El incremento del autoempleo en el sector no estatal cubano abre nuevas opciones y perspectivas económicas para muchas personas, pero también podría elevar la inseguridad del empleo, en particular de las mujeres, advierten especialistas.
Extensas jornadas de trabajo, irregulares o ausentes horarios para almuerzos y descansos, arreglos laborales que no consideran vacaciones ni compensación alguna cuando el negocio cierra temporalmente son algunas de las adversidades que suelen aparecer en el sector privado de trabajo.
"Se ha logrado mucho en Cuba en materia de protección a la mujer trabajadora, pero creo que se abre una brecha hoy en el sector no estatal", suscribió a SEMlac, en un mensaje de correo electrónico, una de las personas que intercambió criterios en la lista de discusión sobre el tema, promovida en julio por el servicio informativo Mujeres emprendedoras.
La comentarista agregaba varias preguntas a su mensaje: ¿cómo queda una cuentapropista si está embarazada y necesita su tiempo de descanso por este concepto? ¿No serán sustituidas de sus puestos en caso de que trabaje para un particular? ¿Se acumulan vacaciones? ¿Si cesas en un empleo (particular), qué protección tiene el trabajador o trabajadora en esta circunstancia?
"Son varias las preguntas que me hago al respecto. Quizás algunas de ellas tienen ya respuestas, pero la mayor parte de la población las desconoce", aclaraba.

Si bien muchas cubanas alcanzan un alto nivel técnico y profesional, y disponen de diversas oportunidades laborales, todavía perviven desigualdades entre hombres y mujeres en el sector empresarial, alertan especialistas.
“Aunque las mujeres cubanas se han incorporado al trabajo remunerado, aún existe una reserva en aquellas que se dedican a los quehaceres del hogar, que están en edad laboral y tienen en su mayoría nivel escolar medio”, asegura la economista Teresa Lara.
Hay un gran potencial femenino que no se aprovecha suficientemente en el propio universo laboral, de donde han salido más mujeres que hombres en los últimos años, agrega Lara en su artículo “Equidad de género en el sistema empresarial cubano”, publicado en julio en la revista Nueva empresa, que edita la Empresa de Gestión del Conocimiento y la Tecnología (Gecyt).

El entusiasmo de Gisela Vilaboy por el trabajo comunitario no la dejó conformarse con emprender un exitoso negocio de artesanía junto a su esposo, hace cinco años.
"Bambú Centro", el taller que comparte el matrimonio en el barrio Los Sitios, uno de los más pobres y céntricos de La Habana, se ha convertido en espacio para atender conflictos sociales mediante el arte.
Al dorso de la entrada del Barrio Chino habanero se localiza la sede del emprendimiento que la artista independiente aspira a oficializar muy pronto como cooperativa del Ministerio de Industrias, apoyada en las nuevas regulaciones que operan en el país para ampliar esta forma de gestión laboral desde 2013.
Las habilidades manuales que se transmitieron generacionalmente en su familia de padre carpintero ebanista y madre costurera y artesana de papier maché han sido sustento de la mujer de 44 años, graduada de Artes Plásticas y Restauración en el curso para trabajadores de la Universidad de las Artes de Cuba.
Gisela y su esposo Carlos Martínez confeccionan muebles y objetos decorativos de bambú junto a cuatro ayudantes de la localidad, en su mayoría jóvenes que se encontraban sin trabajo o provienen de familias de bajos ingresos.
La caña del bambú es la fuente de sustento de todo este grupo que hoy vende productos en las ferias más importantes del país, como HABANARTE, Fiart, Arte para mamá, Arte en la Rampa, la Feria del Libro y espacios de venta fijos en Varadero, Matanzas y Pinar del Río.
En el barrio Los Sitios, de La Habana, Gisela y su esposo Carlos Martínez levantaron su proyecto"Desde niña me gustó la artesanía y quería ser artista. Cuando entré a la universidad, llevaba años ejerciendo empíricamente, después de recibir varios cursos de restauración", relata a SEMlac la creadora.