“Yo he caminado toda Cuba, de lo contrario no estaría aquí”, dice Idania Pereda León y se afirma al timón del ómnibus Yutong 0001, de la Empresa de Ómnibus Nacionales (EON), que cubre la ruta a la capital desde Bayamo, en el oriente del país.

Son más de 700 kilómetros de carretera. Comienza el año y las autoridades de la isla ya anunciaron que quedarían suspendidos los viajes desde y hacia La Habana, como medida para detener la propagación de la Covid-19, cuyos contagios han aumentado considerablemente.

Pero, durante la pausa, Idania no dejará su labor como chofer profesional, en la cual lleva 20 años. Ella, la primera y única mujer que trabaja como conductora en su empresa, cubrirá otros itinerarios que se necesiten en medio de la contingencia sanitaria. Si bien se detienen los viajes interprovinciales para la población, algunos continúan para el traslado de pacientes y otras urgencias.

Aunque lleva tres años en su trabajo actual, ella conoce las calles capitalinas como la palma de su mano, de cuando trabajaba en ómnibus urbanos.

También domina las carreteras cubanas y eso lo demuestra llevando el vehículo con seguridad y serenidad por la Carretera Central, en medio de la noche, en uno de los tramos más difíciles de la travesía de oriente a occidente de la nación caribeña, no solo por sus sinuosidades y mal estado de la vía, sino por la probable aparición de animales sueltos o de transportes de todo tipo, sin iluminación.

Conduce con soltura y esquiva con elegancia los obstáculos, mientras los pasajeros duermen; luego entregará el mando a su compañero de viaje y descansará unas horas antes de asumir nuevamente el timón, para entrar a La Habana.

En la mañana, muchos despertarán con la sorpresa de que es una mujer quien los ha traído buena parte del camino, pero Pereda León ya está acostumbrada a esas reacciones.

Cuando comenzó a trabajar en Ómnibus Nacionales, tres años atrás, tuvo que sortear la desconfianza y no pocos prejuicios de quienes asumen el estereotipo de que “las mujeres no saben manejar”.

“Los que no me conocían tenían desconfianza, los que me conocían de cuando trabajaba en la Empresa de Ómnibus Urbanos, en la capital, sabían que yo era capaz de hacerlo”, comentó a SEMlac.

No obstante, con su desempeño ha logrado ganarse confianza y respeto, algo que no reclama solo para sí, sino para todas las mujeres. “Ya saben que nosotras podemos hacerlo bien”, apunta.

Ella siempre quiso dedicarse a la conducción de vehículos y siente que llegar a la empresa donde actualmente labora es un ascenso en su carrera.

Hasta ahora todo le va bien, afirma, pero reconoce que para trabajar allí “tiene que gustarte, tiene que nacerte”, y eso lo transpira Idania en todas sus acciones, desde orientar a un pasajero, hasta requerir a las personas para que cuiden el ómnibus –“porque son los únicos que tenemos”–, o en el acto de devolución del equipaje.

Para ella lo más importante es “que las personas se sientan bien, que tengan un buen viaje”, pero agrega que también está orgullosa de demostrar cada día que “nosotras, las mujeres, también somos capaces de llegar a este nivel”.

Es consciente del mito de que “las mujeres no son buenas al volante”, arraigado en el imaginario social desde un supuesto patriarcal y  discriminatorio.

Los ejemplos sobran. En Cuba es común que no pocos conductores masculinos comenten, ante un auto que mantiene una velocidad moderada por la vía, la consabida frase: “tenía que ser mujer”, ejemplifica.

Sin embargo, según las estadísticas, ellas tienen proporcionalmente menos accidentes que sus pares masculinos, porque está comprobado que son más cautelosas en la vía e ingieren menos bebidas alcohólicas mientras conducen; en tanto ellos se exponen constantemente a conductas de riesgo.

Idania habla con familiaridad en el trato, pero guardando la distancia que manda el respeto, mientras atiende las dudas de los viajeros que la solicitan.

“Me gustan las distancias largas, pero prefiero el día a la noche”, confiesa cuando continúa el diálogo, aunque afirma estar lista para cualquier itinerario que se presente.

“Ya mi familia está acostumbrada”, dice y se despide con una sonrisa. Va rumbo a la bomba de combustible para habilitar el ómnibus, “hay que dejarlo listo” para la próxima travesía, precisa.

Pese a que el sector del transporte sigue siendo predominantemente masculino, cada vez son más las mujeres que, al estilo de Idania, incrementan su presencia, especialmente en la conducción de vehículos de transporte de pasajeros.

Tal es el caso de la iniciativa que desde el pasado mes de octubre se desarrolla en La Habana, mediante la puesta en marcha de un nuevo servicio de transporte con 23 triciclos eléctricos de seis plazas.

El proyecto —en el que intervienen  los Ministerios de Transporte e Industrias y varias agencias del sistema de Naciones Unidas— apuesta no solo al empoderamiento femenino, sino al uso de vehículos ecológicos.

Las conductoras de esos 23 equipos son mujeres, cuyos servicios de ruta fija ayudarán a aliviar la trasportación en una zona sin conexiones de ómnibus regulares en la capital.

Como Idania, la jovial conductora que se mueve por las carreteras cubanas, ellas se sobreponen en cada viaje a los estigmas y, con el dominio del volante, echan por tierra los estereotipos sobre la capacidad femenina para conducir.

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