Miércoles, 02 Octubre 2013 18:45

Autoempleo: Reclamos a la vista

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“Siempre he preferido que me dirija un hombre ante que una mujer”, “las propias mujeres son las que te machacan”, “las mujeres son más exigentes y rígidas dirigiendo”.

Estas son frases que encontramos, frecuentemente, en el discurso de las mujeres trabajadoras. Pareciera que la exigencia extrema y la norma sin excepciones son elementos que muchas veces caracterizan las relaciones laborales entre mujeres, lo cual podría tener disímiles explicaciones en función de cada situación particular, pero cabría preguntarse: ¿cuál es el denominador común?, ¿qué condición comparten las mujeres que fomenta la rivalidad y que no se da en las relaciones entre mujeres y hombres?

“Siempre he preferido que me dirija un hombre antes que una mujer”, “las propias mujeres son las que te machacan”, “las mujeres son más exigentes y rígidas dirigiendo”.

Estas son frases que encontramos, frecuentemente, en el discurso de las no pocas trabajadoras. Pareciera que la exigencia extrema y la norma sin excepciones son elementos que muchas veces caracterizan las relaciones laborales entre ellas, lo cual podría tener disímiles explicaciones en función de cada situación particular, pero cabría preguntarse: ¿cuál es el denominador común?, ¿qué condición comparten las mujeres que fomenta la rivalidad y que no se da en las relaciones entre mujeres y hombres?

La Habana, agosto (Especial de SEMlac).- Vencen obstáculos propios y ajenos, se imponen con capacidades demostradas y saben que muchas veces el éxito no es tarea fácil para ellas, pero asumen ese reto.

Las mujeres directivas, en particular las que se desempeñan en el ámbito empresarial, ganan todos los días una batalla personal al demostrar que pueden desempeñar bien sus responsabilidades, igual o mejor que cualquier hombre, aunque a veces no les resulte tan fácil.