Diez personas fallecidas, poblados destrozados, miles de árboles caídos, severos daños en la generación y transmisión de electricidad, en el abasto de agua potable y en las viviendas, además de fuertes inundaciones por penetraciones del mar, dejó el poderoso huracán Irma a su paso por Cuba, entre el viernes 8 y el domingo 10 de septiembre. Para Mayelín Rivero González, una cubana de 42 años, el paso del fenómeno meteorológico significó la pérdida de su casa con todo lo que en ella había.
Residente en las montañas de Yaguajay, en la central provincia de Sancti Spíritus, a más de 350 kilómetros de La Habana, Rivero González insiste en que nunca había visto algo similar.
"Mi casa se la llevó el ciclón, perdí la ropa y hasta las teteras del niño. Muchos lo perdimos todo", contó a la emisora local Radio Sancti Spíritus.
Como muchas personas en la isla, esta mujer, junto a su bebé de tres años, vivió las horas del huracán protegida en la casa de unos vecinos. Ahora, aunque celebra estar con vida, mira con incertidumbre hacia el futuro.
"Lo perdí todo; pero mi niño y yo estamos vivos. Creo que eso es lo más importante. Mi esposo me asegura que saldremos de esto. Y yo creo que sí, que saldremos", agregó.

Creatividad y reciclaje parecen ser las palabras de orden en Vintage Bazar, un breve espacio abierto a la imaginación y al mercado de las luminarias en la capital cubana, en medio del reciente panorama de la iniciativa privada que crece en la isla caribeña. Su creadora es Gretel Serrano Abascal, una joven actriz que hace unos años permutó la escena teatral por la terraza de céntrico apartamento, donde hizo germinar su proyecto: una tienda de lámparas que se distingue por la exclusividad.
Allí las piezas son únicas: nacen de la transformación de cualquier objeto cotidiano, del encargo de algún cliente o de la imaginación del equipo creativo que da vida a las lámparas e intenta complacer cada pedido desde que Vintage Bazar abrió sus puertas, en febrero de 2015, en la céntrica avenida 23, entre 8 y 10, en el Vedado.
"Pensé en una tienda porque era algo que, dentro del marco legal, se podía hacer", cuenta Gretel mientras recuerda los inicios que la llevaron a buscar y reformar, con los recursos del patrimonio familiar, un local donde ubicar la venta.
El proyecto había surgido en comunión con un amigo que se dedica a hacer lámparas; pero él, finalmente, no pudo quedarse. Entonces muchas de las ideas de Gretel empezaron a crecer.
"Yo pensaba dedicarme a las relaciones públicas, me veía cotizando y vendiendo, no tanto como creadora. Pero siempre tuve un gran fanatismo por la luz y ahí empecé a crear mis propios diseños".
No niega que algunas veces dudó o la invadió el temor a fracasar. Era la primera vez que asumía un proyecto de este tipo, completamente nuevo para ella, lo que significaba también lanzarse a lo desconocido arriesgando las finanzas de la familia.

Con su trabajo hacen posible la vida de sus familias y propician que otras personas, de otras familias, hagan la suya.
Las empleadas domésticas, con paga y sin ella, siguen teniendo en sus manos la llave de la conciliación familiar y laboral. Limpian, cocinan, friegan, planchan, cuidan, educan, suministran medicamentos y hacen de todo para que la vida en casa no sea un caos y transcurra lo mejor posible, en su devenir cotidiano, para muchas personas.
Sin embargo, el trabajo doméstico, incluso el remunerado, sigue siendo el menos visible y reconocido, todavía hoy, al decir de la doctora en Sociología Magela Romero Almodóvar, autora de varios estudios e indagaciones sobre ese tema y el de cuidados en Cuba.
Con su investigación "El trabajo doméstico remunerado a domicilio en Cuba. Un estudio de caso en Miramar", esta profesora de la Universidad de La Habana defendió a inicios de año su título doctoral, se adentra en una realidad poco estudiada de la actualidad cubana y rescata la historia invisible de un grupo de mujeres que, desde el anonimato, permiten la reproducción de otros grupos humanos.
Es por ello que en diálogo con SEMlac aboga por hacer más visible el valor económico de esa actividad y llama la atención sobre "un trabajo que no existe, aunque existe", asegura, justamente por lo poco que se le reconoce.
Se supone que, con los cambios económicos y las nuevas opciones de empleo, el trabajo doméstico remunerado ha crecido en los últimos años. ¿Es así?

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