Investigaciones científicas revelan que las trabajadoras cubanas en el sector cooperativo sufren las consecuencias de la división sexual del trabajo y de los estereotipos machistas.
“El sector cooperativo es un sector de oportunidad, tanto personal como social. Sin embargo, en las cooperativas no agropecuarias hay un predominio de adultos medios, blancos, de escolaridad preuniversitaria y hombres”, concluye Claudia María Caballero Reyes.
Caballero Reyes expuso resultados de su investigación sobre redes sociales en cinco cooperativas del occidente del país, al intervenir en la comisión Género y Trabajo en contextos urbanos y rurales del X Taller Internacional Mujeres en el Siglo XXI, celebrado en La Habana del 6 al 9 de marzo.
En consonancia con los datos públicos de la Oficina Nacional de Estadísticas (Onei), la psicóloga pudo encontrar una subrepresentación de personas de escolaridad secundaria, adultos mayores, personas negras y mujeres.
Al indagar sobre las redes sociales en el ámbito laboral, familiar y de tiempo libre constató que la ausencia de las mujeres tiene que ver con estrategias y redes de apoyo distintas para uno y otro género.

El trabajo doméstico y de cuidados se sigue abriendo paso en el sector privado en Cuba como oferta laboral remunerada, según se amplía el empleo no estatal y son insuficientes las ofertas estatales de cuidado, constatan sondeos periodísticos y la vida cotidiana.
“Los comportamientos de este tipo de empleo han tenido sus altas y sus bajas, muy asociadas a los movimientos del ciclo económico del país”, asegura a SEMlac la economista Teresa Lara.
El trabajo doméstico y de cuidado remunerado había empezado a reducirse a su mínima expresión en la isla desde la pasada década del sesenta, al calor del triunfo de la Revolución, la incorporación de la mujer al trabajo estatal, la creación de servicios de apoyo al hogar y de legislaciones laborales, sociales y familiares que protegían particularmente a las mujeres.

Más allá de las justas demandas del empleo remunerado, la agenda feminista debe enfocarse en la transformación social para el logro de una vida digna para las mujeres, señalaron asistentes al II Encuentro Internacional de Economía Feminista "Una agenda económica para discutir entre mujeres", realizado en La Habana los días 17 y 18 de enero.
"El trabajo debe redefinirse hacia toda acción que emprenda una persona para beneficio colectivo o individual", señaló la chilena Nelly Cubillos Álvarez al intervenir en la primera sesión del encuentro.
Para Cubillos Álvarez, supone incorporar a la economía todas las relaciones sociales que garantizan la satisfacción de las necesidades hacia una vida digna. "Lo que implica superar las relaciones de poder, de subordinación", sostuvo.
Entre otros aspectos, habló también de la necesidad de trabajar hacia el logro de la igualdad de responsabilidades ante el trabajo de cuidado a nivel personal, familiar, comunitario e institucional.