuarios de tierras, además de que decrecen en los sectores típicamente masculinos.
En el actual contexto cubano se han profundizado, además, otras brechas de desigualdad por color de la piel, generacional y territorial, agregó la profesora.

Las personas negras y mestizas están subrepresentados en el ámbito privado, las cooperativas no agropecuarias, los nuevos empleos mejor remunerados y puestos directivos, sostuvo Echevarría León.
Las diferencias son notables, igualmente, entre las comunidades rurales y urbanas, pues las primeras tienen pocas posibilidades para generar empleo e ingresos, así como de incorporarse a las tendencias de desarrollo nacionales
Las personas jóvenes, en tanto, son también minoría entre los usufructuarios y empleadores del trabajo por cuenta propia, además de que tienen menos garantías si quedan disponibles del empleo estatal porque su corta vida laboral no cubre los requisitos para una mejor compensación monetaria.
Empleados en empresas estatales de diverso tipo, los jóvenes participan del sector privado, sobre todo, como personal contratado de baja calificación y remuneración, apuntó Juan Carlos Campos Carrera, del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS).
Una buena parte funge como taxistas, cocineros, camareros y en otras labores gastronómicas, donde a veces trabajan fuera de la legalidad. Otro grupo también se emplea en labores de informática, arreglo de celulares, comunicación social y diseño, precisó.
En el escenario rural se vive un proceso complejo, donde la población de 15 a 29 años abandona ese espacio para ir a estudiar a la ciudad y nunca vuelven, pero también algunos empiezan a retornar, ya sea porque están pidiendo tierras para trabajar o porque las familias se las están dando, explicó Yenisei Bombino, igualmente investigadora del CIPS.
Pero falta motivación para que los jóvenes se inserten en ese entorno, reconoció, sea por el incremento sostenido de las migraciones hacia los espacios urbanos o por el poco reconocimiento al trabajo agropecuario o por la baja retención en carreras agropecuarias.
Por otra parte, las aspiraciones juveniles se orientan, fundamentalmente, a la profesionalización e idealizan prácticas de consumo y estilo de vida urbana, sostuvo la investigadora.
Persisten, también, iniquidades de género, pues las mujeres suelen contar con menos redes de apoyo, bienes productivos, activos o recursos para enfrentar el proceso productivo. A veces no reciben ni la poca herencia familiar de la tierra.
Bombino y Echevarría alertaron acerca de hechos que están ocurriendo, como la contratación temporal de mujeres para determinadas cosechas y labores, en situación de vulnerabilidad y condiciones precarias de trabajo.
No obstante, ambas investigadores consideran que la entrega de tierras y las cooperativas pueden ser oportunidades de trabajo para jóvenes y mujeres, si se contemplan políticas que tengan en cuenta a estos grupos y favorezcan su inserción en esas formas de gestión económica.
En su disertación, Echevarría hizo varias recomendaciones para revertir este panorama desventajoso para poblaciones vulnerables, como las mujeres y la juventud.
Abogó por desarrollar, dentro de la política de microcréditos para cooperativas y pequeños emprendimientos, incentivos y condiciones favorables para beneficiar a mujeres y otras personas de grupos y territorios en desventaja
Igualmente propuso ampliar el tiempo de amparo y las compensaciones y apoyos para emprendimientos productivos dirigidos a personas desempleadas, en especial a la madre jefa de hogar en condiciones de disponible o a hombres en situaciones similares.
Recomendó la creación de un fondo especial en los proyectos de iniciativa municipal para emprendimientos dirigidos por mujeres y otros grupos en desventaja, así como ampliar las licencias permitidas para el empleo privado, incluidas ocupaciones profesionales.
También habló de promover sistemas laborales más flexibles, como los de media jornada, algunos días a la semana, horario abierto o trabajo a domicilio para las mujeres jóvenes con hijos pequeños o personas a su cargo, como discapacitados y adultos mayores; y hacer extensivo este régimen a hombres que asuman el rol de cuidadores.

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