Las nuevas formas de gestión económica que se abren paso en Cuba necesitan una articulación mayor, reconocida y legalmente respaldada, con la empresa estatal, concordaron participantes en un taller sobre el tema realizado el pasado 20 de octubre en La Habana.

"No se trata de sustituir un espacio con otro, sino de propiciar puntos de encuentro y complementariedad que permitan el cierre de ciclos productivos que, necesariamente, precisan del intercambio y la articulación entre las diversas formas de gestión: privada, cooperativa y estatal", apuntó a SEMlac Georgina Alfonso, directora del Instituto de Filosofía, al término del Tercer encuentro de diversas formas de gestión y propiedad.
Convocado por el Grupo América Latina: Filosofía Social y Axiología (Galfisa), del Instituto de Filosofía, el espacio reunió a productores y productoras de cooperativas, pequeñas y medianas empresas privadas y entidades estatales, así como actores de espacios comunitarios, de la academia y la investigación económica y social.
"Si el modelo económico cubano apuesta a la búsqueda de la eficiencia y tanto cooperativas como empresas privadas demandan desde su trabajo esa relación, ¿qué impide que se haga?", pregunta Alfonso.
Entre los obstáculos que limitan esa articulación, se reconoció la existencia de trabas burocráticas y de mentalidad que se asientan en prácticas que deben ser discutidas y superadas.

Diez personas fallecidas, poblados destrozados, miles de árboles caídos, severos daños en la generación y transmisión de electricidad, en el abasto de agua potable y en las viviendas, además de fuertes inundaciones por penetraciones del mar, dejó el poderoso huracán Irma a su paso por Cuba, entre el viernes 8 y el domingo 10 de septiembre. Para Mayelín Rivero González, una cubana de 42 años, el paso del fenómeno meteorológico significó la pérdida de su casa con todo lo que en ella había.
Residente en las montañas de Yaguajay, en la central provincia de Sancti Spíritus, a más de 350 kilómetros de La Habana, Rivero González insiste en que nunca había visto algo similar.
"Mi casa se la llevó el ciclón, perdí la ropa y hasta las teteras del niño. Muchos lo perdimos todo", contó a la emisora local Radio Sancti Spíritus.
Como muchas personas en la isla, esta mujer, junto a su bebé de tres años, vivió las horas del huracán protegida en la casa de unos vecinos. Ahora, aunque celebra estar con vida, mira con incertidumbre hacia el futuro.
"Lo perdí todo; pero mi niño y yo estamos vivos. Creo que eso es lo más importante. Mi esposo me asegura que saldremos de esto. Y yo creo que sí, que saldremos", agregó.

Creatividad y reciclaje parecen ser las palabras de orden en Vintage Bazar, un breve espacio abierto a la imaginación y al mercado de las luminarias en la capital cubana, en medio del reciente panorama de la iniciativa privada que crece en la isla caribeña. Su creadora es Gretel Serrano Abascal, una joven actriz que hace unos años permutó la escena teatral por la terraza de céntrico apartamento, donde hizo germinar su proyecto: una tienda de lámparas que se distingue por la exclusividad.
Allí las piezas son únicas: nacen de la transformación de cualquier objeto cotidiano, del encargo de algún cliente o de la imaginación del equipo creativo que da vida a las lámparas e intenta complacer cada pedido desde que Vintage Bazar abrió sus puertas, en febrero de 2015, en la céntrica avenida 23, entre 8 y 10, en el Vedado.
"Pensé en una tienda porque era algo que, dentro del marco legal, se podía hacer", cuenta Gretel mientras recuerda los inicios que la llevaron a buscar y reformar, con los recursos del patrimonio familiar, un local donde ubicar la venta.
El proyecto había surgido en comunión con un amigo que se dedica a hacer lámparas; pero él, finalmente, no pudo quedarse. Entonces muchas de las ideas de Gretel empezaron a crecer.
"Yo pensaba dedicarme a las relaciones públicas, me veía cotizando y vendiendo, no tanto como creadora. Pero siempre tuve un gran fanatismo por la luz y ahí empecé a crear mis propios diseños".
No niega que algunas veces dudó o la invadió el temor a fracasar. Era la primera vez que asumía un proyecto de este tipo, completamente nuevo para ella, lo que significaba también lanzarse a lo desconocido arriesgando las finanzas de la familia.

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