Lunes, 22 Junio 2015 14:59

Eva a la moda

Por  Claudia Pis Guirola

Vestir el cuerpo (usar ropas) es una costumbre devenida del desarrollo psicosocial del ser humano, y de la necesidad ineludible de protegerse de temperaturas extremas así como de los embates de la intemperie y el Sol.
Pero, sin lugar a dudas, cubrirnos con telas también nos defiende de un sentimiento a veces incómodo y explicado universalmente en la vergüenza de Eva en el paraíso al entenderse desnuda y por tanto pecadora: el pudor.
Cada cultura, con sus particularidades religiosas, marcó el modo que encontró más idóneo para que las mujeres escondieran aquellas partes alusivas a lo sexual y a los placeres en general.
En el oriente del planeta estos modos han sido más celosamente defendidos, pero de nuestro lado del hemisferio, el transcurrir de los años hizo que variasen estilos, texturas, hasta acumular una tradición plena de referentes y conocimientos en torno a la moda.
¿Quién soy? Esa es la gran pregunta alrededor de la cual giran miles de tendencias filosóficas, y no es tan fácil de responder, como se ha demostrado. Sin embargo, la globalización nos ha regalado otra que quizás resulte más "útil", ¿A quién me quiero parecer?
Para ayudar aún más, los mass media se encargaron de prefabricar personas en serie. Les ponen un color de piel determinado, las visten, las peinan, y además, les colocan pensamientos, gestos, actitudes y se aventuran incluso a jugar con la moral.

Son los estereotipos y en ocasiones facilitan el aprendizaje del mundo, sobre todo a través del consumo audiovisual, pero también apresan. Se impone desconfiar; si se les permite, hacen olvidar que hombres y mujeres crecen y se desarrollan de acuerdo a su cúmulo experiencial.
Poco a poco aprendemos a clasificar según sus características formales a los contenidos y en esa medida a juzgar a las personas por su apariencia física como resultado de una simplificación de los procesos interpretativos de la realidad, lo cual implica un verdadero riesgo. Por supuesto, el atuendo juega un papel fundamental.
Así, las faldas largas y blusas holgadas son para las religiosas, por el contrario ropa demasiado ajustada y corta será para trabajadoras del sexo, mientras aquellas mujeres que prefieren los pantalones anchos y camisas, seguramente serán lesbianas.
Resulta curioso que, en muchos casos, coincida la personalidad de la persona en cuestión con el estereotipo que le ceñimos en el intento de descifrarla. Y es preciso aclarar que es perfectamente normal que durante las interrelaciones sociales cada uno intente saber quién es el otro.
Quizás estas coincidencias estén relacionadas con otra simplificación que la propia mujer hace a la hora de interpretarse a sí misma. Volvemos a la gran pregunta: ¿Quién soy? Por el camino a responderse descubre parecidos o referentes en otros y a la estética que ellos presenten se acoplará.
Sabe que al igual que ella, las demás personas aprendieron gracias a los estereotipos a identificar, apreciar o juzgar al resto de acuerdo a la ropa, a la moda y a la capacidad de estar "a la altura" de quien se es…o de quien se pretende imitar.
Sea uno u otro el modo de vestir que la mujer asuma, éste estará mediado por múltiples factores, desde sus posibilidades adquisitivas, las ofertas reales del mercado, la influencia de los grupos sociales, medios de comunicación, (canales de la penetración cultural extranjera), hasta el deseo de reafirmar su individualidad, lo cual constituye todo un desafío.
Pero el verdadero reto está en asumir la moda como un acto personal y placentero sin dejar que nos atrape en su dinámica de consumismo y discriminación. Lucir hermosas poco tiene que ver con un patrón estético determinado, sí con la manera de vivir la feminidad de una manera responsable y auténtica.

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