Viernes, 26 Agosto 2016 17:11

Mujeres en el cuidado sin fin

Por

Sea con pago o sin él, en casa propia o ajena, las cubanas siguen haciendo la mayor parte del trabajo de cuidado que es vital para la vida y la economía, aunque ese esfuerzo suele transcurrir invisible a la vista social y en las cuentas nacionales.
Así fue siempre para Melania Soto. Ella no gana nada por lo que hace en casa, donde se encarga por completo de la limpieza, parte de las compras, todo lo que se cocina, se lava y se plancha, además de garantizarles un poco la vida y el descanso a los demás, "los que trabajan", dice ella.
"Mi esposo y mis hijos me ayudan mucho, pero yo soy quien está al frente de la casa; mientras ellos estudian y trabajan, yo garantizo 'la retaguardia'", explica a SEMlac esta mujer de 48 años, residente en la capital cubana.

Casi la tercera parte de la población de América Latina y el Caribe son jóvenes y adolescentes que necesitan una atención prioritaria que les garantice derechos y oportunidades, señalaron en La Habana especialistas de diversas disciplinas.
"La inversión en las adolescentes no solo debe ser económica, sino en todo su alcance", consideró Rolando García Quiñones, representante auxiliar del Fondo de Población de Naciones Unidas (Unfpa) en Cuba, durante el taller "Los jóvenes y adolescentes en América Latina y el Caribe hoy", realizado el pasado día 8 en la capital cubana, a propósito del Día Mundial de Población, fijado el 11 de julio.
El encuentro fue convocado por el Centro de Estudios Demográficos (Cedem) de la Universidad de La Habana, la Red de Estudios de Población y la Sociedad Cubana para el Estudio Multidisciplinario de la Sexualidad (Socumes), con el apoyo de Unfpa.
García Quiñones se refirió a múltiples factores que afectan a jóvenes y adolescentes en el mundo, desde la falta de recursos y políticas en función de sus necesidades y desarrollo, hasta tradiciones e influencias culturales.

Eneyda Díaz Díaz es la dueña del salón infantil Jardín del Edén, en el municipio Cárdenas, en la occidental provincia de Matanzas. Como muchas otras cubanas, esta licenciada en Filosofía e Historia apostó por un negocio particular “cuando apareció la necesidad económica”, asegura.
“Todos mis problemas económicos estaban resueltos hasta que llegó el divorcio y el fin de un matrimonio de 30 años. Él es gastronómico desde hace más de 40 años y teníamos una vida holgada. Cuando me vi sola, con un salario de 500 pesos (poco menos de 20 dólares estadounidenses), me pregunté: ¿cómo pago la corriente con 3 aires acondicionados? ¿Cómo explicarles a mis dos hijos que ya no será igual?”, recuerda Díaz.
Como maestra, su experiencia en el sector educativo le dejó siempre deseos de hacer más, pero nunca pensó que la aprobación de nuevas licencias para el trabajo por cuenta propia le abriría la puerta a uno de sus sueños: la educación y el cuidado de infantes.
“A raíz de la separación, estuve casi un año en cama con una crisis depresiva exógena muy fuerte. Pero gracias a Dios y a todas las cosas aprendidas, percibí que había llegado el momento de poner en práctica mis conocimientos para darles a mis hijos una vida digna. Apareció la idea de enseñar, pero de una manera diferente”, afirma Díaz a SEMlac.