Un reciente estudio sobre el rol femenino en los cambios económicos cubanos- publicado por la Revista Estudios del Desarrollo Social: Cuba y América Latina- pone el ojo en la igualdad sustancial ante lo privado.

Aunque bastante se ha hablado en los diferentes medios de comunicación e, incluso, desde Emprendedoras y SEMlac, de la presencia de la mujer en las formas de gestión no estatal en Cuba y sus consecuencias (principalmente en el cuentapropismo), no está de más conocer los resultados de una reciente investigación que se ha colado por estos días en el debate público.
Las licenciadas en Ciencias Políticas y Administración María Antònia Ferragut Piris y Maria Pizà Nicolau, ambas investigadoras españolas, han publicado en la Revista Estudios del Desarrollo Social: Cuba y América Latina, coordinada por la FLACSO, un estudio sobre el efecto de los cambios político-económicos en la estructura social cubana, en el cual se hace énfasis en la introducción del trabajo por cuenta propia y el papel de la mujer.
Como resultado de un trabajo de investigación cualitativa realizado a partir de la estancia de tres meses y medio en 2013 en La Habana -tiempo en que intercambiaron con personas involucradas en esta forma de gestión, así como con quienes han labrado ya en estos temas desde el campo de la teoría-, las investigadoras realizan un breve resumen sobre la historia política y económica del archipiélago, para luego aterrizar en la contemporaneidad.

Viejas y nuevas brechas de desigualdad impiden que las mujeres, la población joven y de piel negra y mestiza aproveche mejor las nuevas oportunidades de empleo que generan los cambios económicos en Cuba, señalaron especialistas durante un debate en la capital cubana.
Asistentes a un foro sobre Empleo y Juventud realizado en la sede del no gubernamental Centro Oscar Arnulfo Romero (OAR), el pasado 22 de septiembre, expresaron que las políticas de equidad deben enfocarse más en esos grupos poblacionales.
Aun cuando el modelo cubano tiene como meta la justicia y la equidad social, y ese enfoque se tiene en cuenta en su plan de desarrollo económico y social, urgen políticas y programas que tengan en cuenta las desigualdades sociales, por color de la piel, de género y generacionales, alertaron asistentes a un foro sobre Empleo y Juventud realizado en la sede del no gubernamental Centro Oscar Arnulfo Romero (OAR).
La socióloga Dayma Echevarría León, investigadora del Centro de Estudios de la Economía Cubana, explicó que las cubanas, con una alta esperanza de vida de más de 80 años, son mayoría entre los graduados universitarios, los trabajadores de la ciencia y en los puestos técnicos y administrativos del sector estatal.
Sin embargo, han experimentado una salida sostenida del empleo, son minoría en el sector por cuenta propia y entre los usufructuarios de tierras, además de que decrecen en los sectores típicamente masculinos.
En el actual contexto cubano se han profundizado, además, otras brechas de desigualdad por color de la piel, generacional y territorial, agregó la profesora.

Jueves, 03 Noviembre 2016 04:56

Los retos de la equidad

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Tras la crisis económica de la pasada década de los noventa en Cuba, el actual proceso de actualización del modelo económico ha generado nuevos escenarios de inequidad que urge atender, coinciden especialistas en el país. Una mirada a la vida cotidiana de Verónica Jústiz, ingeniera capitalina de 46 años, podría muy bien ilustrar esta preocupación.
Graduada de informática en 1993, uno de los años más duros del llamado período especial, Jústiz, una mujer negra residente en el municipio del Cerro, en la capital cubana, comenzó a trabajar en una empresa vinculada al transporte.
En casa todo el mundo tenía empleo, el padre era médico; la madre, farmacéutica y su muy reciente esposo, ingeniero civil.
"Salí embarazada en 1995 y, antes de que naciera Brenda, mi papá murió por causa de un infarto que nadie esperaba. Cuando la niña tenía apenas un año y yo me preparaba para empezar a trabajar de nuevo, mi esposo salió a Europa en un viaje de trabajo y no regresó", recordó con SEMlac.
Jústiz reinició su trabajo como ingeniera y, a la par, por las noches, mecanografiaba tesis de grado en una computadora que le habían asignado en su trabajo, para obtener más ingresos. Así pasaron los años.
Cuando Brenda estaba a punto de terminar la escuela secundaria básica, a la abuela de la pequeña le diagnosticaron una esclerosis múltiple y la vida de esta mujer se convirtió en un caos.